Amor, besos y feromonas.

Un poco de ciencia y bastante poesía



La idea germinal de esta entrada surgió al leer el libro de Eduardo Punset, “El viaje al amor”. Me gusta conocer las opiniones científicas sobre sentimientos y emociones humanas, y si dichas opiniones son masculinas, más. De este hombre en particular me interesan tanto que he seguido su programa de Televisión Española, Redes, durante mucho tiempo, a pesar de las horas intempestivas en que se emitía en algunas épocas.En un hilo argumental que teje parte con investigación, parte con historias reales, el autor le sigue el rastro a los comportamientos biológicos desde las primeras células eucariotas que habitaron el mundo, buscando explicar científicamente la razón del amor.

“…El amor tiene por cimientos la fusión, desde tiempos ancestrales, entre organismos acosados por las necesidades cotidianas, como la respiración o la replicación, empujados por la necesidad de reparar daños irremediables en sus tejidos y sumidos en una búsqueda frenética de protección y seguridad. [..] Ese instinto de fusión para garantizar la supervivencia no se detiene en los límites del organismo fusionado, sino que irrumpe hacia campos que no son estrictamente necesarios para sobrevivir o garantizar la propia supervivencia. En el impulso de fusión radican también las raíces no sólo del amor, sino del ánimo de dominio sobre el ser querido…”, dice Punset.

Aparentemente, aporta una perspectiva bien diferente de nuestra idea sentimental del amor, la de que estamos biológicamente condicionados para buscar esa fusión.

Investigaciones recientes parecen haber demostrado la existencia del segundo sentido del olfato humano, el encargado de detectar la feromonas. Lo llaman “Nervio O”. Tiene terminaciones en la nariz y comunicación con las “áreas sexuales” del cerebro, al margen del córtex olfativo. Y serían la ruta por la que los humanos procesaríamos las feromonas, sintiéndonos más atraídos hacia posibles parejas con señales químicas diferentes a las nuestras y menos atraídos, en circunstancias normales, hacia aquellos con señales similares. Digo en circunstancias normales porque un cambio temporal en nuestro sistema hormonal, como ocurre durante el embarazo nos predispondría a sentirnos afines a personas con señales similares. Y cuanto más similares sean estas señales químicas entre los dos miembros de la pareja, mayor es la posibilidad de encontrar problemas de infertilidad, aborto e infidelidad. Es decir, que estamos biológicamente dotados para procurarnos la mejor fusión posible.

Pero hay más, según un estudio realizado por la Universidad de Albany los besos son más que intercambios románticos. “Cuando dos personas se besan, se está produciendo un complejo intercambio de señales químicas. Ese contacto puede activar mecanismos inconscientes que actúan para evaluar nuestra compatibilidad genética o reproductiva con la persona que estamos besando” dice el psicólogo Gordon Gallup, uno de los dos autores del reciente estudio titulado “La psicobiología del beso romántico”. Lo que explicaría el rechazo repentino que mucha gente experimenta tras el primer beso que descarta al candidato de manera fulminante. Y aunque son decisivos para ambos participantes, hombres y mujeres no lo consideran de la misma forma. Para las mujeres, los besos son más importantes durante todas las fases de la relación porque a través de ellos podríamos tantear el estado de la misma. Para los hombres son principalmente preámbulo de un contacto sexual y suelen preferir besar con la boca abierta e iniciar el contacto con la lengua. Volvemos a encontrarnos una razón biológica: la presencia de testosterona en la saliva masculina, suministrada durante un tiempo suficientemente largo puede afectar nuestra libido.

¿Saber que estás “condicionada al amor” cambia en algo la experiencia?

Siempre digo que la realidad depende de los ojos del que mira. La teoría evolucionista que rechazan de plano quienes creen en Dios como orígen del mundo, para mí no hace más que confirmar que hay una inteligencia implícita, “divina”, que nos empuja a encontrar poesía donde para la ciencia sólo hay moléculas.



© Patricia Sutherland
Escritora de ficción y autora de Bombón, Primer amor y Amigos del alma, las tres novelas que componen la serie romántica Sintonías.
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