Bombón
2
Eran las diez en punto de la mañana cuando John Brady entró en el Beer & Wine, en pleno centro de Camden. Después de detenerse unos breves instantes a saludar a unos conocidos, y algunos más con el barman, siguió camino hacia una mesa del fondo donde le esperaba el hombre rubio vestido de negro que acababa de hacerle un rápido gesto para que John lo viera.
Jordan se dio cuenta de que tenía las manos sudadas y se apuró a secarlas disimuladamente con la servilleta que tenía a su lado.
—Me alegro de verte —John estrechó la mano de Jordan y la retuvo entre las suyas como hacía siempre.
—¿Le apetece un café?
—Gracias, ya se lo pedí a mi buen amigo Peter... —dijo el padre de Mandy, mirando hacia la barra—. ¿Sabías que fuimos juntos al colegio?
Jordan negó con la cabeza y procuró concentrarse en la conversación. Pero su mente no dejaba de buscar formas de decir lo que tenía que decir, formas suaves, pero sinceras. Por más que desde el día anterior le daba vueltas al tema, no las encontraba.
—Pues, fuimos al colegio juntos... Hace siglos de esto, claro... —John sonrió—. Pero sí... Eso es lo bueno de esta ciudad, dondequiera que vayas encuentras caras que han estado en tu vida siempre... Es agradable, como sentirte un poco en casa... ¿Y tú? ¿Cómo está tu familia? Hace bastante que no los veo.
Seguro que él hacía más, pensó Jordan. Desde que trabajaba con Mandy, casi no paraba en Camden y los últimos dos años... Su familia nunca había visto con buenos ojos ni a Mandy ni su forma de vida ni que él trabajara con ella; ahora que ella llevaba dos años cuesta abajo y aparecía cada semana en la prensa, era mucho peor. No dejaban de repetirle que lo que debía hacer era alejarse de ella y buscarse un trabajo como la gente. Así que los veía muy de tanto en tanto. De la última vez hacía nueve meses, en Navidad.
—Bien, como siempre, gracias.
El café de John ya estaba allí. Jordan esperó a que la camarera acabara. En cierto modo agradecía los instantes extra que le daba. Las relaciones públicas se le daban bien, y bajo presión pensaba mejor. La forma de decir lo que tenía que decir seguro que estaba a punto de aparecer en su cerebro como por arte de magia, de un momento a otro.
—Bueno... ¿Qué es eso que querías hablar conmigo? —dijo el padre de Mandy.
John lo miraba con su expresión serena y la forma de decirlo seguía ausente.
Y a Jordan se le había acabado el tiempo.
—Ya no represento a Mandy.
Fue una frase envuelta en una exhalación larga. Por lo menos, había sido sincero. Mantuvo la mirada. John también.
—¿Trabajas para otra persona? —Jordan negó con la cabeza—. ¿Qué ha sucedido?
John estaba al tanto de las cosas de sus hijos, igual que cuando eran pequeños. Ahora lo hacía con más discreción, con infinito tacto. E igual constancia. Sabía de la vida de Mandy porque hablaba con Jordan cada semana. Sabía bastante, pero no todo. Jordan había obviado muchos detalles. Ahora, lamentaba haber obviado tanto. No sabía por dónde empezar.
—Ya no puedo seguir con esto, John. Se ha convertido en alguien... No escucha razones. No controla su vida —Jordan apartó la mirada y meneó la cabeza—. Bueno, yo creo que no la controla, porque dudo mucho que mi... — ya no era su Mandy, ahora menos que nunca— que Mandy quiera, de verdad, la vida que lleva... Pero sea como sea, no me escucha ni siquiera a mí. Así que... ya no estamos juntos.
Era un resumen pésimo. Cuando volvió su vista a John supo que aquel hombre de mirada tierna iba a querer detalles, pero interiormente rogó porque no lo pusiera en semejante situación.
Rogó por un milagro.
John revolvió su café lentamente, luego bebió un sorbo y volvió a dejar la taza sobre el platillo.
—Quiero saber hasta las comas, Jordan. Olvídate de que soy su padre y dime lo que hay.
El milagro no había sucedido. Jordan tragó saliva.
John lo miró con tanta ternura como determinación. Sabía lo que le estaba pidiendo. Reconocía en él al joven que ya con diecisiete años tenía claros sus afectos y daba la cara. Aunque ahora era un hombre atractivo, de aspecto cuidado y elegante, seguía viendo en él al adolescente enamorado de su hija. Y le llegaba al corazón.
Jordan asintió. Respiró hondo y se dispuso a hablar de los dos peores años de su vida.
* * *
Cuando John regresó a casa, su mujer estaba poniendo la mesa.
—Creí que tendría que ir a buscarte —dijo Eileen, y le dio un beso en los labios de camino a la cocina—. Vente conmigo. Tengo algo en el horno...
John la siguió.
—Bueno, cuéntame... ¿Qué quería Jordan?
—Ven, apaga el horno y siéntate. Tenemos que hablar...
Eileen lo miró con expresión preocupada.
—Sentémonos, Eileen —insistió él.
Durante los siguientes minutos, John se dedicó a exponerle los hechos. Igual que Jordan había hecho en su momento, tampoco entró en detalles. Aún así, los ojos claros de su mujer, expresaban a la perfección la preocupación que esa verdad, aunque parcial, le causaba.
—Ve a buscarla, John, tráemela —le pidió, tras tomarle las manos, dejándolo prácticamente con la palabra en la boca.
—Tiene que resolver esto por ella misma, cariño...
A Eileen se le llenaron los ojos de lágrimas.
—No, tráemela. Nos necesita...
John suspiró, pasó un brazo alrededor del hombro de su mujer, y la atrajo hacia él.
—Escucha, amor... Si no es una decisión, es una reacción. Lleva reaccionando como mínimo dos años, y es ella quien tiene la llave que abre la puerta, nadie más.
—¿Y si le sucede algo?
Eileen hablaba con la voz quebrada y John deseaba decir que sí, darle el gusto, que se quedara tranquila. Una parte de él, deseaba intensamente ir donde Mandy estuviera, ayudarle a hacer las maletas y traerla de regreso a casa.
—Es fuerte, Eileen. Solamente... está confusa. Si voy a buscarla, sabrá que lo sabemos ¿te imaginas cómo se sentirá después? Seguro que ver que Jordan ya no está, la hace reflexionar... Tengamos confianza en ella. Démosle unos días.
Eileen se incorporó y lo miró a los ojos.
—¿Estás seguro? —le preguntó, sin ocultar su preocupación—.Ya no es tu niña bonita, John. Ni lleva coletas ni duerme con su osito de peluche. Ahora es una mujer, una muy confundida, que está echando a perder su vida... Así que dime ¿estás seguro de que esperando hacemos lo correcto?
John echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos.
¿Hacía lo correcto? Su cerebro le gritaba que no. Su sentido común le decía que Mandy no estaba a salvo. Jordan ya no estaba allí, cuidando de ella.
¿Hacía lo correcto?
Con los ojos de su mente John recuperó la imagen de su niña bonita. Entonces, una sonrisa se dibujó en su cara. Preciosa por fuera, mucho más hermosa por dentro. Había tanto temple, tanta valentía, tanta determinación en aquella niña, como belleza.
—Sí —respondió al fin con seguridad. Tomó las dos manos de su mujer—. Vamos a darle unos pocos días más. Te prometo que si en una semana no está aquí, me voy a buscarla. ¿De acuerdo, cariño?
Eileen suspiró. No lo veía claro, en absoluto. Estaba asustada. Y aunque no se refiriera a Mandy como “su niña bonita“, para Eileen, ella continuaba siendo su única hija mujer, una que nunca había querido tener tan lejos. Pero confiaba en John, en su poderosa intuición y en la confianza con que encaraba todos los aspectos de su vida.
La mujer finalmente asintió. —Una semana —concedió—. Ni un solo día más.
John la atrajo hacia su cuerpo, y la abrazó fuerte.
—Cuenta con eso, amor.
© 2007 Patricia Sutherland
Bombón,
la más sensual de la Serie Sintonías
Disponible en libro impreso y e-book