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Proyecto CRS-05

H&B (Harley & Brandon)

(Título provisional)


Presentación | Canlentando motores… 

Capítulos: 

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CRS-05 H&B, título provisional


CRS-05. H&B (Harley & Brandon). Portada de proyecto y resumen.


CRS-05 H&B, título provisional

Resumen:


Si hay una situación que nunca imaginé para Harley y Brandon cuando aparecieron en mi mente por primera vez, era un embarazo. Los dos son ultra independientes y tienen un estilo de vida tan poco convencional… 

Convertirse en (fogosos) amantes, sí. Eso estuvo claro desde el principio. Sexualmente hablando son tal para cual. Que su relación se hiciera más estable con el paso del tiempo, bueno… Digamos que también. Lo de casarse ya me pareció un salto olímpico, pero… ¿Harley embarazada? Eso voy a querer verlo ¡y con lujo de detalles! 


- * - * - * - * - *-


Este proyecto se desarrolla alternativamente junto con el Proyecto CRS-04. Una vez no basta (UVNB), que narra la historia de Gayle y Thomas, y con el Proyecto CRS-06. Nuestra gran, gran aventura (NGGA), que te seguirá mostrando a Jana y Declan a través de una colección de «shorties» de sus momentos más importantes.

Los tres proyectos pertenecen al mismo universo y comparten la línea temporal. Entre los tres, podrás seguir la vida de Jana y Declan y de sus amigos, más de cerca. Puedes leer cada proyecto de manera independiente, pero dado que la voz cantante la tiene la secuencia temporal, creo que como más disfrutarás de la lectura, es si sigues el orden de las publicaciones tal como las hago en el club.


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CRS-05. H&B (Harley & Brandon). Calentando motores.


Publicación: Sin fecha prevista (Exclusiva CR Stories)
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[Club Románticas Zona Miembros] BBCox y Harley

Lo primero a aclarar es que para disfrutar a fondo de este proyecto es imprescindible estar al día en la historia de esta pareja. Esto supone, haber leído las novelas de las que son protagonistas, a saber:


Fire & Gasoline (Fuego y gasolina). Serie Moteros 5

Fire & Gasoline - Entre Historias. Serie Moteros 6

Los moteros del MidWay, 6. Una locura maravillosa. Londres.

Los moteros del MidWay, HEA. (Happily Ever After)


De otra forma, los spoilers serán inevitables.


A través de este proyecto, te propongo que exploremos  juntas el tema de la maternidad en Harley: cómo sucede, cómo lo afronta y de qué manera modifica su vida personal y profesional. B.B.Cox tiene todo que ver con el hecho de que alguien tan independiente y autosuficiente como la protagonista de Fuego y Gasolina, decida afrontar el reto de convertirse en madre, así que este viaje que haremos juntas también vamos a poder explorar cómo vive el tatuador la experiencia de ser padre por segunda vez, en esta ocasión, de pleno derecho y presente en la vida del bebé desde el momento de la gestación.

Ya sabes que me gusta tener a la vista las distintas piezas que han conducido a la pareja hasta este momento, seguir el rastro de miguitas…  Y eso es lo que me traigo entre manos en esta entrada.

En el episodio 2 de Los moteros del Midway, HEA, vemos a una Harley que, por primera vez en su vida, es consciente de algo que se llama «reloj biológico»:


«… Como todos los años desde que había vuelto a instalarse en Londres, el plan de aquella tarde era ir al taller a saludarles  a él y a su equipo de mecánicos el año nuevo y pasar un rato juntos. Brandon, Hugo y ella solían despedir el año reuniéndose con su amigo Lau en Ámsterdam. Jana los acompañaba siempre y, a veces, también se apuntaba Declan, pero en cinco años no habían pasado ni una sola Navidad en Londres, de modo que ir al taller de Evel a su regreso se había convertido en una tradición de Año Nuevo.

Harley entró en la confitería. Había varias personas esperando ser atendidas, pero eran cinco las dependientas, por lo que la fila avanzaba con rapidez. El llanto de un bebé atrajo de inmediato su atención. Vio a la madre inclinarse sobre el carrito y comenzar a consolarlo, pero el pequeño insistía, por lo que la mujer lo tomó en brazos y empezó a acunarlo mientras le susurraba palabras cariñosas. Había devoción y pura felicidad en el rostro de la mujer, que calculó no tendría más de veinticinco o veintiséis y se preguntó cómo sería ser madre, qué se sentiría sosteniendo en los brazos a un ser pequeñito, sangre de su sangre. ¿Sentiría esa misma devoción, esa misma felicidad? 

Harley sonreía enternecida ante la imagen de la que no podía despegar los ojos cuando tomó conciencia de lo que estaba haciendo, de las cosas que estaba pensando. Había sido una reacción espontánea que había vuelto a sorprenderla por lo nuevo que resultaba en su vida. Una reacción que, últimamente, sucedía a menudo. No estaba segura de la razón. No había niños en su familia ni en su entorno y ser madre nunca había formado parte de sus planes. Al menos, no de una forma consciente. Había mujeres que, desde muy temprano en sus vidas, tenían claro que deseaban casarse y formar una familia. Pero ese no era su caso. Nunca había sido de las que se detenían a contemplar a un bebé recién nacido, ni de las que le hacían carantoñas a los hijos de otras personas. De hecho, que recordara, ni siquiera reparaba en ellos. Ahora no hacía otra cosa. No tenía nada en contra de la maternidad, le parecía algo natural, parte de la vida. Pero, en su caso, siempre había habido otros planes. Planes que no dejaban espacio para las exigencias de un bebé. Acudir a ferias internacionales, atender su estudio de tatuaje, cumplir con los compromisos con la prensa y, desde hacía dos años, también se había sumado a la lista un concurso de telerrealidad, producido por Brandon y presentado por ella, que estaba batiendo récords de audiencia. No había tiempo real para ocuparse de un hijo. Ni siquiera para pensar en ello. Pero allí estaba, derritiéndose de ternura cada vez que veía un bebé.

Y con aquella sensación extraña que comenzaba en el vientre y enseguida se extendía por todo el pecho, y hacía sonreír a su corazón…

Sin embargo, había algo diferente esta vez: la consciencia de que tenía 37 años y de que había llegado la hora de tomar una decisión al respecto. …».


Esto que, en un principio, parece un tema que se queda entre Harley y ella misma, inesperadamente, trasciende a la otra parte de la pareja. Ya sabemos que Brandon está perdidamente enamorado de Harley y, además, es un tipo muy observador. 


Harley está en el estudio de B.B.Cox. Mientras espera que él acabe su reunión con un periodista, mira el trabajo que la nueva artista de pintura corporal está haciendo sobre la barriga de su cliente embarazada:


«… al llegar a la sala principal de trabajo, los ojos de Harley se quedaron atrapados en el fabuloso paisaje que Norah Phoenix, la nueva artista de pintura corporal del estudio, estaba pintando sobre el vientre de su clienta en avanzado estado de gestación.

—¿Puedo acercarme a ver esa maravilla? —preguntó a la mujer. 

—¡Tú eres Harley R.! —exclamó la treintañera—. ¡Mi madre lleva un tatuaje tuyo!

—¿Ah, sí? ¿Cómo se llama?

—Sarah Conor… Y no tiene nada que ver con la película «Terminator» —aclaró, haciéndola sonreír. 

Harley enseguida recordó quién era.

—Ya me acuerdo… —Era una golondrina, un tatuaje reconstructivo que pretendía ocultar la fea cicatriz de una mastectomía—. Envíale saludos de mi parte.

—¡Dios mío, cuando le diga que he estado contigo, se va a alegrar un montón..! Claro, acércate… ¿Te gusta mi playa de palmeras?

Y tanto que sí. La arena blanca, el cielo despejado y aquel mar de aguas violetas parecían tan reales que daban ganas de zambullirse en ellas. Y además, le traían tantos recuerdos… Recuerdos del paraíso en el que se había casado en secreto con Brandon.

—Muchísimo. Es una maravilla… —concedió haciéndole un guiño a la artista que sonrió complacida.

—Hola, Harley —la saludó Norah—. ¿Qué tal las vacaciones?

Habían estado en casa de Lau, quien al fin les había presentado a su nueva pareja, algo que por sí solo era casi como un anuncio de boda. Los últimos años, el neerlandés había tenido innumerables compañeros de alcoba que apenas habían durado una semana, pero este era el primero que les presentaba a sus amigos después de su ruptura definitiva con Ivo, hacía cinco años ya. Y raro en Lau, esta vez no se trataba de un modelo o de un actor o, peor aún, de otro jovencito en busca de alguien que le proporcionara una vida de lujos y placeres. Esta vez era un empresario como él, apenas diez años más joven. Un tipo realmente interesante. Los paseos turísticos y las salidas nocturnas se habían sucedido sin fin durante las vacaciones. Hasta habían estado esquiando en Saint-Moritz un fin de semana.

—Cortas. Muy cortas —repuso, divertida. Pero enseguida su atención se desvió a la enorme barriga, donde le pareció detectar un fugaz movimiento. Y luego otro. Seguido de otro más. Sonrió al mirar a la madre—. ¿Tu bebé está bailando?

—Yo creo que tiene cosquillas porque se mueve cada vez que Norah hace un trazo largo con el pincel…

Otra vez esa sensación, pensó Harley.

Instintivamente, se llevó la mano a su propio vientre y al darse cuenta, la retiró de inmediato y se la puso en el bolsillo de sus vaqueros. Esperaba que nadie lo hubiera notado, porque lo último que le faltaba era dar pie a esa clase de sospechas. Desde que los empleados del estudio se habían enterado de que Brandon y ella se habían casado, era como algo que siempre estaba en el fondo de sus miradas: un insistente, expectante «¿para cuándo?», que nunca habían puesto en palabras porque se les había exigido discreción y lo cumplían a rajatabla. Hacían bien su papel de no saber lo que se cocía en la vida de su jefe. Especialmente de cara a la prensa, que continuaba ignorando que Harley no era solo la colaboradora estrella del mejor tatuador del mundo, sino también su esposa desde hacía cuatro años.

Sin embargo, alguien lo había notado. 

Alguien que llevaba unos instantes contemplando la escena desde la entrada con sumo interés. …».


Ese «alguien», claro, es Brandon 🩷 En cuanto se quedan a solas, él, ni corto ni perezoso, tira la caña, a ver qué pesca…


«… Harley fue detrás de BB totalmente concentrada en sus vistas de infarto. Sus pantalones negros de cintura alta, embutidos en una botas de montar del mismo color, realzaban un trasero que no necesitaba de ningún artificio para brillar con luz propia y la blusa de seda blanca, con mangas abuchonadas y botones en forma de perla le daba cierto aire aristocrático que lo hacía irresistible. Más irresistible. Lo alcanzó cuando estaba a punto de entrar en su despacho. Él se detuvo, abrió la puerta y galantemente le cedió el paso.

Harley pasó a su lado, intentando no pensar en lo estimulada que se seguía sintiendo por su proximidad. Ni en lo bien que olía siempre. Ni en lo fabuloso que le quedaba su nuevo peinado; ahora, en vez de llevar una coleta, solía sujetarse el pelo en un moño alto, al estilo samurái. Fuera de casa, tenían que guardar las apariencias y, a pesar de que llevaban cinco años entrenándose en el arte de fingir y los dos lo hacían muy bien, a nivel emocional el esfuerzo era cada vez mayor. 

BB hizo exactamente lo mismo por exactamente las mismas razones. Él, más que nadie, estaba interesado en mantener a la prensa y su insidiosa lengua lo más alejada posible de su vida personal y de la de Hugo. Pero al igual que le sucedía a Harley, era plenamente consciente de que cada vez le costaba más mantener las apariencias.

Dejó que Harley pasara en primer lugar, luego entró y cerró la puerta. Se quitó el carmín negro de los labios con un pañuelo de papel que volvió a guardar en el bolsillo…

Y un instante después, la pareja dejó de fingir.

BB la empujó suavemente contra la pared. Ella lo dejó hacer tan deseosa y expectante como él.

—¿Es una idea mía o la vuelta de vacaciones cada vez se nos hace más pesada? —murmuró BB. Hundió la cabeza en el cuello femenino y aspiró como hacía siempre para luego dedicarse a acariciar su piel con la punta de la lengua, provocándole ríos de placer. Llevaba todo el día loco por hacerlo, por tenerla cerca. Por sentirla suya. Sin disimulos. Sin esperas.

Ella exhaló un suspiro. Una mezcla de alivio y gozo. Apoyó la nuca contra la pared. Ladeó ligeramente la cabeza, dándole espacio para disfrutar de su piel a placer.

—No es una idea tuya. Volver al trabajo está bien, pero volver a fingir que no nos morimos por tocarnos cuando en realidad no podemos pensar en otra cosa más que en eso…

—¿Tocarnos solamente? ¿Tú crees? —Empujó sus caderas provocativamente contra las de Harley—. Tengo una cita en quince minutos, lo que quiere decir que en diez, Amy estará golpeando esa puerta… Pero después, a eso de las siete… —buscó su mirada y movió sus cejas sensualmente, haciéndola sonreír a pesar de su nivel de excitación—. Podrías volver con alguna excusa…

Ella inspiró profundamente y exhaló el aire en otro largo suspiro bajo la atenta mirada de BB.

—Si vuelvo, Patrick querrá hablar de trabajo… Ya lo dejó caer hace un rato. Y ya sabes cómo se enrolla cuando habla de trabajo. 

—Me ocuparé de darle algo que hacer fuera del estudio… Con un poco de suerte, Amy también estará a punto de irse…

Harley se mordió el labio. Junto a Brandon todo era una locura constante, excitante. Un reenganche permanente. Pero con solo diez minutos por delante, no había nada que hacer.

—Y yo me ocuparé de compensarte debidamente… Pero ahora —lo apartó con suavidad— deja de insinuarte o…

—¿O qué? —murmuró él.

Se había apartado, tal como ella le había pedido. Sus cuerpos ya no se tocaban. Y, sin embargo, el brillo de sus ojos, el tono de su voz…

—Ya sabes cómo acaban estos juegos nuestros, BB, así que sé bueno y hazme caso —comentó mientras se alejaba de él hacia el interior del estudio.

Harley se acomodó en el sofá. Cruzó una pierna sobre la otra y extendió sus brazos sobre el respaldo, dándole a entender que, a falta de sexo, pensaba usar sus quince minutos para averiguar lo que le interesaba. A saber; qué hacía Clark, el primero de la lista de desterrados del universo B.B.Cox, conversando con él en su despacho privado, nada más y nada menos.

—Yo pedí la vez primero, ¿recuerdas? —le advirtió él con una sonrisa divertida. Fue a sentarse a su lado. Se puso de costado, con una rodilla descansando sobre el asiento —y rozando la cadera de Harley subrepticiamente—, y el codo sobre el borde del respaldo. Ella concedió con la mirada y él entró en plan elefante en cacharrería—. Estabas muy absorta en el trabajo de Norah. ¿Te interesa la pintura corporal o esa pintura en particular?

Harley se rascó la frente un tanto incómoda. Para variar, la había pillado in fraganti. No era el tipo de mujer que establecía comparaciones con sus ex. Tampoco era que hubiera mucho con lo que comparar. Pero a pesar del tiempo que llevaban juntos, seguía sin acostumbrarse a que BB siempre la observara y a que aprendiera tanto a través de esas observaciones. A que leyera en ella y lo hiciera tan bien.

O, al menos, a que pareciera que lo hacía tan bien, pensó. Quizás era ella quien interpretaba mal las señales, consciente de que sentía cosas que nunca había sentido antes y que todavía no sabía cómo interpretar.

—Soy artista y me interesa el arte en general. Norah es muy buena y hay que reconocer que esa playa de palmeras, que sería una pasada sobre cualquier lienzo, en la barriga de esa embarazada, es el no va más. Y ahora dime, ¿has hecho las paces con Jonathan?

BB no respondió inmediatamente. Que Harley se anduviera por las ramas podía interpretarse como una confirmación de que lo que él creía que sucedía era verdad… Pero que no fuera directa con él, cuando sabía perfectamente que podía serlo, también podía ser un signo de que aún no estaba preparada para hablar de ello. Decidió dejarlo estar por el momento. …».


Pero, como además de observador, Brandon es incansable, más tarde, ese mismo día, durante uno de sus momentos muy 🔥, vuelve a tirar la caña… 


«… BB apoyó la frente contra la pared y apretó los párpados. Tenía la respiración descontrolada y una flojera en todo el cuerpo que lo obligaba a descansar parte de su peso en Harley. Todavía estaba dentro de ella y su verga aún estaba tiesa. Sabía por experiencia que si nada lo impedía, en diez o quince minutos estaría embistiéndola otra vez como si no hubiera un mañana. El sexo con Harley siempre había sido bestial, alucinante. Pero, sin ningún género de dudas, añadir el amor a la ecuación, los había convertido a ambos en unos adictos. No había nada comparable al sexo con la mujer de la que estaba perdidamente enamorado. Nada en absoluto.

—¿Tienes mucha prisa? —murmuró Harley. Sus libidinosos lametones en la oreja masculina eran suficiente explicación de a qué había venido su pregunta, pero aún así, no escatimó—: Quiero otro. No sé cómo lo haces, pero siempre quiero otro… Y lo quiero ya.

—Sí que sabes cómo lo hago… Lo sabes muy bien. Tan bien como yo sé por qué «quieres otro ya»…

—Me olvidaba de que eres un sabelotodo… —ronroneó Harley, buscándolo.

—En lo que a ti concierne, sí. Eso por descontado.

—¿Ah, sí? 

Él se adueñó de su boca en un beso que disparó la temperatura de su estudio privado y, cuando a regañadientes se apartó de los labios de Harley, murmuró:

—Por suerte para mí, cuando ovulas, eres insaciable —La vio esbozar una sonrisa cargada de deseo—. Y prisa, lo que se dice prisa… Si es por ti, lo que sea puede esperar… Lo que no tengo, lamentablemente, son más condones… Y como no es ni seguro ni higiénico, correrme dos veces en el mismo…

Mejor deja de pensar en correrte, pensó. Y se retiró suavemente de ella. Harley no se cortó.

—Ay, noooo… —se quejó. Intentó retenerlo, a él, a su miembro, la intimidad que mantenían y que cada día era más necesaria, más vital.

—Me temo que sí, nena. Estas vacaciones hemos acabado con las existencias. Hasta con los de reserva… No has acabado conmigo de milagro —concedió con una sonrisa de amante satisfecho al tiempo que volvía a subirse la bragueta.

—Pásame el bolso. Quizás a mí me quede alguno… —pidió, tomándolo de una mano. Se resistía a dejarlo marchar porque, en efecto, estaba ovulando y era insaciable cuando lo estaba.

BB le apartó el cabello de la cara sin acercarse demasiado. Sabía que como lo hiciera…

—No te quedan.

—¿Y cómo lo sabes, aguafiestas?

—Porque los tuyos son los primeros en caer, Harley —repuso riendo. Enseguida bajó el tono al recordar que estaban en su estudio. Todavía había gente trabajando a pocos metros de donde estaban—. Cuando estamos fuera de casa, siempre eres la que pisa el acelerador primero… Si los baños de esta ciudad pudieran hablar…

Era cierto. Tener que mantener las apariencias la excitaba. Saber que tenían que portarse bien le provocaba unas insoportables ganas de saltarse las reglas. La ponía como una moto. Se le lanzaba al cuello en el primer rincón oscuro que encontraban y, si no lo hallaba, buscaba la forma de estar a solas con él unos minutos. Los revolcones más épicos los habían tenido a escasos metros de los invitados al banquete o los comensales del restaurante de turno. Pero no porque fuera cierto, tenía que admitirlo sin más…

—Perdona, ¿me estás llamando buscona?

Joder, Harley, pensó él volviendo sobre sus pasos. Se detuvo a una respiración de ella.

—¿Quieres jugar a la provocación, en serio? —susurró—. Porque ya sabes que me encanta provocarte…

Permanecieron mirándose, expectantes. BB tomó el silencio de Harley como una concesión.

—¿Sabes qué estoy pensando? —Ella continuó mirándolo en silencio. Fue entonces cuando BB decidió saltar al vacío—. Que sabes perfectamente que no llevas condones en tu bolso porque los gastamos. Y tú, que siempre eres tan cuidadosa con estos menesteres, hoy no te has preocupado de reponerlos. Yo tampoco, por cierto. Así que se me ha ocurrido que quizás estés pensando en… —La miró atentamente para no perderse gesto al decir—: no evitar la concepción.

Harley sintió un torbellino de sensaciones adueñándose de su cuerpo. La sola idea de quedarse embarazada la hacía vibrar de emoción, un sentimiento completamente diferente al que había sentido diez años atrás al enterarse de que lo estaba. Desde entonces, había «evitado la concepción» como si de ello dependiera su vida. 

Ahora, sin embargo, todo era distinto. Ella era una persona diferente. Y sobre todo, tenía a su lado a un hombre diferente.

Para BB también supuso un torbellino de emociones confirmar que estaba en lo cierto, que no habían sido sus propios deseos de que tuvieran un hijo los que le hacían ver señales donde no las había. Podía dejarse llevar —lo deseaba intensamente—, pero sabía que para Harley aquella era la mayor decisión de su vida. Era quien más arriesgaba, quien más sacrificaba. 

No debía dejarse llevar.

—Si es así, que sepas que estaré encantado de ayudarte a evitarla cuando tú lo decidas. —Ella sonrió todavía visiblemente afectada por sus emociones. BB asintió con la cabeza, consciente de que las suyas seguían siendo tan intensas como las de Harley—. Y ahora te dejo sola un rato para que te vistas y llames a un taxi. Tú te irás primero y ya seguiremos con esta excitante conversación en casa. Con un poco de suerte, quizás encontremos un condón en algún cajón, ¿no crees? —dejó caer insinuante antes de decir—: Voy a hablar con Amy.

Ella lo dejó marchar a regañadientes. Lo vio arreglarse la ropa y comprobar que estaba en condiciones de mostrarse antes de abrir la puerta de su estudio.

—BB… —lo llamó.

Él se volvió a mirarla con una ceja enarcada. Un gesto que le advertía que no jugara con fuego.

Pero si Brandon adoraba la provocación, Harley no se quedaba atrás. En este caso, con mucha más razón, ya que lo que se traían entre manos era un asunto de vital importancia para ambos.

Harley ya había vuelto a ser la mujer sexi y provocativa de siempre cuando le dijo:

—Lo estás haciendo muy bien. Sigue así y quizás consigas llevarte el gato al agua…

«Nada de quizás», pensó él con una sonrisa desafiante en el rostro.

Se llevaría el gato al agua. 

Lo haría. 

Solo era cuestión de tiempo.…».



Era una cuestión de tiempo, sin duda. De modo que transcurren algunas semanas sin que el tema vuelva a salir. Pero aquella tarde, Harley se lleva una sorpresa al entrar en su habitación…


«… Harley sonrió al entrar en la habitación de matrimonio y ver lo que había sobre la gruesa colcha de terciopelo con el dragón de Hugo bordado en hilos dorados. Estaba sembrada de cajas que promocionaban su contenido con descaro. Las había de diversos modelos, pero todas tenían colores chillones y estampados la mar de sugerentes.

—¿Madame Demonia se ha cambiado de rubro comercial? —preguntó en voz alta, rezumando picardía.

Brandon se estaba duchando y, a pesar de que como siempre la puerta estaba abierta, el sonido del agua era fuerte. Estaba usando la función de hidromasaje.

El tatuador sonrió para sus adentros. En realidad, se carcajeó a gusto.

—¡No, por favor, qué dices! Por suerte para mí, solo está ampliando su universo creativo. Y cito textual. Están muy bien, ¿verdad? —dijo al tiempo que abandonaba la ducha y se asomaba al dormitorio, tentadoramente mojado y desnudo como había llegado al mundo.

Harley lo recorrió con la mirada tomándose su tiempo antes de responder.

«¡Qué bueno estás!», fue el primero de una larga y excitante lista de pensamientos que empezaron a asolar su mente en plan metralleta, haciendo más que evidente en su rostro lo que estaba pensando.

Algo con lo que Brandon contaba, por supuesto, y que le encantó ver. Esperó pacientemente a que ella acabara su recorrido para oír su respuesta que, también como esperaba, estuvo a la altura de sus expectativas.

—No lo sé… Habrá que comprobarlo, ¿no crees?

Brandon se estiró a coger una toalla, pero solo se secó la cara con ella antes de dejarla caer al suelo y avanzar hacia Harley.

—Si te apetece, podemos empezar a comprobarlo ahora… Yo estoy preparado —guaseó.

Harley bajó la vista ostensiblemente; estaba desnudo. Preparado, lo que se dice preparado… todavía no.

—¿Tú crees? A mí me parece que te falta… ¿Tensión?

—A mí no me falta nada —aseguró Brandon con su tono más seductor, al tiempo que daba un paso más hacia ella—. Nunca. Pero si tú estás en mi campo visual, menos que menos. 

Y acto seguido, tomó la mano femenina y la puso en su miembro para que Harley pudiera comprobar lo que decía.

En efecto, era cierto. 

La enorme cosa que sostenía en su mano empezaba a hincharse y a endurecerse, pensó ella, gozando con anticipación del festín que estaba a punto de darse.

Harley abrió los labios sobre la boca de Brandon y el beso fue incendiario.

—Entonces… —le dijo en un susurro—, ¿a qué estás esperando para desnudarme?


* * *


Después de estrenar no uno, sino dos de los vistosos productos de Madame Demonia, Harley se sentó en la cama con las piernas cruzadas al estilo indio, de cara a Brandon, y se cubrió los pechos con la sábana. Él seguía tal cual había acabado después del último subidón; echado bocarriba, con los brazos descansando en el elaborado cabezal de la cama de hierro forjado que simulaba, en un estilo bastante libre, el patrón de una tela de araña. Tenía los ojos cerrados y su respiración aún no se había normalizado del todo, por lo que su pecho subía y bajaba de forma ostensible. Aquel pecho cubierto de hermosos tatuajes mahoríes que le daban un aspecto primitivo, uno que Harley siempre había encontrado de lo más estimulante.

Lo mejor era que dejara de pensar en cosas tan estimulantes y se centrara en lo importante; algo a lo que le venía dando vueltas desde hacía algunos meses. ¿O quizás debería decir algo que la venía dando vuelta a ella, poniéndolo todo del revés? «Da igual lo que sea. Es hora de soltarlo».

Echó un vistazo al montón de cajas de condones que habían caído de la cama y rodado por el suelo como consecuencia del arranque de pasión que los había llevado a consumar el sexo dos veces antes de preguntarse siquiera «¿qué tal ha ido el día?», como hacían las parejas normales cuando volvían a casa después de la larga jornada laboral. Debía haber al menos veinte cajas en total. No era un gran suministro para dos personas de temperamento caliente como ellos, pero eran suficientes para «evitar la concepción» durante algún tiempo.

Desde que había salido el tema por última vez, hacía cerca de un mes, su vida de pareja había transcurrido con normalidad sin más alusiones al asunto de la concepción. Los preservativos habían vuelto a estar disponibles por ambas partes, sin mención de cómo habían llegado al bolsillo de la cazadora de Brandon o al bolso de Harley. De modo que la exposición que aquel día ella había encontrado sobre su cama era, por sí sola, un intento de volver a poner el tema sobre la mesa. Se trataba de un movimiento sutil, disfrazado de descaro y provocación muy al estilo B.B.Cox, que en el fondo no hacía, sino demostrar lo bien que el tatuador conocía a Harley. Era su forma de darle pie a hablar del tema. Si ella lo deseaba, se lo estaba sirviendo en bandeja. Y en el caso de que aún no estuviera preparada para abordarlo, habían pasado un rato divertido, admirando y riendo a cuenta del descaro de que hacían gala algunos de los diseños de Madame Demonia, para luego acabar poniéndole la guinda al pastel echando dos polvos épicos.

Eres increíble, BB. ¿Cómo no voy a estar loquita por ti?

—Que conste que me encantan, pero ¿qué se te ha dado por encargarle tantísimos condones? ¿Te hacía un precio especial si los pedías al peso? —bromeó con segundas.

«¡Bingo!», pensó Brandon, que sonrió sin abrir los ojos.

—Follamos más que comemos, nena, y si hay algo que odio es quedarme con las ganas por problemas… «técnicos», ya me entiendes. Mejor que sobren y no que falten. Son una pasada, ¿verdad?

Recién entonces, cuando estuvo seguro de que podía continuar con normalidad sin que el acelerón que había dado su corazón al darse cuenta de que estaban a punto de hablar de aquel asunto, se hiciera evidente en el brillo de sus ojos o en la sonrisa ilusionada que pugnaba por salir y delatarlo… Recién entonces, se volvió de lado, apoyó la cabeza en su mano y la miró directamente.

Harley se rio. El último condón que habían usado simulaba la boca de un vampiro a punto de dar un mordisco. Al vérselo puesto, y a pesar del calor del momento, había estado a punto de soltar una carcajada.

—Muchísima imaginación tiene tu Madame Demonia… —concedió.

—Por eso es mi diseñadora favorita… Porque tiene el estilo y también el descaro necesarios para vestir las distintas partes de la anatomía del Dios de la Tinta…

Harley bajó la vista sonriendo.

—Así que… Se podría decir que sigues ayudándome con aquel asuntillo de evitar la concepción, sin renunciar al estilo y mucho menos al descaro, claro —dejó caer.

—Se podría decir.

—Bien. Porque aunque acabo de llamarlo «asuntillo», ha sido una forma de hablar. La verdad es que es un señor asunto…

—Así es —concedió Brandon. El corazón le estaba dando mazazos en el pecho y sobreponerse a la sensación no era sencillo, pero tratándose de Harley y tratándose de «aquel asuntillo» era imperativo que lo hiciera.

—¿Sabes, BB? Creo que deberíamos hablar de esto… Creo, no; lo sé. Pero lo que no sé es cómo empezar… No sé qué decir… Es todo tan raro…

—¿Por qué dices que es raro?

—Porque nunca me había pasado antes… Porque es algo nuevo y no sé cómo encajarlo en mi vida, en lo que soy, en cómo vivo… A veces pienso que solo es el instinto de reproducirnos que tenemos los seres humanos, que está empezando a ponerse nervioso…

—¿Te refieres a tu reloj biológico? —le preguntó con ternura.

Harley asintió algo incómoda.

—Este año cumplo los 37. Quizás mis hormonas están enviando un SOS o algo así… Que yo recuerde, nunca me sentí especialmente atraída hacia la idea de ser madre… Nunca he sido de las que se quedan mirando un bebé como si estuvieran ante la mayor maravilla del mundo… Jamás ha habido niños en mi entorno y las contadas veces que los hubo, no recuerdo que me provocaran ninguna emoción en particular. El único niño que se quedó con mi corazón al minuto de conocerlo es Hugo, pero ¿qué terrícola, sea hombre o mujer, no caería rendido ante un niño así? Es tan, tan especial… —Vio que Brandon sonreía orgulloso y asentía—. Y si me vieras ahora… En vez de pararme a mirar zapatos en un escaparate, lo que me paro a mirar son bebés… ¡Tengo que estar enferma!

Ambos rieron ante la espontaneidad de Harley. Cuanto más difícil era el problema al que se enfrentaba, más sacaba a relucir su sentido del humor.

—Mirar solo podría ser un síntoma de interés o de curiosidad… Hay otros que son más importantes… Como, por ejemplo, qué sientes cuando los miras, qué piensas…

—Esos son más raros todavía… Son sensaciones muy físicas… 

Brandon sabía a lo que se refería aunque ella no fue más precisa; la había visto llevarse la mano al vientre mientras miraba trabajar a Norah sobre aquella embarazada. 

—No sé si lo que siento podría catalogarse como el deseo de ser madre —admitió sonrojándose. En realidad, su sonrojo fue casi imperceptible, pero ella no podía verse y se sintió aún más incómoda—. En mi mente, las sensaciones y los pensamientos son… De no entender nada.

—¿Por qué?

Ella exhaló el aire en una especie de bufido.

—Por muchas razones… Soy alguien muy independiente, los dos lo somos. Y hasta que he empezado a sentir todas esas cosas, raro era el fin de semana que nos quedábamos en casa. Tú y yo siempre estamos haciendo algo, creando algo, trabajando en algún proyecto nuevo que, como la mayoría de nuestros proyectos, implica viajar, trabajar duro y entrar por la puerta de casa a las mil del día con el único plan de desmayarnos en el sofá o en la cama y hacernos mimos… O montar una sesión de cine con Hugo y una montaña de palomitas… No hay espacio para un bebé.

Harley permaneció mirando a Brandon unos instantes. Él la miraba con ternura y la escuchaba totalmente atento, como siempre. Pero nada en él le estaba ofreciendo una pista que sirviera para aclarar lo que le sucedía, para ayudarla a entenderlo.

—Tener un hijo es incompatible con lo que somos, con lo que hacemos… Y eso, sin mencionar que un embarazo no es algo que podamos ocultar, igual que hemos hecho con nuestra boda secreta… En cuanto empiece a notarse, tendremos a esa panda de cotillas trepados a los hombros, intentando saber más, inventando rumores, haciendo apuestas sobre quién es el padre del bebé…

Harley se apartó el cabello del rostro con ambas manos al tiempo que exhalaba el aire en un suspiro. Cuanto más pensaba en ello, menos entendía y eso le preocupaba. Además, de pronto, aparecían dudas, temores… Ella no era tan quisquillosa con su vida privada como él, pero reconocía que haberle dado esquinazo a la prensa durante cuatro años no solo le había resultado la mar de divertido; también le había puesto un punto extra de morbo a su relación con él, al que no quería renunciar. Tenían una vida excitante, divertida y la asustaba de qué forma se transformaría con la llegada de un hijo. Además, odiaba la monotonía, era algo que le venía de familia. Eso había hecho que toda su vida estuviera marcada por el cambio, por el movimiento constante, lo que fuera que le permitiera alejarse años luz de una vida corriente. ¿Cómo encajaba eso con la idea de tener un hijo? La respuesta era clara: de ninguna manera. Y en cuanto a BB y su aguzado sentido de la privacidad…

—Lo nuestro se sabrá, con el agravante de que también se sabrá que llevamos cuatro años toreando a la prensa y, de acuerdo, profesionalmente, las consecuencias ahora no serían tan malas como entonces, pero sigue siendo algo que no nos beneficiará a ninguno de los dos… Algo que va a generar ríos de tinta y que nos va a trastocar la vida a base de bien… Todo lo cual no evita para nada lo que siento —sacudió la cabeza contrariada—. ¿Ves por qué no entiendo nada? Racionalmente sé que no puedo querer tener un hijo, que esto no es real, que no tiene sentido, pero luego veo un bebé y mis hormonas se ponen a rugir y… Joder, Brandon… Estoy hecha un lío.

Él extendió la mano y le acarició la nariz.

—No estás hecha un lío, Harley. Es solo que todavía no es tu momento de tomar esa decisión. Cuando lo sea, cuando llegue ese momento, lo verás cristalino.

—Pero tú… ¿Qué piensas?

—¿Qué quieres que te diga? ¿Que no me gustaría que tuviéramos un hijo? ¿Que no me encantaría darle un hermanito a Hugo y que deje de martillearme la cabeza con el tema de una bendita vez? —Harley sonrió con picardía—. Pero no se trata de mí, se trata de ti. Debe ser tu decisión. Y en cuanto a la panda de cotillas… Si llega ese momento, seré yo mismo quien me identifique como el orgulloso padre del bebé.

—Sí, y cuando lo hagas, el mundo entero se volverá loco, la prensa no te dejará respirar y tu adorada privacidad se irá a la mierda junto con tu tapadera… —Hizo un mohín cómico—. ¿Y sabes? Dudo muchísimo que a tu exquisita y selecta clientela le vaya a gustar enterarse de que tienes tanto de gay como yo de monja…

A Brandon le preocupaba mucho más su privacidad que su tapadera y llegados a aquel punto, el increíble punto en el que la mujer más independiente que había conocido jamás estuviera planteándose la posibilidad de convertirse en madre, incluso hasta su tan cacareado amor por su privacidad empezaba a importarle poco. Intentaría conservar toda la que pudiera, pero si tenía que renunciar a ella, lo haría sin más contemplaciones. Así de importante era Harley para él.

—Nunca he dicho que fuera gay —coqueteó—. No es mi culpa que la gente tenga una imaginación hiperactiva cuando se trata de sexo, y se invente cosas.

—Tampoco lo has negado.

—Porque no hablo de mi vida privada.

—Ya… —sonrió divertida—. Pero si me quedo embarazada, tendrás que hablar aunque no quieras.

—O no… —coqueteó—. Puedo decir «sí, esperamos un hijo» porque «sí, somos pareja» y luego dejar que hablen igual que he hecho todos estos años… —Y coronó aquel flirteo descarado con un aleteo de pestañas que hizo reír a Harley.

—Eres un caso serio, BB…

—Lo sé —concedió—. Ellos no importan, Harley. Importamos nosotros. Importa lo que tú y yo queramos hacer y cómo queramos hacerlo. Nada más.

—¿Así de fácil?

—Así de fácil.

Harley exhaló un suspiro, asintió con la cabeza.

—Gracias, BB…

La expresión del tatuador se tornó sensual. Volvió a estirar su mano, pero esta vez no acarició su nariz. Ni siquiera se acercó a su rostro. Lo que hizo fue tirar de la sábana, exponiendo los pechos desnudos de Harley. A continuación, aprisionó uno de sus pezones entre sus dedos y frotó suavemente aquel trocito de carne hasta que se endureció acompañado de un gemido de Harley.

—Demuéstrame lo agradecida que estás, nena. Demuéstramelo.…».


Después de esto, suceden muchas cosas en la vida de Brandon y Harley: al fin, tienen una boda pública (aunque sorpresiva para la novia) y en el episodio 31 de esta misma novela, nos enteramos a través de una conversación entre Dakota y Evel, que la pareja está esperando un hijo…


«… Finales de mayo de 2015.

Taller Rowley Customs,

Londres.


Dakota recogió sus cosas del vestuario y subió de dos en dos los escalones que conducían al despacho de su socio. Asomó apenas la cabeza por la puerta después de golpear dos veces.

—Ya me voy —anunció—. Luego nos vemos, ¿vale?

Evel se despidió de la persona con quien hablaba por el móvil y se levantó del escritorio. Fue hacia Dakota.

—¿Te ha dicho Dylan a qué hora estarán por allí?

—Calcula que alrededor de las seis, pero Andy iba a ver un gimnasio que busca inversores, así que igual llegan más tarde… —Notó la colorista portada de la revista que Evel sostenía en una mano y preguntó—: ¿Y eso? 

Evel se la mostró con una sonrisa. En la portada de la revista dedicada al tatuaje más importante del país aparecían Harley y Brandon. No era la primera vez que acaparaban portada juntos o por separado, pero esta, sin duda, era muy diferente de las anteriores. 

Era una imagen de medio cuerpo. Él con el torso desnudo y los brazos cruzados en el pecho. Ella, de medio perfil, con un top negro que exponía parcialmente los tatuajes que cubrían sus brazos, su pecho y su abdomen. Tenía el antebrazo apoyado sobre el hombro izquierdo del tatuador. Con sus rostros totalmente maquillados, ambos miraban a la cámara. Parecía la típica imagen promocional de uno de sus eventos, pero había más en ella de lo que se veía a simple vista. 

—Joder —dijo Dakota acercándose a la revista—. ¿Es una idea mía o Harley tiene tripa? 

Evel sonrió feliz. Por increíble que todavía le siguiera pareciendo, había sucedido. Era real.

—No es una idea tuya. Está embarazada. Por lo visto, ya lo estaba el día de la boda, solo que entonces no lo sabían.

Dakota vio la expresión rebosante de orgullo de su amigo y decidió pincharlo. Le encantaba hacerlo.

—De la mezcla de esos dos no quiero imaginar cómo les saldrá el crío…

—¿Talentoso y millonario? —propuso Evel con malicia.

Se rumoreaba que la pareja estaba negociando un jugoso contrato para llevar su concurso estilo reality a Estados Unidos.

—¡Eso es verdad! ¡Tienen más dinero que los ladrones! Bueno, me largo. Hoy no te retrases, ¿vale?

Evel le dio una palmada en el brazo.

—Tranquilo, tío. A las cinco y media, como muy tarde, me verás entrando por la puerta.…».



Como miembro de Club Románticas Stories, tú sabes más que Dakota y Evel. Más que el resto de las lectoras, de hecho 😜. 


A través de «Volver a empezar», la novela que narra la historia de Declan y Jana, sabes que trece días después de su boda pública, la novia se siente indispuesta. Se trata de una indisposición que la envía directamente a la cama sin paradas intermedias. Ella le echa la culpa a una hamburguesa que le sentó fatal y a la preocupación por la difícil situación que atraviesa su amiga Jana, pero el médico de la familia se ocupa de pincharle el globo :)



«… Mientras tanto, en casa de B.B.Cox y Harley…


El médico le dedicó a Harley una sonrisa cómica al entrar en la habitación y ver que era ella la paciente.

—Tarde o temprano, tenía que tocarle —le dijo con un tono paternal. 

—No veo por qué —repuso ella, acariciándose el estómago en un intento de detener las náuseas—. Aunque no lo crea, me sobran los dedos de una mano para contar las veces que he estado mala.

—En tal caso, lo tomaré como un honor —bromeó. Miró a Brandon, que estaba sentado en su lado de la cama, atento a lo que sucedía con evidente preocupación—. Puede esperar fuera, señor Baxter. Le avisaré cuando haya acabado.

Brandon no se inmutó. Harley ya se estaba riendo (de mala gana, porque le dolía todo, no solo el estómago) cuando él respondió.

—Esperaré aquí —aseguró él. Y añadió con fingida cortesía—: así no tiene que avisarme…

El médico dirigió su mirada hacia Harley y ella asintió, dando su acuerdo. Desde hacía veinticuatro horas, Brandon estaba histérico con su indisposición. Pendiente de ella todo el tiempo. Si deseaba quedarse, no sería ella quien se lo impediría.

El hombre suspiró. A continuación, apoyó su maletín en la mesilla de noche y lo abrió. Sacó el estetoscopio… Se quedó pensativo unos instantes y, al fin, miró a su paciente:

—¿Cuándo dice que empezó a sentirse descompuesta?

—Ayer a media mañana. Tenía prisa y me fui con un café bebido. Cuando estaba en el estudio, la tripa me hacía tanto ruido que el equipo de grabación, me trajo una hamburguesa. Y adiós. Diarrea, vómitos, malestar general… No soy capaz de retener en el estómago ni un sorbo de agua. Creí que con una noche de sueño se me pasaría, pero sigo igual.

—¿Algún dolor localizado, aparte del estómago?

Harley se quedó pensando. Tenía tal batería de dolores que no era sencillo responder. 

—Creo que no. Me duele bastante la cabeza, pero no es un dolor constante.

—¿Ha notado que estuviera especialmente estresada o preocupada estos últimos días?

Había varios asuntos que la tenían nerviosa. El principal era Jana. Estaba muy preocupada por ella. 

—La verdad es que sí… El domingo usted mismo vio cómo estaba mi socia… Jana es como una hermana para mí. Me asusta su situación. Me tiene en vilo.

El médico asintió. Volvió a guardar el estetoscopio y sacó un test de embarazo. Se lo tendió.

Harley miró el largo y delgado envoltorio con los ojos como platos. En su vientre volvió a crecer aquella sensación envolvente que llevaba tiempo sintiendo y que seguía siendo incapaz de explicar, pero la ignoró. A continuación, dirigió su mirada hacia Brandon. Notó que sus ojos brillaban perceptiblemente y que la preocupación original de su rostro se había transformado en ternura.

—Imagino que ya sabe cómo funciona —dijo el sesentón, tragándose una sonrisa—. Vaya, y tómese su tiempo. Su marido y yo la esperamos aquí.

Harley no se movió del sitio. Una parte de ella estaba a punto de explotar de puro gozo; la otra, la que pretendía seguir usando el sentido común, seguía negándose a capitular.  

—¿Qué clase de diagnóstico es este? —dijo riendo, como hacía siempre que se enfrentaba a un dilema o a una preocupación—. ¿Una hamburguesa me sienta como un tiro y usted me pide que haga pis en un palito? Ya puestos, ¿por qué no me hace la prueba del azúcar? Igual soy diabética, y no me había enterado…

—Muy bien —repuso el médico—. Si no quiere hacerse la prueba, quizás no le importe responder una pregunta: ¿cuándo tuvo la última regla?

Harley ignoró su expresión entre paternal y cómica, y revolvió en su memoria. Eso podía responderlo, estaba segura. 

¿O no? 

No lo recordaba exactamente, pero tenía la sensación de que hacía tiempo de eso. Miró a Brandon. Él era mucho mejor que ella a la hora de recordar esos días en los que el sexo era de película.

Al ver que una sonrisa inmensa se abría paso en su hermoso rostro varonil, experimentó una explosión de emociones. Todas nuevas. Todas exhilarantes.

¿Estaba embarazada? ¿De verdad? ¿Cómo era eso posible? Desde que Madame Demonia se había lanzado a diseñar prendas y juguetes eróticos para sus clientes VIP, contaban con un suministro constante de preservativos. Llegaban cada semana y los utilizaban con la debida diligencia, puesto que ni BB ni ella eran de los que dejaban esas cuestiones al azar. 

¿Voy a convertirme en madre a los 37? ¿Es en serio? ¡¡¡Me va a dar un ataque!!!

Harley soltó un suspiro cargado de emoción. Miró al médico con los ojos llenos de estrellas. 

Él sacudió la cabeza, divertido. Y volvió a tenderle la prueba con una sonrisa casi tan grande como la de Brandon. …».


 Y también sabes algo más. Es el último pantallazo sobre esta pareja, con el que te dejé en la novela de Declan y Jana:


«… Harley se había quedado dormida en cuanto su cuerpo había tocado la cama. A pesar de la alegría por su estado de buena esperanza, no se encontraba bien y estar tantas horas levantada, celebrando, le había pasado factura.

Cuando Brandon al fin se metió en la cama, después de quitarse el maquillaje y darse una ducha rápida, Harley yacía sobre el lado derecho de su cuerpo, dándole la espalda, y su respiración era acompasada.

Él también estaba cansado, habían sido dos días de preocupación al ver que pasaban las horas y su mujer no se recuperaba. Pero también estaba feliz. En realidad, si tuviera que poner cada sensación en una balanza, el resultado final le daría el triunfo por goleada a la felicidad.

Estaba extático. Totalmente maravillado ante la confirmación de que volvería a ser padre.

Y esa misma emoción se había contagiado hasta el último habitante de la casa, familiares, amigos y conocidos. Los padres de Harley, con quienes habían hablado por videoconferencia, se habían lanzado a bailar de la alegría. Ya no esperaban que su única hija los convirtiera en abuelos y el deseo de serlo, sumado a la inesperada noticia de su embarazo, había sido una enorme alegría para ellos. Aquel mismo día habían comprado los billetes a Londres, donde pensaban pasar una semana. Así que el futuro inmediato se presentaba tan atareado y emocionante como aquel día.

Se puso los brazos debajo de la cabeza y se estiró a gusto mientras pensaba en todas las cosas que se había perdido de la gestación y de la infancia de Hugo y en que, esta vez, las viviría a fondo. A todas ellas. Por más que su mujer pataleara, ajustarían sus respectivas agendas de actividades y, por supuesto, reducirían la marcha. El nivel frenético de actividad que mantenían desde hacía cuatro años, tenía que acabarse. Al menos, temporalmente.

La alegría de los padres de Harley volvió a su mente y con ella una sonrisa. Sus caras habían sido dignas de una foto. Y la de Jana. ¡Y la de Lau! 

Era comprensible. ¿Quién iba a pensar que después de cinco años viviendo juntos sin la menor alusión al respecto, la noticia fuera que estaban esperando un hijo? 

Para Brandon, sin embargo, no había sido tan inesperado. El reloj biológico de Harley se había puesto en marcha hacía algún tiempo. Le había costado abrirse a él en ese tema, puesto que ella misma no se lo creía. Decía no comprender lo que le estaba pasando, ya que un hijo nunca había formado parte de sus planes, —al menos no, de manera consciente—, y que no había lugar para uno en la clase de vida que llevaba. Él, que no entendía de relojes biológicos, pero sí del deseo de ser padre, un deseo que, de tan intenso, se había transformado en una necesidad, la había escuchado con atención, como siempre. Su consejo había sido no darle demasiada importancia al asunto, puesto que aún no era el momento de tomar una decisión al respecto. Cuando ese momento llegara, Harley lo sabría porque sus dudas se habrían evaporado y se sentiría preparada para tomarla.

Y así había sido. Solo que no había habido comentarios de ninguna clase. Harley no había vuelto a mencionar su reloj biológico y su vida sexual había continuado tan activa como siempre.

De hecho, ahora que pensaba en ello… Si la intuición no le fallaba, sabía cuándo había sucedido. De estar en lo cierto, su hijo (o hija) llevaba varias semanas creciendo en el vientre de su mujer. ¿Noticia inesperada? Qué va. Simplemente, no había relacionado el malestar de Harley con un embarazo.  

Exhaló un suspiro cuando una sensación alucinante recorrió su cuerpo al pensar en aquella vida preciosa y pequeñita que ya se había quedado con un trozo de su corazón.

Brandon se dio la vuelta y pasó un brazo alrededor de Harley, pegándose a ella. Luego, posó una palma sobre su vientre y la movió con suavidad, en pequeñas caricias.

Harley ronroneó, pero no llegó a despertarse.

No, no había sido inesperado para él. Y, aunque todavía no habían tenido tiempo de hablar detenidamente sobre el tema, estaba seguro de que para Harley tampoco.…».


¿Hace falta que te diga que me muero por salir de exploración contigo? Me encanta esta pareja y tengo muchísimas ganas de volver a ese mundo tan particular que Brandon, Harley y Hugo han sabido crear para los tres, ¡con pasadizo secreto y todo! 💙💙💙



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