El boletín de novedades de Jera Romance.
Año 4 - Nº 19 - Septiembre 2010


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In Contemplation of Nature and as Lovers of Wisdom


"Bueno, vale... Soy menor que tú, ¿y qué? Detrás de esa armadura de hielo en la que te escondes, hay pasión, y resulta que yo soy el único tío del mundo capaz de hacerla arder a destajo".

Dakota a Tess.
Princesa

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En este número...


  1. Lo que le conté a Jera Romance sobre Princesa.
  2. El ambiente se caldea.
  3. Novela romántica Princesa, extracto 3.



Lo que le conté a JR sobre Princesa.

Creí que con la excusa de estar de vacaciones, esta vez me libraría de la ronda de preguntas, pero no ha sido así, y cuando les solté la indirecta, ellas se limitaron a responderme "ah, pero a nosotras ya se nos han acabado", y dispararon a discreción :)

A continuación encontrarás un extracto de la entrevista que mantuve con mis compañeras de Jera Romance a finales de julio, a cuenta de Princesa... y otras cosillas.


Entrevista


JR: Bueno, tras dos años de "ausencia", vuelves a las trincheras. ¿Fue un sabático largo o una inmersión intensiva en otros proyectos personales?

PS: Que recuerde, nunca me he tomado un "sabático" de escritura. No creo que pudiera, la verdad. Ha sido una inmersión intensiva total. Dos años muy interesantes y muy fructíferos durante los cuales he viajado, he participado en un taller literario, he escrito dos novelas largas -una de ellas en un subgénero totalmente nuevo para mí-, otras dos más breves aparte de Princesa, y he firmado un acuerdo de representación con una agencia literaria. ¡No me puedo quejar! Pero, con una mano en el corazón, os echaba muchísimo de menos... ¡Y vengo con las pilas cargaditas, así que espero que hayais descansado bien en las vacaciones!

JR: ¿Alguna vez se descansa suficiente en ellas? Si tú lo consigues, pásanos la fórmula... Respecto al tema que nos ocupa -tu nueva novela-, y antes que nada, acláranos una duda que nos carcome ¿Princesa, vendrá sola... o acompañada?

PS: Jajaja... Por lo que veo, alguien entre bambalinas se ha ido de la lengua... A ver... En un principio, Princesa surgió como un proyecto en solitario, pero esta primavera algunos de los personajes secundarios empezaron a reclamar que contara sus historias. Cada vez que en el pasado me ha ocurrido algo así, no pararon de dar la lata hasta que se salieron con la suya, así que... estoy en ello. Ahora sólo puedo deciros que habrá más novelas, no sé exactamente cuántas ni tampoco si será una serie propiamente dicha, o si se tratará de títulos "conectados", ¿vale? Siguiente pregunta (risas).

JR: Y por un casual, una de esas "conectadas" ¿será un romance interracial?

PS: Jajaja... Pasapalabra.

JR: Venga... ¿No vas a decirnos nada? ¿De verdad? ¿Por qué sois tan hérmeticos los escritores?

PS: No es hermetismo sino más bien coherencia. Princesa tiene muchos personajes, pero el hecho de que se manifiesten ante mí con pancartas exigiéndome su propia novela no implica que todos cualifiquen para merecerla. Y aún no he decidido quién cualifica y quién no. Pero os aseguro que tan pronto lo decida, tendréis la exclusiva. (Risas)

JR: De acuerdo... Hablemos de Princesa. ¿Qué encontraremos en esta nueva novela?

PS: Un historia de amor, que nadie aprueba, entre una treintañera bastante seria y muy culta y un motero que es diez años menor -para ella, casi un niño-, que se desarrolla a pesar de la distancia -viven en continentes diferentes- y los obstáculos como la diferencia social evidente entre ambos, o el conflicto que supone que dos hermanas se enamoren del mismo hombre... Una mezcla interesante con un toque de cayena -bueno, quizás más de uno- gracias al protagonista, que es un tipo muy físico, muy sexual.

JR: Bueno, bueno, bueno... ¿Vamos a tener que abrir la calificación "erótica" en nuestro rating sensual? (Risas)

PS: No, no os preocupéis. Princesa es una novela romántica contemporánea. Sensual, muy sensual diría, pero no erótica por definición.

JR: Para que las lectoras se hagan una idea de cómo son los protagonistas ¿cómo los definirías, en pocas palabras?

PS: Dakota es un antihéroe. Es el típico chico del que tu madre intentaría a toda costa que te olvidaras... No es lo que se dice un "mal tipo", no, pero es un trasto que desquicia a su madre y avergüenza a su padre. Tess, en cambio, es el orgullo de su familia, una mujer que se ha hecho a sí misma, lejos de casa. Quizás, a ojos de los demás, lo que falla un poco en su vida es la faceta sentimental ya que a sus treinta y cinco sigue "soltera y sin compromisos". Pero ella cree que tiene una buena vida, un buen trabajo, buenos amigos... No siente que le falte nada.

JR: Hasta que se va a Inglaterra a pasar un mes con su familia, y vuelve a ver a Dakota, ¿no?

PS: Jajaja... Sí, desde luego... Por un lado, volver a sus raíces, a estar con los suyos, a ser parte de un grupo familiar numeroso y unido supone un cambio drástico a la soledad de su vida en Boston, un lugar que le encanta y en el que vive desde hace quince años, pero que no es su casa. Allí ella es una inmigrante británica... Por otro lado está Dakota. Él ya no es el muchachito desgarbado lleno de acné del que guarda un vago recuerdo. Surge la atracción y viven a ocho mil kilómetros uno del otro, y claro, la cosa empieza a ponerse interesante...

JR: Pero, "atracciones" al margen, por lo que nos cuentas, Dakota y Tess no sólo son diferentes sino opuestos...

PS: Sí, definitivamente. Cuando abrí esa pequeña encuesta para averiguar qué opinaban mis lectoras acerca de si realmente podía salir adelante una relación en la que la mujer es 5 o más años mayor que el hombre y qué hacía falta para conseguirlo, tuve la sensación de que quienes la defendían con mayor entusiasmo eran personas que tenían una relación con alguien afin que simplemente había nacido antes. Pero yo no estaba planteando eso. No pensaba en un hombre que tiene veinte años pero vive, piensa y actúa como uno diez años mayor. O en una mujer de treinta y cinco que en el fondo es una adolescente disfrazada de adulta. Yo me refería a diferencias reales, mentales, emocionales y generacionales. ¿Cómo se plantea la vida hoy en día una treintañera que típicamente tiene su trabajo y vive sola, que se ha hecho plenamente cargo de sí misma? En contraposición ¿cómo es la vida de un chaval de veinticuatro, que sigue en casa de papá y mamá, y alterna contratos basura de seis meses con largos períodos en el paro? La atracción no sabe de certificados de nacimiento, de modo que en un escenario estrictamente sexual -digamos, ocasional- la cosa iría bien. Pero mantener una relación estable con alguien que vive el ochenta por ciento del tiempo en la etapa fiestera, es otra cuestión.
Un conflicto de este tipo es el que quise plantear en Princesa, con el añadido de que el chaval en cuestión no es un desconocido para tu familia, sino el compañero de pupitre de tu hermana pequeña, del que ella, quince años después, sigue perdidamente enamorada. Un señor problema en el que la gente que te quiere, que ve las cosas sin la "bruma" que proporciona el subidón hormonal, se echa las manos a la cabeza, se debate entre intervenir o confiar en que tu gran sentido común -del que has hecho gala toda tu vida y por el que te respetan- hará acto de presencia al fin y las cosas volverán a su cauce... Y al final, el temor a verte sufrir y también los prejuicios ganan la partida, tu familia interviene, toma posiciones... En fin, un auténtico lío... Tess y Dakota son dos temperamentos opuestos. Tienen momentos en los que se ensamblan como una maquinaria bien engrasada, y entonces, tiembla la Tierra... Y hay otros momentos en que la fuerza del choque los arroja a kilómetros uno del otro, y restablecer la comunicación se vuelve difícil...

JR: ¿Y qué hay del romanticismo? Ya sabes que nosotras somos muuuy románticas....

PS: Jajaja... Por supuesto. No podía faltar... En mis historias, especialmente en las que escribo para Jera Romance, siempre hay romanticismo. Quiero que mis personajes experimenten ese "plus" que nace de la intención, del deseo profundo y sincero, de hacer que la persona que aman se sienta especial ¡y de conseguirlo! Y para eso la pasión es necesaria, pero el romanticismo es imprescindible. No es tan "flagrante" como ocurría con los hombres de la serie Sintonías porque Dakota es un antihéroe, así que su forma de expresar -románticamente- lo que siente, también es diferente. Distinta, sí pero igualmente contundente.

JR: Esta vez, entonces, no nos planteas una pareja afin como las que presentaste a través de tu serie Sintonías.

PS: No. Esta vez he querido adentrarme en terreno resbaladizo.

JR: Y hacerlo del brazo de un antihéroe... ¡Toda una aventura! (Risas)

PS: Ya lo creo... Fue un proceso curioso ¿sabéis? Ponerme en la piel de Tess y mirar a Dakota a través de sus ojos y escribir la historia, y luego leerla con los ojos de Patricia y pensar "pero si yo con este tipo no iría ni hasta la esquina"... Jajajaja Con esos pelos que lleva por la mitad de la espalda, y esas manos con restos de grasa, más apropiadas para toquetear motores que para acariciar a una mujer... Fue raro, pero súper divertido.

JR: Aunque nos han cotilleado que a Tess, secretamente, acaban encantándole "esos pelos"...

PS: "Esos pelos" y casi todo lo demás, sí. En el fondo, le resulta asombroso el desparpajo de Dakota, su forma de vestir, su actitud insolente, incluso su avidez... De primeras, lo encuentra asombroso; con el paso del tiempo, además, muy, muy sexy.

JR: ¡Wow! (Risas)

PS: Ya lo creo.

JR: ¿Y él? ¿Cómo es Tess para él, cómo la ve?

PS: Creo que la palabra que mejor lo define es "excitante". En la vida de Dakota sólo hay una cosa que rompe la monotonía de pasotismo y fiesta que caracteriza sus días, y es Princesa, su moto. Todo lo demás le trae al pairo hasta que Tess aparece en escena. La atracción sexual es inmediata y con ella viene la observación y el descubrimiento de aspectos de la personalidad de Tess que lo atraen tanto como su físico y completan el círculo. La ve excitante y súper deseable y se lo demuestra sin cortapisas. Se la come con los ojos... Le da igual dónde estén o quién esté delante... Y eso la confunde, porque Tess no sólo no se considera una mujer guapa, tampoco lo es. Su hermana Abby sí, pero no Tess. Lo que destaca en ella es su lenguaje refinado, su capacidad de escucha, su educación... pero no su belleza. No está acostumbrada a provocar ese tipo de reacciones en el otro sexo... Así que eso la confunde, muchas veces incluso la incomoda, pero también la halaga... mucho más de lo que la confunde... (Risas)

JR: Especialmente, teniendo en cuenta que hace tiempo que ha doblado la curva de los treinta...

PS: Exacto. Él consigue "desempolvar" el lado más femenino de Tess, que vuelva a ser consciente de que además de un cerebro -que ella valora tanto porque sin duda es un cerebro muy valioso- también tiene un cuerpo que despierta el deseo de un hombre, y necesidades emocionales que requieren atención.

JR: Necesidades que nuestro protagonista está más que dispuesto a satisfacer... (Risas)

PS: Por supuesto.

JR: Pero conociéndote, Dakota tendrá que ir mucho más allá... (Risas)

PS: Así es. Ambos deberán hacerlo, porque los obstáculos son grandes y mucho lo que hay en juego, pero a "Melenitas de oro", como es habitual en mis chicos de ficción, le tocará echar el resto.



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Este Otoño...

Teresa Tess Gibb es una inglesa culta e independiente que vive en Estados Unidos desde hace quince años. La editorial para la que trabaja en Boston, acaba de nombrarla editora jefe de una nueva colección de la que se hará cargo tan pronto regrese de Londres, de visitar a los suyos.

Pero lo que prometía ser poco más que unas cortas vacaciones en familia, se convierte en un viaje que transformará completamente su vida cuando recuerdos del pasado se entremezclan con la familiaridad del entorno, y Tess se da cuenta de que lleva años echándolo en falta.

Todo continúa igual que en sus recuerdos, entrañable y a la vez, irremediablemente pasado: su familia, su casa, su barrio, su hermana -eternamente enamorada del vecino de al lado...

Todo excepto él, Dakota, el vecino de al lado, un anti-héroe por el que Tess se siente inexplicablemente atraída a pesar de ser el amor platónico de su hermana...

Y de ser diez años mayor que él.




El ambiente se caldea...


¿Quieres ver lo bien que se las arregla Dakota para hacer que el mercurio suba?

Con él, una conmocionada Tess y un ambiente que se caldea a pesar de que fuera hay veinte centímetros de nieve, te dejo hasta la próxima.

Espero que te guste. Un abrazo grandote,
Patricia

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Princesa

© Patricia Sutherland

Extracto 3


     Tess echó un vistazo a su alrededor. Una de las tres chicas que ocupaban la mesa próxima, dejó de hablar al ver que ella las miraba, y entre risas y cuchicheos siguieron a lo que estaban tan pronto Tess apartó la vista. Se preguntarían qué hacía un “chico como él” con una “anciana como ella”, era evidente. Lo cual no hizo más que confirmarle sus propios pensamientos: no debía permanecer allí por más tiempo.
     -Escucha… -dijo, y Dakota alzó los ojos por encima de su vaso de café y la miró, haciendo que ella deseara que la tragara la tierra. ¿Qué estaba haciendo allí con aquel niño guapo que apenas acababa de cumplir los veinticuatro? ¿Acaso había perdido el juicio?-. Creo que esto no es una buena idea.
     Y no terminó de decirlo, que ya estaba manoteando sus cosas y poniéndose el abrigo para irse. Se habían encontrado por casualidad, era cierto, pero ella sabía perfectamente cuáles eran sus pretensiones, ya que él, en ningún momento, se había molestado en ocultarlas.
     -Lo mejor es que me vaya -añadió con decisión.
     -¿Qué no es una buena idea? -apuntó él, risueño, al tiempo que tiraba suavemente de su manga, instándola a que volviera a sentarse- ¿Esperar a que deje de diluviar mientras tomas café en un Starbucks?
     Tess suspiró. Se sentó a regañadientes, pero no se quitó el abrigo porque no pensaba quedarse. No debía quedarse. Diría lo que tenía que decir, y luego se marcharía. Diluviara, o no.
     -Vivo en Boston, soy mucho mayor que tú, y mi hermana que vive aquí y es de tu misma edad, está enamorada de ti.
     -¿Y…? -replicó él, de lo más fresco.
     -No seas cruel… -lo reprendió, como si se tratara de su hijo adolescente-. Y no te atrevas a tomar sus sentimientos a la ligera.
     Él, sin embargo, “lo tomó” como acostumbraba a hacer con todas las cosas; a broma.
     -¿Cruel? -dijo Dakota, aguantando la risa- Joder, deberían multarte por hablar así…
     Tess se limitó a bajar la vista mientras esperaba que las carcajadas cesaran, cosa que no tardó en suceder.
     -A ver, ricura… -empezó a decir él con un tono no exento de cierta ternura-. Primero, paso de tu hermana, y segundo, estoy aquí contigo porque quiero…
     Al ver que ella seguía con la vista baja, Dakota dejó la frase a medias. Extendió una mano y atrajo su barbilla, obligándola a mirarlo.
     Ambos se estremecieron.
     Y ambos intentaron ocultarlo a su manera: ella apartó la cara, evitando el contacto; él continuó hablando con su inseparable sonrisa burlona.
     -Que yo sepa, no te he pedido nada. Solamente te he invitado a un café… Así que, no le busques la quinta pata al gato ¿vale?
     -No lo has hecho, pero lo harás -sentenció Tess, y lo miró directamente a los ojos, ignorando el calor que le arrebolaba las mejillas.
     Vaya, eso era poner la directa, pensó Dakota al tiempo que se recostaba contra el respaldo, alucinado, y hasta cierto punto, descolocado.
     La estudió un buen rato, en silencio, sin salir de su asombro. Desde la última vez que se habían visto, cuatro meses atrás, algo había cambiado en la forma en que se relacionaban. Esta conversación no tenía nada que ver con la inofensiva “batalla dialéctica” que habían compartido en el verano a través de la valla que separaba los patios traseros de sus respectivas casas. Entonces, al recordarlo, él cayó en la cuenta de otro detalle. Tess le había asegurado que no volvería a Londres por Navidad, que no planeaba “disfrutar de otro jet lag” en mucho tiempo.
     Pero era Navidad, y ella estaba en Londres. Tomándose un café con él, aunque dijera que era una mala idea.
     El corazón de Dakota lo festejó con un redoble antes siquiera de que la pregunta acabara de tomar forma en su mente…
     ¿Había vuelto por él, para verlo?
     Al primer redoble siguió otro, y otro más…
     Y luego, una sucesión de estremecimientos, anunciándole que el número de revoluciones se acercaba peligrosamente al límite…
     Y finalmente, una sonrisa incrédula… Cuando él se descubrió agradeciendo que aquel bendito lugar estuviera tan lleno de gente, y que ella, la mujer culpable de ponerlo como una moto, fuera alguien tan poco dado a montar numeritos. De otra forma, el espectáculo estaría servido.
     Cuando instantes después, Dakota volvió su vista hacia ella, él ya no sonreía. Lo vio incorporarse en la silla e inclinarse hacia adelante sobre la mesa, hasta que ambos estuvieron muy cerca. Tess arqueó las cejas en un gesto característico que solía poner cuando aquel angel del infierno decía algún sinsentido, o ella intuía que estaba a punto de hacerlo.
     Pero mientras él permaneció en silencio, sus ojos se ocuparon de desnudarla, y ahora, le devoraban los labios…
     Dejando a Tess, literalmente, sin aire.
     -Dime una cosa, nena… -murmuró Dakota al fin, y su mirada ardiente se desplazó de la boca femenina, a sus ojos- ¿tengo pinta de ser de los que lo piden?
     Ella tardó en sobreponerse al devastador efecto de aquel avance descarado.
     Tardó en conseguir que su respiración volviera a ser normal, y también en lograr que el cerebro fuera capaz de centrarse nuevamente.
     Con la vista fija en la cucharilla con la que removía el café, a salvo de la intensidad de aquella mirada que aún la hacía temblar, Tess se tomó su tiempo, sabiendo que recuperaría el control de sus emociones. Así había sido siempre: no había llegado tan lejos en su vida y en su profesión por ser alguien voluble, precisamente.
     Y así continuaría siendo.
     -Lo harás, Scott -respondió cuando estuvo segura de que su voz sonaría firme y serena-. Y yo te diré que no. Porque vivo en Boston, soy mucho mayor que tú, y mi hermana está enamorada de ti… ¿Podrás soportarlo?
     Ella se puso de pie y cogió sus cosas. -No tienes pinta de ser de los que soportan que una mujer le diga que no.
     Tess se alejó sin que Dakota hiciera el menor ademán de detenerla.
     Su mirada, en cambio, dominada por el fuego que aún ardía en su interior, la siguió hasta que ella abandonó el local y se mezcló con la multitud que atestaba la calle.






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Enlace al último número de Románticas:

Románticas, issue # 18.