El boletín de novedades de Jera Romance.
Año 4 - Nº 17 - Julio 2010

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"Todos estamos en el arroyo, pero algunos miramos a las estrellas"

Oscar Wilde

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En este número...


  1. Los orígenes de Princesa: preguntando se llega a Roma...
  2. Artículo: Mujeres que salen con hombres más jóvenes; la diferencia de edad en la realidad y en la ficción.
  3. Te presento a Princesa, mi nueva novela romántica.



Los orígenes de Princesa.

Preguntando se llega a Roma...

Me atraía la idea de escribir una historia romántica en la que el meollo de la cuestión fuera la diferencia de edad entre los protagonistas, concretamente una en la que ella fuera mayor que él. La verdad, es que me tentaba muchísimo... Pero cuando empezaba a barajar líneas argumentales me surgían dudas acerca de qué posibilidades tenía, en realidad, que una gran atracción entre mis protagonistas se convirtiera en una relación sólida cuando existe entre ellos una diferencia de edad importante. Hablo de diez años o más. No lo veía nada claro. Entonces, un artículo sobre el tema que encontré en internet vino a complicarme las cosas aún más, así que decidí plantear la cuestión de manera directa, pidiendo opinión a mis lectoras.

Bueno, la reacción fue increíble... Empezaron a "llover" comentarios. Al tiempo añadí un formulario de encuesta que mantuve durante varios meses, recogiendo datos con una única pregunta: "Él es diez años menor que tú. ¿Importa la edad a la hora de plantearte una relación seria con él?".

Para mi sorpresa, el "no" arrasó, y esa es la razón de que Tess, la heroína de Princesa, le lleve una década a su joven enamorado :-)

El artículo fuente -el que encontré en internet- ofrece algunos datos curiosos sobre el tema, así que aquí te dejo mi entrada original en el blog, a ver qué opinas.




Mujeres que salen con hombres más jovenes.

La diferencia de edad en la vida real y en la ficción.


Dando vueltas por internet di con un artículo de Yahoo Personals titulado “¿Qué hay detrás de la tendencia de que las mujeres salgan con hombres más jóvenes?”. Siempre digo que cuando estoy en fase creativa, sigo mis pálpitos y teniendo en perspectiva una novela romántica en la que el héroe podría ser diez años menor, hice clic. Y digo podría, porque la verdad, aún no lo he decidido. Pero volveré sobre esto más adelante.

No conseguí dar con la versión española, así que resumo a grandes rasgos lo que plantea. Además de los casos de mujeres famosas (Demi Moore, Halle Berry, etc) y personajes femeninos de series famosas (Sexo en Nueva York, Mujeres desesperadas) que mantienen una relación con hombres mucho más jóvenes que ellas, el artículo se refiere a un estudio realizado en 2007 por un portal online de citas en el que partiparon 50.000 mujeres solteras (o disponibles) mayores de 30 años. Pues bien, más de una tercera parte de ellas mostraron interés por hombres como mínimo 5 años más jóvenes. Lo que unido al 34% de mujeres de las 3.500 que tomaron parte en un estudio realizado por la AARP (1) en 2003, que dijeron relacionarse con hombres que son diez años (o más) menores que ellas, perfilaría una tendencia que va más allá de un puñado de casos famosos.

El artículo, escrito por Tina B. Tessina, una conocida psicoterapeuta y autora de varios libros sobre pareja y relaciones, se refiere a una reversión de roles a todos los niveles debido a que las mujeres “somos más poderosas ahora que nunca antes y podríamos necesitar relacionarnos con hombres más jóvenes” y por lo tanto más capaces de adecuarse a los cambios que impone a la relación, que nuestras carreras o profesiones ocupen un lugar (prioritario, en algunos casos) en nuestras vidas. En su opinión, basada en la experiencia en consulta, la diferencia de edad es una preocupación de adolescentes que no se sostiene en la vida adulta porque lo que verdaderamente cuenta es la capacidad de las partes de formar una “sociedad” que funcione. “Una diferencia de 10 o más años tiene poco que ver con lo bien que manejes la relación”, dice Tessina.

¿Es así, realmente? Mmm, tengo mis dudas. Para empezar creo que lo que ha cambiado -más que lo prioritario o no de nuestras carreras- es la forma en que las mujeres miramos nuestra sexualidad: antes llegábamos al sexo por amor, principalmente; ahora también porque simplemente nos apetece. Digamos que hemos conseguido separar el “corazón” del resto de nuestra fisiología. Pero lo que no cuenta si sólo te planteas sexo esporádico con un hombre más jóven que tú, ¿sigue sin contar ante la posibilidad de tener algo estable con él?

Salvando honrosas excepciones pienso que no. Y no me refiero a las diferencias “generacionales” a saltar a que alude el artículo. Es una cuestión de madurez emocional y mental. Ni hombres ni mujeres nacemos con ellas, pero posiblemente por cuestiones biológicas, las mujeres las alcanzamos antes, y aunque la edad cronólogica no determina la edad mental, sin duda, la influye.

Así que volviendo a la ficción, tengo a mi protagonista femenina, una mujer de treinta y cinco, con una profesión que la apasiona pero consume la mayor parte de su tiempo. Desde que se independizó de sus padres apenas cumplida la mayoría de edad, siempre ha vivido sola y nunca se le ha pasado por la cabeza formar una familia. Ni siquiera es consciente de su “reloj biológico” hasta que por eso de que los polos opuestos se atraen, el que ejerce tal magnetismo sobre ella es uno, entre otras cosas, bastante más jóven. ¿Cuánto más? Habrá que verlo.

Según Tessina bien podría adjudicarle un hombre de 25. Estaría dentro de esa tercera parte del estudio de 2007 y a tono con lo que se lleva en Hollywood. Pero a menos que convierta a mi Aston Kutcher en una honrosa excepción de la media masculina, ¿funcionaría como relación a largo plazo?

Me temo que lo que promete dinamita en la alcoba, en lo cotidiano sería poco más que una laboriosa relación del tipo “madre con hijo adolescente”.

¿Qué haría falta, además de amor, para sacar adelante una relación entre un hombre de 25 y una mujer diez años mayor? ¿Crees que esos diez años de diferencia tendrían el mismo impacto en la relación si el hombre tuviera 40 años?

(1)AARP: Asociación Americana de Jubilados, oganización sin ánimo de lucro fundada en 1958 dedicada a ofrecer alternativas que mejoren la calidad de vida de sus miembros, que rondarían los 38 millones, lo que la convierte en una de las asociaciones de personas a partir de 50 años más grande de los Estados Unidos.





Te presento a Princesa, mi nueva novela romántica


Teresa Tess Gibb es una inglesa culta e independiente que vive en Estados Unidos desde hace quince años. La editorial para la que trabaja en Boston, acaba de nombrarla editora jefe de una nueva colección de la que se hará cargo tan pronto regrese de Londres, de visitar a los suyos.

Pero lo que prometía ser poco más que unas cortas vacaciones en familia, se convierte en un viaje que transformará completamente su vida cuando recuerdos del pasado se entremezclan con la familiaridad del entorno, y Tess se da cuenta que lleva años echándolo en falta.

Todo continúa igual que en sus recuerdos, entrañable y a la vez, irremediablemente pasado: su familia, su casa, su barrio, su hermana -eternamente enamorada del vecino de al lado...

Todo excepto él, Dakota, el vecino de al lado, un anti-héroe por el que Tess se siente inexplicablemente atraída a pesar de ser el amor platónico de su hermana...

Y de ser diez años mayor que él.



¿Quieres ver a Tess y a Dakota en acción?

¿Sí? Me lo imaginaba :-)

Con ellos te dejo, entonces. Que lo disfrutes, y hasta el mes que viene...

Un abrazo grandote,
Patricia

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Princesa

© Patricia Sutherland

Extracto


Tess pasó la hoja y espió por el rabillo del ojo los movimientos en la parcela contigua.

Confirmado, Melenita de oro acababa de repantigarse en un sillón, bote de Coca Cola en mano. Adiós tranquilidad.

-Vaya plan más guay ¿vas a pasarte las vacaciones leyendo en el jardín de la casa de tus viejos? -escuchó que él le preguntaba.

Él, según decían, era Scott -al que, inexplicablemente, todos llamaban Dakota-, pero ella seguía albergando serias dudas al respecto. Le resultaba imposible encontrar algún punto en común entre el púber desgarbado y con la cara cubierta de granos por el que su hermana bebía los vientos desde el parvulario, y el impertinente ángel del infierno que ahora aceleraba la moto ex profeso cuando pasaba junto a Tess, en un alarde de desafío exhibicionista con el que además, cuando llovía, conseguía ponerla perdida.

Pero allí estaba, fuera quien fuera. Otra vez.

Tess volvió la cara hacia la alambrada desnuda, en otros tiempos cubierta por un tupido seto que una infestación por fitóftora había hecho necesario arrancar el último otoño. Él sonrió, burlón, pero su mirada, que ella estaba completamente segura de que sería del mismo tenor que la sonrisa, permaneció oculta detrás de unas gafas de sol negras, como el resto de su indumentaria. Notó que, a ratos, daba sorbos a su bebida.

Desde luego, a ella nada le gustaría más que poder leer tranquila, pero hoy no tendría esa suerte. No sabía si él salía al jardín posterior de su casa porque le gustaba disfrutar del esquivo sol londinense, o si lo hacía solamente porque sabía que a Tess le gustaba, y quería estropearle el momento.

-Y tu plan ¿cuál es? -replicó ella- ¿Invocar a las tinieblas vestido de gótico a las doce del mediodía? Conseguirás que se ponga a llover.

La primera reacción de Dakota fue sorprenderse. Por una vez, la mayor de las hermanas Gibb se dignaba a respoder. Desde que había llegado de Boston, hacía un par de semanas, se había limitado a echarle miradas con mensaje y volver a su lectura.

-Joder, si hablas y todo… -dijo, divertido, mientras empujaba las gafas hacia atrás hasta ponérselas de diadema.

Por lo visto, estaban a punto de mantener una conversación como las personas normales, y si era así, él no quería perderse ni un solo detalle. Pero entonces, cayó en la cuenta de lo que acababa de oír, las palabras de Tess volvieron a resonar en su cerebro, y su segunda reacción fue urticante:

Aunque a la reina de las pijas se lo pareciera, él no era un jodido gótico.

Ella, en cambio, era justamente lo que parecía, y, al menos a Dakota, siempre le había parecido lo mismo; una repipi que hablaba raro, y miraba a todo el mundo con aires de superioridad.

Tess, en apariencia, tan ajena como indiferente a los pensamientos de su vecino pelilargo, había vuelto a concentrarse en el libro, y él, simplemente, no pudo resistir la tentación.

Dakota bebió un buen trago del bote, disfrutando anticipadamente de lo que vendría a continuación.

Entonces, un sonido grave, inconfundible, salió de su boca… De tal mal gusto, que hizo que Tess cerrara el libro de un golpe seco y se pusiera de pie, a un tris de decirle con todas las letras lo que pensaba de él.

En el último segundo, sin embargo, decidió que decir “eres un grosero” sólo causaría gracia a alguien evidentemente acostumbrado al descaro y a la vulgaridad. De modo que, manteniendo la boca bien cerrada, le dio la espalda, y se puso a recoger sus cosas de la mesilla.

Él sonrió satisfecho. Volvió a colocarse las gafas y recostó la cabeza contra el respaldo, dejando que el sol le entibiara la piel.

-Por eso no me gustan las latas -comentó, malicioso-. Cada vez traen más gas.

Lo siguiente que oyó fueron los pasos de Tess, alejándose, y luego, un sonoro portazo.

-Qué genio… -añadió él, y suspiró. Lo malo era que le gustaban las maduritas ariscas. Cuanto más ariscas, mejor-. Mmm… Ganas me dan de…

Dakota meneó la cabeza y cambió el rumbo de sus pensamientos.

-Déjate de tonterías, chaval.

No se le había perdido nada en aquella historia. En lo que a él concernía, la hermana menor era un pelmazo y la otra, una pija insufrible.

Y lo mejor que podía hacer era tenerlo bien presente. Que no se le ocurriera olvidarlo.

Ni por una centésima de segundo.





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