Harley R. Reseña # 11. Blog Lectura Adictiva.

by Jera Romance
(España)

Lectura Adictiva

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Creo que me faltan palabras para empezar lo que quiero que sea una crítica perfecta. O, al menos, una crítica que esté a la altura de una novela perfecta.

Ahora bien, ¿a qué llamamos una novela perfecta? ¿Cómo se puede valorar la perfección si no es de forma subjetiva?

Si no eres capaz de explicar cómo, ni por qué, ni consigues encontrar la manera de exponer lo que has sentido con un libro es porque, sin duda, te encuentras ante la obra maestra de la perfección. Así me he sentido y me siento yo, incapaz de describir con palabras las mil sensaciones y los infinitésimos sentimientos que “Harley R” ha despertado muy dentro de mí. Pero tan, tan dentro, que creo que me he dado cuenta de que no tengo fondo.

Así es como he descubierto que cuando una historia te llena de sueños, te pone estrellitas en los ojos, te emociona, te hace derramar lágrimas de tristeza y de alegría, te eriza el vello de los brazos, provoca que se te encojan los dedos de los pies,… y una larga sucesión de sensaciones más… es porque has tropezado con una novela perfecta.

Y esta perfección está compuesta por los tres factores más importantes en el mundo literario: una redacción impecable, una trama que pone a flor de piel los sentimientos y unos personajes reales como la vida misma que adoras con sus defectos y virtudes.


  1. La redacción es, quizá, la parte que se puede valorar de forma más objetiva. No se puede negar que se notan las tablas de la autora, no sólo en su amplitud de vocabulario, también en la forma ordenada y coherente en la que redacta la historia.

    Los acontecimientos cotidianos de la vida están dirigidos sin ser llevados a los extremos. Los sentimientos se despiertan despacio y veraces, lejos de las prisas a las que nos están acostumbrando en las temáticas que se publican ahora. La confianza personal, la madurez, la lucha interna, las relaciones familiares,… aquello que forma parte de nuestra vida, de lo que no somos plenamente conscientes en cada momento, se hacen patentes y nos muestra el verdadero valor que le tenemos que dar cada día.

    Pero lo que más fascinante me ha parecido, ante lo que siento la necesidad de quitarme el sombrero, es la manera tan magistral en la que ha sabido plasmar la evolución de unos personajes que son tan humanos como cualquiera de los que circulamos por la calle un día normal y corriente.
  2. Y esto me da pie a enfocarme en la trama y en los personajes, dos aspectos que, por mucho que me gustaría desgranar de forma independiente, van de la mano.


Quizá debería empezar por los personajes: Evel y Abby. O mejor dicho, Abby y Evel. Porque no puedo empezar a describir a Evel sin presentar primero a Abby.

Abby es el claro ejemplo de lo que os comentaba en el punto anterior. La evolución en persona. Y aquí me vuelvo a quitar el sombrero. Si la novela es extensa es, precisamente, porque se trabaja de pleno la evolución personal de una joven que tropieza con la vida y debe aprender a madurar y a aceptar que las cosas suceden por algo.

Abby ha estado enamorada toda la vida de Dakota, su vecino. Y su mundo se sale de su eje en el momento en el que descubre que el motero de pelo largo está enamorado de su hermana Tess. Y no sólo eso, también que su familia minimiza sus sentimientos achacándolo a un capricho infantil y tonto. Cuando estás enamorada, y no recibes comprensión, la soledad que te embarga hace que te comportes de una forma impropia en ti; y esto es lo que le pasa a Abby. Desorientada porque los sentimientos con los que ha vivido toda su vida se desmoronan, perdida porque no termina de encontrar su camino, y cansada por una sucesión de acontecimientos asolan su vida, provocan que conozcamos en “Princesa” a una chica infantil, algo caprichosa, inconformista e inmadura que esconde su dolor tras un muro de absentismo e inseguridad y que tendrá que encontrar su destino en “Harley R”.

Doblemente herida y traicionada, nos va a dar una gran lección en cada una de las páginas que vayamos pasando. Una lección de madurez, fortaleza, empuje, dulzura, lucha. Una lección de vida, claro ejemplo de que todo túnel oscuro tiene su resquicio de luz al final. Sin duda, la terminas queriendo, respetando y admirando a partes iguales.

Algo que no sería posible sin Evel, el mejor amigo de su vecino. Un hombre que, con su dulzura y sutil insistencia, le enseña a Abby un tipo de amor muy distinto al que ha conocido hasta ahora… más real, más significativo, más para toda la vida, de ese que llega y se queda porque te hace inmensamente feliz.

Y aquí es donde empiezo a suspirar, babear, a sonreír como una idiota mientras me pregunto cómo es posible, CÓMO, que Patricia Sutherland haya creado un personaje que no es personaje. Me explico. ¿Cuántas veces nos hemos “enamorado” de un protagonista en concreto? ¿Cuántas veces hemos dicho: “yo quiero uno así”? Y ¿cuántas veces lo hemos hecho sabiendo que, por mucho que quieres uno, no existe ni va a ser posible que exista porque leemos es ficción?

¿Y si yo os digo que “Harley R” es una historia inventada pero no idealizada? Es decir, evidentemente, Evel es ficción. Pero, por una vez, me he encontrado con un hombre REAL. Vale, la historia es ficticia y el hombre real… ¿cómo se come eso? Pues sencillamente sabiendo que existen hombres como él. No está idealizado, ni es un super mega hombre que se lleva de calle a todas (aunque a mí me ha tenido y me sigue teniendo loquita).

Evel es un hombre normal que tiene un agudizado sentido de la humanidad que provoca que caigas con todo el equipo. Introvertido, prudente, romántico, generoso, leal, maduro, ESPECIAL. Me he encontrado, de sopetón, con el hombre con el que me gustaría compartir mi vida. Digamos que si me cruzo algún día con un hombre así, sé con certeza que me voy a enamorar de él, porque no tienen parangón. Es ÚNICO.

Perfecto sin ser perfecto. Cala hasta la esquina más escondida de tu corazón.

Paciente y prudente, evidentemente temeroso de sufrir, es el primer implicado en la evolución de Abby. Sutilmente entra en su vida y le da una vuelta completa encaminándola en la dirección correcta.

Una historia de amor sin prisas, que crece con el marcaje de los segundos del reloj. El sentimiento se va gestando firme como la piel juvenil, inexorable como las montañas, tranquilo como el sonido de la naturaleza, dulce como el chocolate derretido.

Por su intensidad…

Por la emoción que ha despertado en mí…

Por las carcajadas que me ha provocado…

Por el limbo mágico en el que aún me mantiene (cuatro días después de haberme lamentado por pasar la última página)…

Por la sensación de ansia y desesperación, bañado de temor, con el que he acabado el libro… sabiendo que debe llegar a su fin, que necesitas acabar, pero que inconscientemente quieres aplazar para que te dure toda la vida, porque sabes que no podrás volver a sentir lo que estás sintiendo en ese momento…

Por la mezcla de temor, culpabilidad, miedo, rechazo, felicidad, orgullo, cariño, amor, libertad, empatía, desengaño,… que he ido sintiendo y aprendiendo a identificar…


Por todo lo que he mencionado y por todo lo que he querido mencionar pero no consigo plasmarlo en palabras, le doy un Sobresaliente de esos de dos dígitos. Un 10 que, a pesar de todo, sé que se queda corto.


Zuriñe

Lectura Adictiva
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