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Proyecto CRS-08

Mystic Oaks, 2 (MO 2)


Intro 1: ¡Fin de la primera parte!

Intro 2: ¿Volvemos a Mystic Oaks?

⭐️ Lo que empezó como un extra… ¡Y acabó siendo una saga! 

Señoras y señores… ¡Demos la bienvenida a Jackson Sullivan!

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Presentación | Sobre los personajes  

Capítulos: 

1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 | 27 | 28 | 29 | 30 | 31 | 32 | 33 | 34 | 35 | 36 

¡Fin de la 2ª temporada!

¡Mystic Oaks, 2 ya tiene sinopsis!



CRS-08. Mystic Oaks, 2 (MO 2). Episodio 30


Publicación: Catálogo oficial Jera Romance 2027
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30

La Tierra no se tragó a Lilly. 

De hecho, nada cambió. Ni aquellos ojos de un celeste casi transparente dejaron de mirarla con expectación, ni su mente logró dar con alguna respuesta que sonara razonable y, a la vez, consiguiera sacarla del atolladero.

«No es por resaltar lo obvio, pero estás jodida, Campanilla», oyó que decía la vocecita de siempre.

¡Cállate, ¿quieres?, y déjame pensar! Ay, mierda. Es que menuda ironía…

No querer enrollarse con Jim por las implicaciones familiares que tendría hacerlo y acabar sufriéndolas igualmente sin haberse enrollado con él.

Lo que no me pase a mí… ¡Ay, Lilly!

Era una situación imposible. Si intentaba quitarle hierro al tema dándole una respuesta para salir del paso, Doreen se daría cuenta de que estaba mintiendo. Y como a aquella mujer no se le escapaba una, aceptaría su respuesta por cortesía, pero la pondría inmediatamente bajo su lupa y, en adelante, nada de lo que hiciera o dijera escaparía a sus observadores ojos. 

«¿Crees que hace falta observarte mucho para comprender lo que te pasa, Campanilla? ¡Llevas un cartel en la frente! ¡Y, por si fuera poco, también su goma del pelo en la muñeca!», volvió a pincharla la voz en su cerebro.

Tú lo que te vas a llevar será un puñetazo como no me dejes en paz. ¡A callar, metomentodo!

¿Qué otra opción tenía? ¿Decir la verdad y que, en adelante, tanto lo que Jim como ella hicieran o dijeran estuviera bajo la lupa ya no solo de Doreen, sino de toda la bendita familia? Le daban escalofríos de pensarlo.

—Supongo que sí —admitió, pensando que quizás podía intentar una tercera vía: la de decir una parte de la verdad, pero no toda—. Hice algo que no le gustó y provoqué un pequeño cortocircuito… —Tras un mohín cómico, cambió de tema—. Así que necesita ideas para no tener que ir a ver a su vecino y pedirle empleados como quien pide un poco de sal… Déjeme pensar… —continuó, risueña.

La tercera vía tampoco funcionó. 

Doreen conocía lo bastante bien a su sobrino para saber que si se había descolgado de la llamada de aquella forma tan abrupta era porque el cortocircuito no había sido pequeño. La forma en que Lilly había abandonado la cocina cuando la discusión entre Jim y Tim a cuenta de Sue Anderson había derivado hacia ella. El hecho de que Jim hubiera salido detrás de Lilly de inmediato, como si creyera que debía aclarar las cosas o, al menos, tranquilizar a la muchacha… Ignoraba qué más había sucedido mientras estaba en el hospital, pero, al volver a casa, se había dado cuenta de que Lilly rehuía a Jim. Cuando el encuentro era inevitable, se comportaba como la chica risueña de siempre. Sin embargo, luego seguía evitándolo. Y ahora, él también la rehuía a ella. 

Fue cuestión de segundos que el cerebro de Doreen uniera las distintas piezas y llegara a una conclusión. Esta la llevó a otra y, sin proponérselo, la situación apareció con claridad en su mente. Y con ella, una sonrisa se dibujó en su rostro. 

—Ya veo… —concedió—. Bueno, Jim es un buenazo. Se enfada en el momento, pero enseguida se le pasa. Estoy segura de que lo resolveréis.

La muchacha se quedó de una pieza. ¿Por qué tenía la sensación de que ahora era Doreen la que estaba dando una respuesta para salir del paso? Sus palabras daban a entender una cosa, pero esa sonrisa…

«¡¿Te dije o no que lo llevabas escrito en la frente?!», festejó la odiosa voz de su cabeza.

¿Tan transparente soy? ¡Ay, mierda, Lilly!


* * * * *


La llegada de Chris cambió el foco de interés y lo hizo de tal manera que Lilly deseó que hubiera hecho su aparición triunfal diez minutos antes.

Los perros corrieron a recibirla y durante unos instantes se formó un revuelo de saltos, lametazos y aullidos alrededor de la recién llegada.

—Vale, vale, vale… Yo también me alegro mucho de veros, amiguitos… Pero no me empujéis, que pesáis una tonelada y no quiero caerme… ¡Necesito que mi rodilla se recupere cuanto antes!

—Buenos días, Chris… Empezaba a pensar que íbamos a tener que enviar a alguien a despertarte… —la saludó Doreen—. ¿Estás mejor de tu dolor de cabeza?

—Y tan bien —intervino Lilly—. Lleva toda la mañana hablando por teléfono…

Las dos veces que había pasado por la casa, precisamente para saber si Chris necesitaba algo, la había encontrado con el móvil pegado a la oreja. En realidad, no era extraño. Así era siempre que Ken estaba de viaje. Hablaban, se enviaban mensajes y luego volvían a hablar para comentar algo de lo dicho en los mensajes. 

—¡Buenos días! Es verdad, mi teléfono ha estado sonando y sonando —dijo, cuando ya estaba atravesando el salón hacia la zona de sillones—. ¡Tengo una gran noticia para daros!

Lilly miró a su hermana intrigada al tiempo que sonreía. Ella se estaba acomodando en el sillón de enfrente con una sonrisa tan radiante que la curiosidad empezó a devorarla. 

Doreen se incorporó en el asiento de inmediato.

—¿A qué esperas, mujer? ¡Cuenta, cuenta! 

Chris se sentía tan eufórica que de buena gana se habría puesto a bailar. Y eso justamente fue lo que dejó traslucir su voz cuando dijo:

—¡Tengo un contrato de trabajo por dos años como consultora externa en la OADASV! 

—¿En Nashville? —exclamaron Lilly y Doreen casi al mismo tiempo.

Chris asintió con una sonrisa radiante.

—En Nashville.

—¡Toma noticia! ¡Con razón hablabas tanto! —se rio Lilly y fue ella quien, tras darle un abrazo de oso a su hermana, se puso a bailar moviéndose al son de una música imaginaria—. ¡Tenemos Nashville para rato! 

—¡Qué noticia más maravillosa, Chris! —dijo Doreen—. ¿Lo sabe Ken? 

—Sí, y seguro que está haciendo lo mismo que Lilly… ¡Bailar de alegría! Me dijo Jamie que la negociación fue durísima. A nuestra jefa y a la directora de la OADASV les costó tres días llegar a un acuerdo. ¡Pero ya está; lo han logrado! —Suspiró—. Estoy tan ilusionada… El Proyecto Semillas significa tanto para mí, que la idea de trabajar en otra cosa distinta se me hacía difícil… Pero estas mujeres fabulosas han hallado la fórmula perfecta… —Sonrió—. Es un sueño hecho realidad.

—¿Y cuándo empiezas? —se interesó Doreen.

—En cuanto mi médico me dé el alta. Ahora mismo, mi estatus oficial en la organización es «de baja». Tendré que regresar a Toronto un día o dos por cuestiones legales, que aprovecharé para embalar algunas cosas. Y luego cogeré un vuelo a Nashville y… ¡De vuelta a casa!

Chris tan solo reparó en lo que había dicho un instante después de hacerlo. Sintió un burbujeo agradable recorriendo su pecho. Una sensación acogedora y familiar. 

La sonrisa de Doreen le indicó que también se había percatado de que, a pesar de ser canadiense y tener a su única familia de sangre en Toronto, era allí donde tenía su hogar. No en Nashville, ni siquiera en Mystic Oaks, sino junto a Ken y su familia. Y le hizo muy feliz que fuera así.

Fue en ese momento cuando Lilly, que también se había percatado de ello, tomó conciencia de que vivir en Nashville era ya un hecho. La sensación que la embargó fue agridulce. Deseaba estar en Mystic Oaks y, al igual que para Chris, sus planes tenían todo que ver con Nashville. Se veía allí, dedicándose a su pasión: la alta cocina. Sin embargo, la idea de mudarse al edificio principal y pasarse los próximos dos años evitando verse las caras con Jim le preocupaba mucho. 

La llegada de Robert, acompañado por Logan y Cameron, arrancó a Lilly de sus pensamientos. 

Los perros enseguida se revolucionaron. Sultán corrió a darles la bienvenida a los tres hombres, mientras Noah y River se dedicaron a homenajear a Logan. Después de Robert, era a quien más conocían de cuando vivían en Springfield.

—¿Qué tal, señoras? ¡Ya estamos de vuelta y con buenísimas noticias! —avanzó, muy animado.

—¡Pues espera a que sepas las buenísimas noticias que tenemos por aquí! —exclamó Doreen a su vez.

Y se lanzó a aplaudir efusivamente. 


* * * * *


A Jim le había llevado un buen rato tranquilizarse y volver a centrarse en el trabajo. 

«Ah». Eso era lo mejor que se le había ocurrido decir. Cualquier otra cosa habría delatado su enorme cabreo y… 

¿Y qué, campeón? ¿Tú crees que ese «ah» le habrá parecido normal?

Conociendo a Doreen, se habría dado cuenta de que algo sucedía y ya estaría haciendo cábalas. Seguro que volvería sobre el tema.

Había dicho que Lilly y ella estaban planeando algo. ¿Algo en lo que él podía participar? Sí. Estaba bastante seguro de que había dicho eso. Qué gracia. ¿Lilly y él, organizando algo? Como no fuera para estrangularla, no se imaginaba en qué otro plan podía «participar».

¡Joder, ya vale, tío! Olvídate del asunto y céntrate. Tienes un cerro de trabajo por hacer.

Afortunadamente, al cabo de un par de horas, el suelo había absorbido lo bastante para que pudieran entrar a cosechar con las máquinas. Tendrían que darse una buena paliza para recuperar el tiempo que habían perdido el día anterior, pero lo importante era que salvarían buena parte de la cosecha. Con un poco de suerte, la salvarían toda.

Tras comprobar su móvil y notar que no tenía noticias de Logan, decidió llamarlo. Estaba seguro de que la entrevista con Cameron debía haber ido bien, lo que lo tenía un poco ansioso era saber si Logan vería viable el plan de trabajo, después de estar in situ en la finca. Confiaba en que así sería, sin embargo, no estaba seguro. Para su familia era tan importante poner en marcha las dos explotaciones cuanto antes, que tampoco podía descartar que Tim y él hubieran pecado de optimistas al trazarlo. Especialmente ahora, teniendo en cuenta lo que les estaba costando conseguir mano de obra.

Colgó al oír la señal de que Logan estaba hablando con alguien. Volvió a calzarse los guantes y puso en marcha la cosechadora.

Por lo visto, iba a tener que seguir ansioso un rato más. 


* * * * *


La persona con quien Logan estaba hablando se hallaba a cincuenta metros de donde estaba Jim. Tim también estaba ansioso por conocer la opinión del jefe de capataces y se le había adelantado.

Logan, que en aquel momento estaba en el salón que había junto a la biblioteca, estudiando las agendas de trabajo en compañía de Robert, se levantó de la mesa. Tras indicarle con un gesto que tenía que atender la llamada, abandonó la estancia y se alejó varios pasos.

—¿Qué tal van las cosas por allí? —se adelantó a Tim.

—Por suerte, menos mojadas que ayer. Estamos trabajando con las cosechadoras. ¿Qué tal por Mystic Oaks? 

Logan asintió con la cabeza. La urgencia de Tim por saber era tal que apenas había demorado dos frases en soltar la pregunta del millón.

Él no necesitaba frases de cortesía. No era su estilo andarse con rodeos. 

—Complicado, tío. Muy complicado.

A Tim se le cayó el ánimo a los pies. 

—No lo ves viable —dijo.

—Con estas agendas, no. La explotación agrícola ya tiene una cabeza directiva con dos brazos ejecutores. Hemos contratado a Cameron.

—¡Qué bien! Es un buen comienzo.

—Sí. Parece un tipo muy dispuesto. Ya se ha puesto a trabajar. Está preparando un sector nuevo…

—¿Ya? —dijo Tim, sorprendido—. ¡Qué hacha!

—Ya te digo. Pero la explotación ganadera… No sé, Tim. Francamente, la veo muy verde. No están puestas ni las alambradas, tío.

—Yo puedo ocuparme de ella hasta que tengamos personal. Lo hemos hablado con Jim y él está de acuerdo…

—No será suficiente. Mira… Suponiendo que el candidato que viene mañana sea todo lo que a priori promete y también lo contratemos, está trabajando. No va a largarse sin más y, si lo hace, no nos interesa. No vamos a contratar a un tipo que deja colgada así como así a la empresa que le ha dado de comer los últimos seis o siete años… Menudo precedente. Tendrá que darles un mes de preaviso. Sería lo suyo, después de tantos años. Pero, como muy mínimo, dos semanas. Eso nos pone en noviembre y para entonces Jim, tú y yo tendremos que estar en Springfield para preparar el traslado. No habrá nadie para ayudarlo. En todo caso, con sus dos brazos solamente no avanzaremos gran cosa. Necesitamos más gente.

Tim meneó la cabeza. Eso quería decir que la puesta en marcha de la explotación se haría por fases, dedicando, en primer lugar, toda la fuerza de trabajo a la explotación ganadera, puesto que los animales llegarían a Mystic Oaks a finales de noviembre.

—¿Se lo has dicho a mi padre?

—No hizo falta. Tu tía lo dijo alto y claro en la reunión. Y me pareció que Robert estaba de acuerdo.

Tim frunció el ceño.

—¿Doreen participó en vuestra reunión?

Logan se rio.

—Yo diría que la dirigió. 

—¿En serio? 

—Te suena raro, ¿no? 

Y tan raro, pensó Tim. Aunque, pensándolo mejor, no lo era… De hecho, Doreen era la única de la familia que tenía formación universitaria para dirigir un negocio. 

—Más bien, me resulta inesperado. 

—No voy a negar que, al principio, a mí también me sorprendió. Pero me acostumbré enseguida a sus preguntas —reconoció sonriendo—. Siempre me ha parecido que es alguien con las ideas claras y hoy lo he confirmado.

—Lo es. Tiene las ideas clarísimas —aseguró Tim. Su voz sonó cargada de orgullo, como siempre que hablaba de la mujer que los había criado y educado a él y a sus hermanos, tras la muerte de su madre biológica.

Logan concedió a lo dicho por Tim asintiendo con la cabeza. Se recostó contra la pared derecha del pasillo. Era su turno. 

—Si has acabado con las preguntas, tengo un par que hacerte.

—Dispara.

—¿Quién es Chris Thompson?

La había conocido el rato que había estado en la biblioteca. Apenas habían intercambiado el par de frases de rigor. Y le había impresionado. No estaba seguro del porqué. Había una calidez en ella que no pasaba inadvertida. Robert había dicho que Chris y su hermana eran amigas de la familia, pero él llevaba toda la vida entre los Bryan y jamás las había visto antes.

—¿Ya te la presentaron? —quiso saber Tim. 

—Sí. La presentó como una amiga de la familia que está de visita. ¿Quién es? —insistió.

—Vale. Lo oyes y no lo repites, ¿de acuerdo? No quieren que se sepa. Chris es la novia de Ken.

Los ojos como platos de Logan le habrían mostrado a Tim a las claras su nivel de asombro, si hubiera podido verlos.

—¿Ken tiene novia? —se rio—. Tío, no sé si reírme o ponerme a organizar la fiesta… ¿Lo dices en serio? No me estarás tomando el pelo, ¿no?

—Nop. Va muy en serio. Y no está de visita. 

Un silbido aprobatorio precedió su expresión de júbilo.

—¡Guaaaaaaaaaauuuuuu! —exclamó Logan—. Así que la estrella de la familia al fin ha mordido el polvo… ¿En serio no puedo decir nada? ¡Me muero por meterme con él!

—Lo siento. No puedes o me la cargaré yo. Tendrás que esperar al comunicado oficial para darle caña.

Tras unas risas compartidas, Logan formuló su segunda pregunta.

—¿Y Lilly? 

—¿Por qué? ¿Te interesa? —bromeó Tim.

La risita irónica de Logan le comunicó que Lilly era demasiado joven para resultar de su interés en el sentido que Tim insinuaba.

—Es guapa. Y si tenemos suerte, pronto esta finca se llenará de tíos… Estará bien saber a qué atenernos, ¿no te parece?

Logan tenía razón. Lilly sería un bocado muy apetitoso para un grupo de duros vaqueros. Esta vez, Tim se rio en solitario durante un rato imaginando la situación. ¡Sabía de alguien a quien le iban a crecer cuernos de demonio en la frente!

—Lilly es la futura novia de Jim —explicó al fin y oyó que Logan se echaba a reír—. Pero todavía están a vueltas con el tema, así que tampoco puedes decirlo. ¡Se siente, tío!

—¡Qué fuerte! ¡Dos de tres! Quién lo hubiera dicho…

Logan se refería a que, tras años de soltería afectiva, dos de los hermanos Bryan parecían haber entrado en la fase «morder el polvo».

—Bueeeno… —dejó caer Tim, risueño, y no dijo más.

La sonrisa de Logan se agrandó en una mezcla de picardía e incredulidad. Jim era un ligón. Interactuar con tantas chicas aumentaba sus posibilidades de conocer alguna a quien no quisiera sustituir. Ken, por su calidad de estrella de la música, vivía rodeado de mujeres y, aunque su forma de entender sus relaciones con el sexo opuesto lo convertía en un tío bastante raro, era cuestión de tiempo que conociera a la mujer ideal y así había sido. Tim, en cambio, desde que había dejado el rodeo no había vuelto a tener una agenda social normal, como la que tenía antes… Hasta ahora, por lo visto.

—¿Qué dices? ¿Tú también has caído? 

Tim asintió. Ni él acababa de creerlo, pero sí, «había caído».

—Estoy viendo a alguien —admitió. Su voz denotó que sonreía porque, en efecto, una sonrisa aparecía en su rostro cada vez que pensaba en Sue. 

Había preferido no decir «estoy saliendo con alguien», pues aún estaban en la fase preliminar y no quería adelantar acontecimientos. Pero si de él dependía, cambiarían de fase en nueve días, cuando regresara a Nashville. Contaba los minutos.

Un nuevo silbido aprobatorio mostró el grado de sorpresa del jefe de capataces.

—¡Menuda pegada tiene esta ciudad! ¿Tres de tres? Increíble.

—Tres de tres —concedió—. Así que, ya sabes, ándate con ojo, que igual tú eres el siguiente… 

Logan se quedó cortado. La idea de volver a enamorarse le resultó extraña. ¿Cómo estaba su corazón?, se preguntó. ¿Estaba abierto a la posibilidad de conocer a otra mujer… o todavía seguía de duelo?

Y no supo qué responderse. 


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©️2026. Patricia Sutherland. Todos los derechos reservados.
Este material es solo para tus ojos. No lo compartas ni lo transcribas.
Gracias por respetar mi trabajo. ¡Y por leerme! 🩷


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CRS-08. Mystic Oaks, 2 (MO 2). Episodio 31


31


Lilly se las había arreglado para no unirse a los Bryan a la hora de comer. El buenazo de Cameron se había quedado trabajando en la finca hasta que la lluvia se lo había permitido y Robert lo había invitado a comer. Qué menos. Era lógico y, en otras circunstancias, no le habría importado quedarse y hacer sociales. En estas, no estaba de humor. 

Lo que sin duda había sido la gran noticia del día para su hermana, para ella tenía un lado preocupante que había seguido creciendo a medida que pensaba en ello. Era genial saber que el futuro inmediato estaba despejado y, en cierto modo, decidido. Chris y ella se quedarían en Nashville. Su hermana podría dedicarse al proyecto de sus amores y hacerlo en unas condiciones que no pusieran en riesgo su vida. Ella, por su parte, aguantaría con paciencia las tres semanas que le quedaban para librarse del cabestrillo y, después, comenzaría a dar los pasos necesarios que la condujeran a su primer objetivo: ganar experiencia trabajando en la cocina de algún restaurante hasta la primavera, cuando retomaría su aprendizaje junto al chef Daniel Richmond en su restaurante insignia «El Barracuda». La preocupante contrapartida era que serían dos años viviendo bajo el mismo techo que Jim.

La perspectiva le parecía tan mala que había empezado a considerar seriamente la necesidad de mudarse a la ciudad. No era lo que deseaba y en ningún momento había estado en sus planes separarse de Chris tan pronto. Sin embargo, trasladarse a un pequeño apartamento en el centro de Nashville le permitiría seguir en contacto con su hermana todos los días y no verse las caras con Jim. O, al menos, no tener que convivir con él. Le resultaba insoportable la idea de pasarse los próximos dos años evitando al menor de los Bryan.

La aparición en tromba de los peludos de la familia en el salón de la casa de los guardeses le anunció que Chris había llegado. Respiró hondo y forzó una sonrisa en sus labios. Palmeó cariñosamente la cabeza de Sultán, que enseguida empezó a frotarse contra ella y a lamerle las manos. Después, les dio la bienvenida a Noah y a River, rascando sus orejas, algo que a los cachorros les encantaba.

Chris colgó las correas en el perchero de la pared detrás de la puerta y, al volverse, vio a su hermana sentada en el sofá, acariciando a los perros. La televisión estaba apagada. Sobre la mesa baja había un bocadillo sin tocar y una taza con café que ya no humeaba. Que Lilly se hubiera descolgado de la comida con excusas vagas le había dado que pensar. Ahora empezaba a estar preocupada. Decidió no abordar el asunto directamente. Le daría cierto margen, pues con Lilly siempre era mejor dejar que hablara de ello cuando quisiera.

—Hola, cari… ¿Qué tal? ¿Qué haces aquí tan sola y en silencio?

Lilly se encogió de hombros. Eso había sido un fallo por su parte. Siempre que estaba en casa encendía la televisión. Aunque no le prestara la menor atención, le hacía compañía. Pero su cabeza estaba tan sobrepasada, que ni siquiera había caído en la cuenta de que hoy no la había encendido.  

—Nada. Estuve viendo la tele hasta hace un rato… Era un tostón. A ver si ahora hay algo que merezca la pena —dijo, encendiendo el aparato con el mando a distancia que había sobre la mesa baja. De paso, apartó de un cachete el morro de Sultán del plato. El demonio blanco ya había detectado la presencia del bocadillo y lo estaba olfateando—. ¿Qué tal la sobremesa? 

Chris se sentó junto a su hermana, apoyó el bastón a su lado y se estiró a darle un beso en la mejilla.

—Bien, muy bien… Cameron es muy divertido, muy agradable. Y Logan… Bueno, es Logan. Ken me habló de él, así que, en cierto modo, era como si ya lo conociera. Observador, de los que escuchan primero y, después, si acaso, hablan, directo… Es buena persona. Se le nota a la legua. —Sonrió—. Y también se nota a la legua el cariño que Robert y Doreen sienten hacia él.

—¡Y le encantan los perros!  —añadió Lilly, fingiendo un interés que no sentía en absoluto. No por Logan, que le había caído muy bien, sino por su propia apatía a hablar de nada—. Me encontré con él cuando subía el camino hacia la casa. Noah y River se pegaron a la ventanilla de su coche y no se iban. Lo recordaban… Fue él quien cogió a este lobito de la correa y lo retuvo hasta que yo llegué junto al coche. Si no, todavía lo estaríamos buscando…

Como si supiera que estaban hablando de él, Sultán emitió un aullido. Noah y River ladraron. Sultán volvió a aullar. Los terranova volvieron a ladrar. Dando lugar a un intercambio sincronizado de aullidos y ladridos que se extendió durante unos instantes.

Las chicas se echaron a reír.

—¡Cada día nos sorprenden con algo nuevo! —festejó Lilly—. Uno de estos días nos van a dar un concierto…

Chris se sintió aliviada al ver que Lilly volvía a ser la chica risueña de siempre, al menos durante un rato.

Sin embargo, vio que el rostro de su hermana perdía la sonrisa poco a poco.

—Oye, Chris… Estuve pensando que voy a alquilar un apartamento pequeño en el centro… Verás, es que… —Se dio la vuelta en el sofá hasta quedar de frente a su hermana. Vio que ella la miraba con sorpresa y no le extrañó—. No creo que sea una buena idea trasladarme contigo al edificio principal… 

Y tras una mínima pausa, hizo lo que hacía siempre: sufrir un ataque de verborrea cuando el asunto en cuestión le preocupaba. Y este, sin duda, había secuestrado toda su energía.

—Jim me importa —reconoció. De hecho, le importaba mucho más de lo que le gustaría—. Pero no creo que vaya a salir nada bueno de esto. A largo plazo, quiero decir… Está claro que darle un buen morreo sería buenísimo, ¿qué chica no querría enrollarse con el tipo más sexy de la galaxia? Pero, ¿y después, qué? Mira, hoy sin ir más lejos, estaba con Doreen cuando él la llamó y fíjate lo tensos que estábamos los dos… Él, por su lado, y yo por el mío, claro; no llegamos ni siquiera a hablar —aclaró—, que ella se dio cuenta ¡y me lo preguntó! ¿Te lo imaginas? «Disculpa la pregunta, Lilly, pero ¿sucede algo entre tú y Jim?» —dijo imitando a Doreen—. ¡Tierra, trágame, por favor! No nos hemos enrollado. Hoy por hoy, ni siquiera nos hablamos, ¿y la familia ya está preocupada por nosotros? —Negó con la cabeza enérgicamente, haciendo que su coleta negara también con ella—. No. Ni hablar, Chris. Al fin tienes a alguien aparte de mí en tu vida. Alguien con quien te sientes muy unida. Eres feliz y vas a poder dedicarte a lo que de verdad te gusta, aquí mismo, en Nashville. No seré yo quien lo estropee. Y la verdad es que no me siento capaz de pasarme los próximos dos años evitando encontrarme con alguien que vive bajo mi mismo techo… No va a salir bien. —Cogió las manos de Chris y las apretó entre las suyas—. ¿Me ayudarás a alquilar un apartamento en la ciudad? Y también tendremos que pensar cómo explicarlo a la familia… Pero bueno, primero lo primero: tengo que largarme de aquí, Chris. ¡Ay, Diosss, no quiero hacerlo…! Pero creo que es lo mejor para todos.

A Chris le produjo tanta ternura que su reacción fue abrazar a Lilly. Estrecharla fuertemente.

—Cariño, no me mates… Con tanta euforia por lo de mi nuevo contrato, olvidé decirte que no vamos a trasladarnos al edificio principal.

Sintió que Lilly se deshacía en un suspiro y casi se escurría entre sus brazos de puro alivio.

—¿Lo dices en serio? —musitó, con el llanto en la garganta.

—Sí, Lilly. Muy en serio —repuso, buscando su mirada y, al ver que tenía los ojos llenos de lágrimas, se enterneció aún más—. Le dije a Ken que no podemos seguir adelante con ese plan. Nuestra reunión del domingo con la familia está cancelada. Le pedí también que no le comentara nada a Robert sobre la conversación que escuchaste. Se sentiría muy avergonzado y no queremos eso, ¿verdad? Así que… Nos quedamos aquí, cariño.

—Ay, Chris… ¡Gracias, gracias, gracias…! ¡Qué alivio más grande!

Lilly ya no se contuvo. Las lágrimas rodaron libremente por sus mejillas y se acurrucó aún más contra su hermana, quien, con una sonrisa apenada, le acarició el pelo, consolándola.


* * * * *


Chris le concedió a Lilly el tiempo que necesitó para recuperarse, sin dejar de confortarla entre sus brazos. Poco a poco, ella fue calmándose y, al fin, se apartó. Se sonó la nariz con un pañuelo que llevaba en el bolsillo de los vaqueros y, tras secarse las mejillas con el dorso de la mano, se dejó caer contra el respaldo del sofá con un suspiro.

—¿Mejor? —se interesó Chris, apartando unas hebras de pelo de su frente.

Lilly volvió a suspirar. No estaba mejor. Tan solo había puesto fin al bochornoso espectáculo de llorar como una magdalena… Por un chico. Aunque le diera muchísimo apuro reconocerlo, esa era la verdad. Lloraba porque le desesperaba la idea de colgarse de Jim. Algo que, probablemente, habida cuenta de la llorera que acababa de tener, ya había sucedido. 

«¿Probablemente, dices? ¡Llevas su banda del pelo en la muñeca!», se burló una voz en su cabeza.

La ignoró, pues estaba demasiado preocupada por la situación.

—No sé qué hacer —reconoció. Miró a Chris y volvió a ser Campanilla por un rato, anunciando con histrionismo al tiempo que levantaba su dedo índice—: ¡Y si se lo chivas a alguien, negaré sobre mi honor haberlo dicho! Pero «este quiero y no debo porque es una malísima idea» me tiene en un sinvivir… 

Esta vez fue Lilly quien tuvo que concederle tiempo a su hermana para que dejara de reírse.

—Eso no me ayuda, que lo sepas —protestó.

—Disculpa, cariño… —dijo Chris intentando ponerse seria—. Solo tienes miedo de equivocarte y es normal. Todos pasamos por eso.

—¡Qué alivio saber que no hay nada raro en estar más perdida que un pulpo en un garaje! —se rio con ironía—.  No me consuela, peeero…

Chris se movió más cerca de Lilly y le pasó un brazo alrededor de los hombros.

—De repente, aparece alguien que atrae tu atención. Es distinto de todo lo demás que has conocido y te das cuenta de que vas a tener que abrirte y confiar —empezó a decir, como si hablara consigo misma. 

Lilly volvió el rostro para mirar a su hermana. Chris no la estaba mirando. Sus ojos parecían estar puestos en algún punto de la pared del salón, pero en realidad, miraba sin ver.

—Ahí es cuando te entra el pánico —continuó— y lo único en lo que puedes pensar es en echar a correr. Lejos, lejos, lejos… Cuanto más lejos, mejor. —Sonrió y, esta vez, las miradas de las hermanas se encontraron—. No puedes negar que eres una Thompson, Lilly.

—Pero tú lo has logrado. Has conseguido no huir. Has conseguido abrirte y confiar.

Para Chris, el mérito era de Ken, que no se había rendido. Sin embargo, al fin y al cabo, estaba en Nashville, junto a él, reconoció. ¡Con un contrato que le permitía quedarse dos años más! 

—Y tú también lo lograrás, cariño. 

Lilly se acurrucó contra el pecho de su hermana y suspiró.

—Gracias, Chris. Esto sí que me consuela… Me consuela mucho.


* * * * *

En Springfield, la sobremesa también se estaba alargando más de lo habitual. La mañana de trabajo había empezado muy pronto y había sido especialmente dura hasta que al fin habían podido entrar con las máquinas a cosechar.

Tim le había adelantado algo a Jim sobre su conversación con Logan. Ahora, mientras tomaban un café, estaba contándosela en detalle.

—Me parece que Cam se ha ganado a Logan. A papá también, claro, pero tú y yo sabemos quién es el hueso duro de roer aquí… 

Tim se refería a la actitud cooperativa del flamante nuevo empleado de Mystic Oaks. Ofrecerse a echar una mano antes siquiera de haber firmado el contrato de trabajo —y de hecho, haber trabajado en el sector agrícola hasta que la lluvia le había impedido continuar— había sido un gesto de buena voluntad que alguien exigente como Logan tendría muy en cuenta.

Jim concedió con un movimiento de la cabeza.

—Tiene pinta de ser un buen hombre. Se nota que le gusta su trabajo y que sabe lo que hace. Otro punto a favor es que no se anda con rodeos —dijo. Y se calló que, curiosamente, lo único que no le gustaba de él es que a Lilly le gustaba. Y ella a él, por supuesto: el tipo no era ciego.

—Necesitaríamos otros ocho o nueve como él… Pero me parece que no caerá esa breva. Al menos, no antes de diciembre, que es cuando estaríamos a tiempo de mantener las agendas tal como las trazamos…

—Ya. Nos hemos pasado de optimistas…

Tim enseguida fue a quitarle hierro al asunto. 

—No podíamos imaginarnos que la gente de allí sería tan esquiva a las aventuras…

Jim sacudió la cabeza sonriendo.

—Dirás a cambiar un trabajo fijo que asegura el pan de tu familia por partirte el lomo en una explotación nueva que tiene un nombre «new age» y unos tíos muy osados a la cabeza, que encima no juegan de locales…

—Supongo que es otra forma de decirlo, sí.

Ambos sonrieron con resignación.

—¿Cómo se ha tomado papá lo de la puesta en marcha por etapas? —quiso saber Jim.

—No le cogió de nuevas, eso seguro, porque la tía lo dijo antes de que Logan lo comprobara in situ al ver el estado de los sectores… Estuvo en la reunión. Es más, Logan dice que era ella la que hacía las preguntas. ¿Qué te parece?

Jim lo miró sorprendido.

—¿Doreen? 

—La misma que viste y calza —repuso Tim, sonriendo, al tiempo que asentía con la cabeza corroborando lo dicho.

«Haciendo reposo, como me ha dicho el médico. Para que veas lo buena que soy». Las palabras resonaron en la mente de Jim, que sonrió al tiempo que meneaba la cabeza. 

Reposo y una mierda. ¡Les estaba poniendo las pilas a todos!

Jim se encogió de hombros.

—Bueno, a lo mejor fue una cosa del momento… Hacía tiempo que no veía a Logan y ya sabemos cuánto cariño le tiene… Pero estaría bien que se involucrara en serio, ¿no? Si hay algo que a la tía le sobra es sentido común y claridad mental. 

—Amén, hermano —concedió Tim.

Jim se quedó pensando. 

—Y no solo eso… —continuó—. Podría beneficiarnos mucho que se implicara… Piénsalo, Doreen se lleva de calle a todo el mundo. Siempre ha sido así. Llega a un sitio por primera vez y diez minutos después la gente la trata como si la conociera de toda la vida… 

—Infunde confianza —convino Tim.

Jim asintió enfáticamente.

—Y se hace querer. Todo el mundo la aprecia. 

—Y la admira —volvió a convenir Tim. Él, el primero.

—Ahora, traslada eso a lo que tiene que ver con el rancho… —Los hermanos se miraron animados como si acabaran de encontrar el eslabón perdido—. Ya no vamos a ser esa explotación nueva que tiene un nombre «new age» y unos tíos muy osados a la cabeza… 

—Ya no —festejó Tim—. De repente, nos hemos vuelto sólidos y fiables.

—Exacto —afirmó Jim, encantado—. Menudo descubrimiento, ¿eh?

Se hizo un momento de silencio durante el cual ambos se dedicaron a sus propios pensamientos. Tim decidió abordar otra cuestión. No hallaría una ocasión mejor de hablar de un asunto personal que traía de cabeza a su hermano y que, en su opinión, él no estaba enfocando bien.

—Se trata de generar confianza y no de darla por sentada. —Jim tomó otro sorbo de café. «Ya estamos…», pensó. ¿Era una impresión suya o ya no hablaban del rancho, ni de Doreen, sino de él?—. No nos conocen y las apariencias no hablan en nuestro favor, precisamente. La verdad es que no tienen por qué fiarse de nosotros. La confianza hay que ganársela.

La mirada desafiante de Jim se posó sobre su hermano, indicándole que ya estaba bien de sermones.

Tim la ignoró y continuó:

—Sé creativo, Jim. Sé Doreen. Tienes su mismo talento para encandilar a la gente y llevártela de calle. Haz que confíe en ti —le aconsejó con cariño. 

Y no aclaró a quién se refería, pues ambos lo sabían de sobra.


* * * * *



Por la noche…


Jim acabó de abotonarse la camisa e introdujo los faldones dentro de sus pantalones. Ajustó el cinturón y se echó un vistazo en el espejo.

Hoy había escogido colores más vivos. Una camisa a cuadros azules y rojos, unos vaqueros lavados a la piedra y unas botas cortas estilo tejano de color crudo, hechas de cuero repujado y pintado a mano. Después de una buena ducha se sentía bastante mejor y la imagen que le devolvió el espejo se lo confirmó. 

Permaneció allí, mirándose, mientras le daba vueltas a una idea en la cabeza. Al fin, se estiró a coger su móvil de la cómoda que estaba al lado y seleccionó el número que necesitaba.

Sonó cuatro veces hasta que lo atendieron.

¡Hey! Todavía no estoy lista. No se te ocurra decirme que estás abajo, esperándome, porque te va a tocar esperar un buen rato… —oyó que Summer le decía.

Jim asintió con la cabeza, decidido a continuar. No era algo que hiciera a menudo. De hecho, ahora que lo pensaba mejor, era su primera vez. Concretamente, la primera vez que no se comportaba como un cerdo.

—No voy a ir. Perdona que te avise tan tarde… Ha sido un día complicado y me he despistado con la hora…

Durante unos instantes, no hubo respuesta. Jim no oía nada. Ni siquiera había ruido de fondo. 

Para que yo me aclare… ¿Es por el día complicado o es por mí? Lo digo porque el día puede cambiarse…

Jim se encontró con sus propios ojos en el espejo. Brillaban y era evidente que la situación, tal como había supuesto, le estaba resultando incómoda. Precisamente por eso nunca cancelaba una cita. Si llegado el momento no podía o no deseaba acudir, simplemente no se presentaba.

—Es por una chica —se sorprendió diciendo—. Antes, cuando me llamaste…

Por sexta vez —precisó ella, con retintín.

—Por sexta vez, sí…  Te dije que tenía otras cosas en la cabeza. No son cosas; es una chica. Así que no voy a ir, ¿de acuerdo?

¿Seguro? —insistió Summer, con suspicacia. Su tono dejó claro que la fama de mujeriego le precedía y ella estaba al tanto.

Jim respiró hondo. 

—Sí, seguro. 

Vale… Supongo que ya nos veremos por ahí —se despidió ella.

Jim tenía la extraña certeza de que no sería así. Sin embargo, no se molestó en decirlo. Tampoco habría sabido cómo explicarlo. De modo que, simplemente, cortó la llamada. Después, guardó el móvil en el bolsillo trasero de sus vaqueros y se dirigió al salón.

Tim apartó la vista de la televisión. 

—¿Ya te vas? 

Jim se encogió de hombros. Paseó su mirada alrededor antes de responder.

—Me apetece una partida de billar. ¿Te apuntas?

—Creí que habías quedado…

—No. Bueno, sí, pero no. He cambiado de idea —dijo, sin más y enfiló hacia la puerta—. ¡Venga, tío, levántate de ahí! Pienso ganarte, así que, ¡lleva pasta…!

Tim no lo dudó un instante y se puso de pie. Jugar una partida al billar siempre era un buen plan. Empezaban ellos dos solos y al final siempre se formaba un corrillo de amigos y conocidos, que también se apuntaban, y pasaban un rato ameno hablando de todo un poco. Ignoraba qué había sucedido para que Jim hubiera cambiado de idea, pero no desaprovecharía la ocasión. Después de la paliza a trabajar que se habían dado, a los dos les vendría muy bien salir a distraerse.

—¡Lo mismo te digo, colega, lo mismo te digo!


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CRS-08. Mystic Oaks, 2 (MO 2). Episodio 32


32


Cuando Chris y Lilly se despidieron hasta el día siguiente, Doreen se quedó en la cocina, disponiendo la mesa para el desayuno del día siguiente. Físicamente se encontraba cansada, pues había sido un día largo en el que no había hecho todo el descanso debido. Sin embargo, mental y anímicamente se sentía muy bien. En especial, si tenía en cuenta que su hermano Frank estaba de regreso en Montana. A lo largo de los años, los primeros días tras su marcha siempre habían estado cargados de recuerdos y, en consecuencia, de melancolía. Esta vez, no. Lo echaba mucho de menos, por supuesto. No obstante, esta vez era diferente. El presente estaba tan lleno de expectativas y de ilusión que no dejaba lugar para la nostalgia. Estaba viviendo un gran momento y no podía estar más agradecida por ello. 

«Ocho minutos», pensó maravillada. Era absolutamente increíble cómo podía cambiar la vida de una persona al constatar de primera mano la condición efímera de su propia existencia. 

Ahora ya nada era igual que antes. Ahora se abrazaba al presente con brazos y piernas, dispuesta a disfrutar a fondo cada regalo que la vida le ofreciera.

La llegada de Robert la sacó de sus pensamientos con una sonrisa.

—¿Ya has instalado a Logan en su habitación? —le preguntó. Habían dispuesto una situada en la primera planta, junto a la de Jim.

Él se dirigió hasta Doreen, quitó con suavidad de sus manos el plato en el que ella estaba disponiendo los distintos tarros de mermelada, lo dejó sobre la mesada y, a continuación, empujó la silla de ruedas hasta la mesa. Una vez allí, se sentó junto a Doreen y le pasó un brazo alrededor de los hombros, atrayéndola hacia él, sin mediar palabra.

Robert cerró los ojos y exhaló un suspiro. Llevaba todo el día ansiando el momento de volver a tenerla solo para él. Y al fin había llegado. No podía creer la cantidad de horas que habían transcurrido desde la última vez que había estado así, con aquella preciosa mujer entre sus brazos, sintiendo su calor y oliendo su embriagador perfume. Estaba en la gloria. No había otra forma de describirlo.

La primera reacción de Doreen fue reírse. Este Robert impulsivo, espontáneo, era un nuevo descubrimiento que todavía seguía tomándola desprevenida. Sin embargo, muy pronto, su necesidad de él y de sus abrazos le ganó la mano a la sorpresa y ella también cerró los ojos.

Durante unos instantes ambos permanecieron en silencio, disfrutando de su mutua cercanía.

Poco a poco, al fin los dos regresaron al aquí y ahora. Se miraron con complicidad y fue él quien habló en primer lugar, diciendo algo que hizo reír a Doreen.

—Volver a verte me desconectó el cerebro —reconoció con picardía—. ¿Me repites la pregunta, por favor? 

Los ojos de Doreen lo miraron rebosantes de ternura y de admiración.

—No sé en qué rincón habías arrumbado esta versión tan arrolladora de ti, pero me encanta que la hayas recuperado… Y en cuanto a la pregunta… —Se rio al tiempo que meneaba la cabeza—. ¡No me acuerdo! ¡Se ve que a mí también se me desconectó el cerebro al verte!

Robert asintió con la cabeza. Sus ojos continuaron sobre Doreen, intensos, amorosos. La versión de él a la que ella se refería no había estado arrumbada en ninguna parte. Era nueva y tenía todo que ver con Doreen. Aunque llevaba días burlándose de sí mismo, diciéndose que había vuelto a la adolescencia, en realidad, no era así. Este Robert no era el adolescente con las hormonas alteradas ante su primera experiencia amorosa; era el hombre de 65 años descubriendo la fuerza y la ilusión del amor en la vida adulta.  

—Y, por curiosidad… ¿Esta versión arrolladora de Robert Bryan te gusta tanto como para quedártela… Digamos, el resto de tu vida? 

Estaba siendo muy directo y lo sabía, pero necesitaban resolver esa cuestión. Él lo necesitaba desesperadamente. Aunque quizás, pensó, podía suavizarlo un poco sin perder el rumbo.

—Lo que quiero decir es que aún hay versiones de mí que todavía no has visto y que quizás te gusten más…

«Vaya», pensó Doreen. Por lo visto, tocaba conversación profunda. Habría preferido una buena sesión de besos, reconoció. ¡O de sexo! Eso siempre. Pero no tenía quejas. Ya no.

Doreen posó sus dos manos sobre el pecho masculino, instándolo a que se apartara. Si tenían que hablar de ese puntilloso asunto, no quería artimañas románticas que la ablandaran antes de tiempo.

Robert sonrió para sí y, respetuosamente, alejó su asiento alrededor de cincuenta centímetros de la silla de ruedas. Posó sus antebrazos sobre la mesa para que quedara claro que mantendría sus manos quietas y recién entonces la miró, procurando no echarse a reír de los nervios. El gran momento había llegado tras quince largos años.

Doreen maniobró con su silla hasta quedar de frente a él y abordó el tema de la forma habitual: con dulzura y sin rodeos.

—Me gustan todas las versiones de ti, Rob —concedió—. Siempre me han gustado. Sin embargo, llevo más de tres décadas ejerciendo como tu cuñada. Eso es lo que he sido y lo que soy para todos los que nos conocen: tu cuñada y la tía de tus hijos. Si eso cambia… Públicamente, quiero decir, tendrás que asumir que habrá habladurías y comentarios malintencionados. Porque, honestamente, la realidad de cómo han sido las cosas entre tú y yo, nuestra realidad, resultará bastante difícil de creer una vez que llevemos una alianza en el dedo. Esas habladurías pondrán en jaque tu seriedad y tu decencia. La pregunta es: ¿Estás preparado para hacer frente a que tu buen nombre quede en entredicho?

Si Robert había sido directo, Doreen no se había quedado atrás. Acababa de dejar claro una vez más que su claridad mental no era ninguna leyenda urbana.

Sin embargo, Robert no estaba procesando las hipotéticas consecuencias que podría tener que su romance se hiciera público. Se había quedado varias frases atrás y, por lo tanto, la primera pregunta que formuló no fue en absoluto lo que ella esperaba.

—¿Qué has querido decir con «siempre me han gustado»?

«Qué fallo…», pensó Doreen. Toda una vida manteniéndolo en secreto, guardando las apariencias, para acabar delatándose ella solita de una forma tan tonta y tan inesperada. Ya estaba hecho, de modo que tocaba apechugar.

—Lo que he dicho —repuso lo más digna que pudo, a pesar de saber que su tez ya no podía lucir tan naturalmente clara como era habitual. Le ardían las mejillas—. Siempre es siempre, Rob.

El shock fue grande. La mente de Robert se había pasado años negando por activa y por pasiva lo que su corazón parecía tener tan claro: que Doreen también lo amaba. Que sus sentimientos hacia él eran tan profundos y antiguos como los suyos hacia ella. Pero esto cambiaba las cosas. ¿Insinuaba que siempre había estado enamorada de él? Porque, en efecto, siempre era siempre. ¿De verdad, eso era cierto? 

Robert contuvo el aliento unos instantes. Al fin, suspiró. 

—¿Quieres decir que estos sentimientos no son nuevos para ti? —Meneó la cabeza—. Oh, por Dios bendito… —Extendió su mano frente a él—. Mira, estoy temblando… 

Una intensa ternura se adueñó de Doreen, que cogió la mano temblorosa de Robert y volvió a posarla con suavidad sobre la mesa. En realidad, no era eso lo que deseaba hacer. Se moría de ganas de comérselo a besos. La profunda dulzura de Robert y lo auténtico que era a la hora de expresar sus emociones lo convertían en el ser más adorable del universo para Doreen. Sin embargo, no era momento de ponerse románticos. El tema que tenían entre manos era muy serio. Podía hacer peligrar incluso el proyecto Mystic Oaks.

—Tú has querido hablar de esto y, como ves, el asunto tiene más bemoles de los que tú creías. ¿Qué tal si dejas de temblar y te centras? 

Robert apretó los párpados mientras una sonrisa feliz brillaba en su rostro.

—¿Centrarme, dices? ¡Me pondría a bailar aquí mismo! ¡No puedo centrarme, mujer! —reconoció, riendo—. Y tú tampoco podrás cuando sepas que los míos tampoco son nuevos. Llevo quince años enamorado de ti, Doreen. ¡Quince años! —exclamó, sus ojos refulgían de ilusión—. ¿No es increíble que nos haya tomado tanto tiempo dar este paso?

«¿Quince años? ¿Cómo que…? ¡¡No puede ser!!», pensó ella.

Amor, ilusión, emoción y bastante incredulidad dominaron el rostro de Doreen.

—Te lo estás inventando para seducirme… —protestó, poniendo morritos. Intentaba resistirse a la llorera, a pesar de que las lágrimas ya rodaban por sus mejillas.

Robert posó su mano sobre la mejilla femenina. La reacción de Doreen fue cerrar los ojos y apretarse contra aquella mano que la hacía sentir tan querida. 

—No es ningún invento —aseguró él—. ¿Recuerdas ese día que Jim volvió de la escuela con pegotes de chicle en el pelo? —Ella asintió con una leve sonrisa—. No quería que le cortaras su adorada melena, así que cuando llegué a la cocina, ahí estabais los dos: él sentado en un taburete, con la cabeza pringada de mantequilla de cacahuete, y tú en otro, detrás de él, con una pinza de depilar en la mano, intentando despegar los trozos de chicle mechón a mechón. Vuestras risas me guiaron hasta allí… Pero fuiste tú quien me mantuvo contra el marco de esa puerta durante… —Se encogió de hombros—. No sé cuánto tiempo estuve allí sin anunciarme. No podía dejar de mirarte. Era un día muy caluroso y estabas descalza, con un solero estampado que no tenía  mangas… —Señaló su propio cuello—. Las tiras se ataban en la espalda y tenías el cabello suelto… Entonces, lo llevabas muy largo… Eras la visión más hermosa que había visto jamás y supe, en ese instante, que no era a mi cuñada a quien miraba…, sino a la mujer de la que me estaba enamorando.

—No puede ser… —dijo Doreen—. A ver, espera… ¿Quieres decir que llevo tres décadas suspirando por ti y creyendo que eras una quimera, cuando hace quince años que dejaste de serlo? No sé si matarte o arrancarte la ropa y…  —La mirada femenina se transformó—. ¿He dicho «no sé…»? Sí, que lo sé. ¡Por supuesto que lo sé! 

Doreen pasó de la incredulidad a la locura de amor en un instante. Al intentar echarle los brazos alrededor del cuello, su herida le recordó de muy malas maneras que ese no estaba entre los movimientos permitidos, obligándola a corregir la posición de su cuerpo.

—Ayúdame a levantarme —pidió, aunque su voz sonó con tal nivel de urgencia que él enseguida se dispuso a obedecer.

—¿Dónde…? —preguntó él, una vez que ella estaba de pie.

—¿Sobre tus piernas te parece lo bastante cerca? —se insinuó, y añadió—: Ya sé que no es lo que escogerías. Consuélate; yo tampoco. Pero quiero besarte hasta dejarte sin aliento y en esta casa las distancias son tan grandes que nos tomaría toda la noche llegar hasta una cama…

Robert la sostuvo por la cintura con ambas manos, cerca, muy cerca de su cuerpo. Su maltrecho corazón estaba desatado, empujándolo a más. A vivir a fondo cada minuto. 

—¿Recuerdas que esta cocina tiene una alacena muy espaciosa? —propuso él. Buscó la mirada femenina, sintiéndose un Robert muy distinto, mucho más osado del que había sido toda su vida—. Con estantes reforzados y una silla alta. Está pensada para poder distribuir las cosas con comodidad, pero quizás pueda servir a otros fines, ¿no crees? 

Doreen lo instó a que volviera a sentarse con un gesto.

—Lo recuerdo. También está el cuarto de la lavadora —concedió moviendo las cejas sensualmente—. Los usaremos mucho, eso seguro, pero ahora empezaremos aquí… 

Lentamente, ella se acomodó de costado sobre las piernas masculinas. Su herida no chilló. Era una buena señal.  

Robert la dejó hacer con el corazón latiendo a mil por hora. Tantos años deseando poder tener esa clase de intimidad con ella… Estaba embobado por la experiencia. Totalmente esclavo de lo que sentía: una mezcla de amor y deseo tan intensos, que cada célula de su cuerpo vibraba de emoción.

El primer beso llegó de repente, a modo de preludio. Doreen abrió su boca sobre la de Robert y su lengua invadió la boca masculina sin ninguna timidez.

—Me debes quince años de besos y caricias, Rob. Quince años de revolcones de esos que te dejan desmayada en la cama, sin fuerzas ni para pestañear… —declaró apasionadamente sobre sus labios—. Para el sexo habrá que esperar, pero lo demás… Lo demás voy a empezar a cobrármelo desde…

Robert la silenció con un beso pleno y profundo, enredando su lengua en la suya. Encendiéndola. Tanto como lo estaba él. 

—No solo tú, yo también —musitó—. Así que vamos a empezar a cobrárnoslo. Desde ya mismo.

Las manos de Robert ascendieron sobre la espalda femenina por debajo de su camisola hippie, directamente sobre la piel. Las de Doreen no se quedaron atrás. Desataron los tres primeros botones de la camisa masculina. 

Los dos se estremecieron intensamente cuando ella posó sus palmas sobre el pecho desnudo de Robert. Se tomaron un momento para mirarse, temblando de amor.

Y un instante después, sus bocas volvieron a unirse en un beso fogoso y largo, que fue el inicio del momento más ardiente que la pareja había compartido hasta el momento.


* * * * *

A Robert y a Doreen les tomó siglos dejar de besarse y acariciarse. Lo que ambos sentían era demasiado intenso para obedecer a la razón sin más. Hubo varios intentos fallidos hasta que al fin Doreen regresó a su silla de ruedas y Robert volvió a abotonarse la camisa. Procuraron no mirarse mientras se separaban. Sabían que, de otra forma, se arriesgaban a que la tentación los devolviera de inmediato uno a los brazos del otro. Ambos eran plenamente conscientes de que el tiempo que los separaba de que su relación pasara al plano más físico de todos, se acortaba vertiginosamente. La audacia de las caricias y la profundidad de los besos no habían dejado el menor lugar a dudas.

Sin embargo, debían acabar con la conversación que habían dejado a medias y sabían que no sería sencillo hacerlo. A la dificultad de tratar un tema peliagudo, se sumaban las intensas emociones provocadas por la acuciante necesidad de estar juntos. 

Nuevamente, fue ella quien tomó la iniciativa, lanzando la gran pregunta por segunda vez. 

—Soy Robert Bryan, Doreen —repuso él—. Con habladurías o sin ellas, seguiré siendo tan decente y honorable como lo he sido toda mi vida. La cuestión es otra: ¿estás tú preparada para convertirte en la mujer que está en boca de todos, gracias a esas habladurías? No hace falta que te recuerde que esta sociedad en la que vivimos es mucho más crítica y cruel con una mujer que con un hombre.

Robert conocía la respuesta, pero sentía que debía preguntarlo. Pues, si bien Doreen tenía razón al advertirle de que los rumores correrían raudos y vilipendiosos, no era menos cierto que, desde siempre, ella se había mostrado muy reticente a la idea de casarse. El matrimonio, como institución, no le hacía ninguna gracia. 

Doreen sacudió la cabeza en un gesto de incredulidad.

—Estás evitando responder a mi pregunta y poniendo deliberadamente la pelota sobre mi tejado, Rob. Es obvio que seguirás siendo decente y honorable. Tan obvio como que yo seguiré viviendo mi vida como me plazca, independientemente de lo que opine la gente. Faltaría más. No es eso lo que te he preguntado —dijo mirándolo con una sonrisa pícara en los labios—. Y lo sabes.

Robert concedió con un gesto de la mano. En efecto, no era eso lo que Doreen le había preguntado. Sin embargo, aquella preciosa mujer también estaba escurriendo el bulto.

—De acuerdo. No me agrada en absoluto la idea de que mi esposa sea motivo de habladurías.

A pesar de que ninguno de los dos dijo nada al respecto, la palabra «esposa» los hizo estremecer. Era, sin duda, el anhelado colofón a muchos años amándose en secreto.

—Esto no es Springfield —continuó él—. Aquí, apenas nos conocen y el asunto en cuestión tendría una resolución cuando no perfecta, bastante conveniente, si nos casáramos antes de poner en marcha el negocio. De esta forma, ya no tendría que presentarte como a mi cuñada, ni haría falta explicar por qué Ken tiene tus mismos ojos. —Su mirada no se apartó de ella, calibrando el grado de aceptación de sus palabras. Las más importantes que le había dicho nunca. Los ojos femeninos brillaron intensamente—. Pero tú eres una mujer de ideas poco convencionales. Siempre has cuestionado la importancia del matrimonio. De hecho, si no recuerdo mal, has llegado a decir en alguna ocasión que no pensabas casarte. Así que… —dijo con dulzura. Otro gesto de su mano, le cedió la palabra.

Durante años, Doreen había descartado la idea de casarse porque estaba enamorada de un hombre que no podía ser suyo. Lo cual, no era lo mismo que no estar dispuesta a hacerlo. 

—Lo dije, sí. Y lo sostenía hasta hace una semana. La razón no tiene que ver con el matrimonio, sino con la persona. No pensaba casarme con otro hombre que no fueras tú. —Sus ojos se llenaron de lágrimas—. Y tú… Bueno, pensaba que tu corazón no me pertenecía… —Detestaba lo que estaba a punto de decir, lo último que quería era traer a su hermana al presente en un momento como aquel, pero debía hacerlo—. Creía que Martha era la mujer de tu vida.

Oh, Dios. Oh, Dios. Oh, Diossss, Doreen…

Robert extendió una mano y acarició la barbilla femenina con infinita suavidad. 

—Lo fue durante unos pocos años —reconoció—. Ella se marchó muy pronto de nuestro lado… Sin embargo, tú sigues aquí. Igual de maravillosa, cautivadora y única. Tú eres la mujer junto a quien he vivido desde entonces, compartiendo un hogar, criando a mis hijos como si fueran nuestros, educándolos y viéndolos crecer… Puede que no fueras mi mujer en el sentido estricto de la palabra, pero en todo lo demás, sí. Has sido mi compañera y mi mejor amiga. La mujer que me esperaba con la comida pronta y las anécdotas infantiles del día. La persona a la que deseaba ver cada minuto que estaba fuera de casa… La mujer de mi vida eres tú.

Doreen intentaba resistir con todas sus fuerzas. Mantenerse firme y no ceder a la emoción. Se estremecía del esfuerzo que hacía para no echarse a llorar a moco tendido. Un esfuerzo tan evidente que le estaba derritiendo el corazón a Robert, quien la miraba amorosamente procurando darle espacio.

Exhaló un suspiro, tragó saliva y se concentró en responder.

—No voy a organizar una boda en mitad del traslado. Es una locura. Mucho menos en invierno. —Un sollozo truncó su voz, pero fiel a su decisión de no ceder, se recompuso y volvió a intentarlo—. Será en primavera.

Robert se habría puesto a bailar y a cantar allí mismo. Tal era su alegría. Le costó Dios y ayuda contenerse, pero lo hizo. Aunque no lo pareciera, aquello era una negociación. La negociación más importante de sus vidas. Y Doreen era un hueso muy duro de roer.

—No voy a esperar a la primavera para gritarle al mundo que eres mi esposa —repuso él—. La boda será en primavera. El matrimonio civil será ahora.

En medio del llanto que apenas lograba contener, aquellos ojos azules casi transparentes lo miraron con asombro. Asombro, sí. Pero no contrariedad. Mucho menos, objeción.

Robert se creció. Tomó el rostro femenino entre sus manos y se inclinó a besar sus labios una y otra vez.

—Me he estado informando y no hay período de espera. Así que, dentro de nueve días, cuando los chicos estén aquí, iremos al registro, firmaremos el acta de matrimonio y nos convertiremos en marido y mujer. —Buscó su mirada—. ¿Te parece bien?

El llanto, poco a poco, se había transformado en alegría. Después de tantos años soñando con un amor que creía imposible, estaba a nueve días de convertirse oficialmente en su esposa. ¡No se lo podía creer!

—Mmm… —objetó, haciendo que Robert sonriera de expectación. Con las mejillas arreboladas a la par que húmedas por las lágrimas y el rímel un poco corrido, su rostro le pareció más hermoso que nunca—. Diría que falta algo importante. Que sepas que si has pensando en saltártelo, va a ser que no. Ah, ah. Puede que no sea una mujer de ideas convencionales, pero no vas a casarte conmigo si no me lo pides como corresponde.

Se miraron sonrientes.

—¿Crees que un romántico como yo se saltaría un paso tan importante? Por supuesto que te lo pediré, Doreen. Y no te diré cuándo. Solo lo sabrás en el mismo momento que esté sucediendo ante tus maravillosos ojos.

Ella asintió, satisfecha.

—Te tomo la palabra, Robert Bryan —repuso, lanzándole una mirada coqueta—. ¡Estoy deseando que me sorprendas!


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CRS-08. Señoras y señores… ¡Demos la bienvenida a Jackson Sullivan!


¡Hola, Romántica!

La comunidad de Mystic Oaks sigue tomando forma y hoy es momento de presentarte a la flamante incorporación: el capataz del sector ganadero del rancho ❤️

MO,2 Personajes: Jackson Sullivan

Esta semana tendrás la ocasión de verlo en acción en el episodio 33 y espero que te sorprenda tanto como a mí. Verás que es de esos que aparecen sin pedir permiso, se instalan cómodamente en la historia y empiezan a reclamar atención desde el primer minuto. ¡Creo que nos regalará muchos momentos geniales y no solo en el sentido romántico de la palabra! ♥️♥️♥️

La imagen la encontré hace tiempo en Pinterest y la guardé en mi tablero privado de Mystic Oaks por pura intuición.
Sin embargo, mi cerebro no hizo las conexiones oportunas hasta que lo vi dirigirse hacia Robert y Logan que lo están esperando en la puerta de vitrales. «¡Es él!», pensé y fui corriendo a mi tablero privado para comprobarlo… Ya sabes que detesto los spoilers, así que tendrás que esperar a leer el episodio para saber a qué me refiero.

Normalmente, te ofrecería un bloque titulado «Jackson Sullivan, en flashes…». Esta  vez, no será así. Jackson acaba de aterrizar en el rancho y en la vida de los Bryan, y tengo muchas ganas de que lo vayamos conociendo juntas porque la cosa promete 😜

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CRS-08. Mystic Oaks, 2 (MO 2). Episodio 33


33


Jackson «Jax» Sullivan no era exactamente lo que Robert y Logan habían esperado. Llegó a bordo de una BMW F 650 CS Scarver de llamativos acabados, pintada en una combinación de azul celeste metalizado y naranja mate, cuyos motores habían anunciado su llegada mucho antes de que él y su bólido de dos ruedas se materializaran en el camino de entrada a la casa.

Alto, delgado y vestido de cuero de la cabeza a los pies, su imagen se correspondía más con la de un motero que con la de un futuro capataz de una explotación ganadera. 

La sorpresa fue aún mayor cuando, al quitarse el casco, su barba de tres o cuatro días y su largo cabello rubio quedaron a la vista. Especialmente para Robert, quien comprobó con desagrado que Sullivan llevaba el pelo más largo incluso que Jim. 

Ajeno a la perplejidad de los dos hombres que lo esperaban ante una llamativa puerta doble decorada con vitrales, Jax apuró el paso hacia ellos con una sonrisa y su mano en alto, a modo de saludo.

—Buenos días y encantado de saludarlos. He estado un buen rato recorriendo el perímetro y… ¡Guau! ¡Menuda finca más impresionante!

—Igualmente. Soy Robert Bryan y él es nuestro jefe de capataces, Logan Philips.

Los hombres se estrecharon las manos por turnos.

—Bonita moto —apuntó Logan, como un gesto de cortesía—. Un poco ruidosa, pero muy llamativa.

Jax se volvió a mirarla al tiempo que asentía, satisfecho.

—¿A que sí? Las motos son mi segunda pasión…

Logan y Robert intercambiaron miradas.

—¿Y cuál es la primera? —se interesó el jefe de capataces.

—Los Cuarto de Milla… ¡Amo a esas bestias! Aún no había cumplido los diez cuando mi padre me montó en uno… ¡Fue la caña! No he dejado de aprender sobre ellos desde entonces… ¡Ni de montarlos! Cerca de mi trabajo hay una pequeña granja que los cría. El dueño es un buen tipo y me propuso un trueque: me permite ir a montar dos o tres veces por semana, a cambio de un poco de ayuda con el trabajo. —Sacudió la cabeza, sonriendo—. Para mí no es trabajo: es disfrute. ¡Acepté encantado!  

Logan y Robert volvieron a intercambiar miradas. La segunda impresión estaba siendo mucho mejor que la primera. 

—Es bueno saberlo —concedió el jefe de capataces al tiempo que señalaba el camino al interior de la casa, cediéndole el paso a Jax con un gesto cortés de la mano.

«Y tan bueno», pensó Robert satisfecho. Sabía de alguien a quien Jackson Sullivan le caería de maravilla antes siquiera de conocerlo en persona.


* * * * *

Al cabo de una hora y media de entrevista, las siguientes impresiones de Jax habían sepultado en el olvido a la primera. Tal como les había adelantado Jim, a pesar de la juventud de sus 27 años, Jackson Sullivan tenía una larga experiencia en la cría de ganado bovino y ovino, así como muchos conocimientos sobre la cría de caballos de rodeo, adquiridos a título personal, puesto que, según había dicho, eran su pasión. Gracias a que había desempeñado sus primeros años de trabajo en una explotación agrícola de maíz, sorgo y soja, también disponía de buenos conocimientos y experiencia en la materia. La pregunta de por qué quería cambiar de trabajo la había despejado con sinceridad:

—Mi jefe está cambiando la orientación del negocio para mantenerlo rentable, centrándose exclusivamente en la cría de Limousin genéticamente pura. Hace unos meses se incorporó un socio a la empresa, que, aparte del capital que aporta, ocupa el puesto al que yo aspiraba… No quiero estancarme. Tengo la experiencia y la capacidad para dirigir una explotación ganadera y eso es lo que quiero hacer.  

Tampoco se había mostrado especialmente impresionado por el estado del sector ganadero, a pesar de que este era peor que el del sector agrícola. Tan solo había cincuenta metros de alambrada, que habría que quitar, puesto que no se adecuaba al nuevo trazado. Era un remanente que aún quedaba en pie de cuando la finca había estado en explotación, años ha. 

Logan, fiel a su estilo directo, no suavizó la situación.

—El lunes se incorpora nuestra primera contratación. Cuando la explotación esté en marcha, será el capataz del sector agrícola. Ahora y, hasta que sea necesario, trabajará donde nos haga falta. Por el momento, son las únicas dos manos con las que contamos… Y los animales estarán aquí a finales de noviembre. 

Jax lo miró interrogante. Logan se encogió de hombros.

—Las contrataciones están yendo más despacio de lo que esperábamos…

—Ya —concedió él. Que fueran nuevos en la región, explicaba que les estuviera costando conseguir personal—. Creo que podría ayudar con ese tema. Conozco gente en Franklin que trabaja en esto. También tengo un amigo que dirige una cuadrilla de vaqueros de ganado. Aquí es muy común que los rancheros echen mano de este tipo de soluciones temporales para las épocas de trabajo fuerte.

Robert le habría dado un abrazo de buen grado.

—Muchas gracias, Jax. Estaría muy bien si pudieras facilitarnos los contactos.

—Claro. Les dejaré sus números, pero si me dan un rato, también hablaré con ellos para que no tengan que llamar a teléfono frío.

Logan asintió varias veces con la cabeza. Aquel tipo estaba resultando ser una mina de oro. Y no pensaba dejarlo escapar. Era hora de concretar.

—Muy bien. Y en cuanto a ti… Si las condiciones te parecen bien y nuestro proyecto te interesa, ¿cuándo podrías incorporarte?

—Por mí, mañana mismo —repuso ilusionado, logrando que durante un instante las esperanzas de Logan y Robert cayeran en picado—. Pero no llegaré antes que los animales. No creo que pueda incorporarme hasta el 2 de diciembre. Esta es la época fuerte y hay mucho trabajo. —Se quedó pensando unos instantes, al cabo de los cuales, añadió—: Hablaré con mi jefe. Si me permite librar los viernes por la tarde, compensando las horas de lunes a jueves, los fines de semana podría venir a trabajar aquí y marchar de regreso a Fayetteville el domingo por la noche. Total, serán cinco o seis fines de semana nada más… —Los miró satisfecho—. Está chupado.

—Será mucha tralla. ¿Tu novia estará de acuerdo? —dijo Logan. Sabían que no estaba casado, pero eso no quitaba que mantuviera una relación sentimental con alguien. Prefería asegurarse de que eso no se convertiría en un problema más tarde.

—Soy libre como el viento —aseguró, con una sonrisa—. Mi tiempo es solo mío.

Logan no pudo evitar sonreír ante la cara de satisfacción de Sullivan.

—¿Qué pasa? —bromeó—. ¿Aún no has encontrado a alguien que te apasione más que los Cuarto de Milla? 

Los ojos del candidato se iluminaron de auténtica felicidad, dejando claro que, aunque hubiera declarado «amar» a esas bestias, lo que amaba por encima de todo era su libertad.

—¡Aún no!

Las caras de Robert y Logan dejaron claro que la entrevista había sido un éxito y que el candidato había superado con creces la primera impresión negativa que ambos se habían llevado.

Fue entonces cuando Robert le ofreció una sonrisa amable y demostró cuánto estilo tenía para abordar cuestiones incómodas.

—Nos has impresionado, Jax —le dijo—. Tanto, que si me aseguras que cuando vayas a las subastas de ganado o atiendas a los proveedores, tu cabello estará pulcramente recogido en una coleta, a poder ser fuera de la vista, redactaremos tu contrato hoy mismo.

Logan se tragó una sonrisa. Jackson, directamente, se echó a reír al tiempo que sacudía la cabeza.

—¡Eso délo por hecho, señor Bryan! La verdad es que no suelo llevarlo tan largo. Quédese tranquilo. Cuando volvamos a vernos, estará mucho más corto. ¡Igual no me reconoce! —bromeó.


* * * * *

Ken había pedido a Tom que lo dejara solo y llevaba un buen rato, sentado en la cama de su habitación del hotel, reuniendo calma para hablar con su padre. Sabía que tendrían que mantener una conversación muy seria cuando regresara a Nashville y quizás para entonces estuviera más preparado de lo que estaba ahora. Sin embargo, como mínimo, debía avisarle del cambio de planes respecto de la casa de los guardeses y de que no habría conferencia telefónica con sus hermanos en Springfield. Suponía que, dadas las objeciones iniciales de su padre, no le ofrecería la vivienda a Logan hasta hablar con Chris. Pero quería asegurarse. 

Ya había cogido el móvil de la mesilla cuando este empezó a sonar. 

«Justo lo que me pide el cuerpo», pensó con una sonrisa al ver que se trataba de Chris. 

—¿Qué tal está la mujer más preciosa del mundo? —se adelantó.

Oír su risa suave le hizo cosquillas en el oído.

¿Ahora mismo? ¡Con la autoestima por las nubes! Gracias, por cierto… Oye, ¡cuánto silencio! ¿Qué has hecho con tus fans? ¿Las has atado y amordazado en cuanto has visto que yo estaba al teléfono?

Ken sacudió la cabeza, divertido.

—A ti te voy a atar… —repuso con todo el doble sentido del mundo.

Ambos rieron cómplices unos instantes hasta que Chris reanudó la conversación.

Hablando en serio, ¿qué tal estás? Ya he visto por la tele que la actuación de anoche fue un éxito total… Además, Bella me ha enviado varios enlaces de vídeos que tus fans han subido a internet, y a ti y los chicos se os ve pletóricos, dándolo todo en ese escenario tridimensional… ¡Enhorabuena, Ken!

Había sido genial la experiencia de volver a actuar por segunda noche consecutiva acompañado de sus propios músicos. A pesar de lo poco que habían podido ensayar, su nueva banda funcionaba como una maquinaria perfectamente engrasada. Tocaban de maravilla juntos.

—Gracias, nena… La verdad es que estuvo muy, muy bien —concedió con una gran sonrisa—. Y la de hoy estará mejor todavía porque, sabiendo que después haré los petates y pondré rumbo a casa, estaré inspiradísimo… —Suspiró al tiempo que se dejaba caer sobre la cama—. Me muero por verte.

Y yo por verte a ti, amor —musitó Chris y sonrió con picardía antes de decir—: ¿Qué tal estás para un cotilleo recién salido del horno?

Ken soltó una carcajada.

—Sí, claro, tú desvía el tema, no sea que las ganas de vernos puedan con nosotros, y salga por patas ahora mismo rumbo a Nashville —dijo entre risas.

Es mejor no tentar al diablo… Además, estoy segura de que te vendrá muy bien oír lo que voy a contarte…

—¿Y eso?

Sé que te quedaste mal por la cancelación de nuestros planes originales… Pero yo creo que en la vida todo pasa por algo y, si ya estaba convencida cuando hablamos ayer, algo que sucedió después me confirmó que era la decisión correcta. Estas señales que nos envía el universo… No sé… Son como faros en la noche. No solo te ayudan a saber dónde estás exactamente, también te advierten de posibles peligros que ignorabas. Siempre me maravillan. 

Ken todavía seguía en «modo frustrado» por la bendita cancelación, por tanto aún necesitaría algún tiempo más para alcanzar el «modo maravillado». A pesar de lo cual, no dejaba de asombrarlo la capacidad de Chris para ver el universo como un mapa interconectado en el que nada sucedía por azar.

—No me quedé mal, preciosa —repuso, intentando quitarle hierro al tema—. Fue inesperado y también un poco chocante en lo que a mi padre se refiere…

Chocante, ¿por qué?

—Porque ya no soy un niño ni estamos en Springfield. Compartimos un espacio común y, desde luego, quiero a mi familia conmigo, con nosotros. Llevo años intentando que volvamos a reunirnos. Pero entiendo que el tiempo de pedir permiso pasó hace mucho… 

No creo que se trate de eso, Ken… Diría más bien que se trata de plantear las cosas antes de decidirlas… Compartir un espacio común supone compartir también los planes personales y ver cómo encajan en el contexto general… Hacer que se sientan parte de las decisiones y sepan que su opinión nos importa. Porque, de hecho, así debe ser. Debe importarnos.

Ken asintió asombrado una vez más.

—Cuánto me queda por aprender… ¿Tú crees que se me pegará algo de tu sabiduría si me pego a ti? —añadió, travieso.

Chris se rio.

Habrá que probar —coqueteó, pero enseguida volvió al tema, pues sabía que, bromas aparte, Ken estaba preocupado—. No te fustigues. Conseguir que las personas que trabajan para un mismo proyecto convivan en armonía es parte de mi trabajo. Juego con ventaja porque llevo muchos años practicando.

—¿Sabes? Siempre me alegro de oírte, pero hoy muchísimo más… Estaba a punto de llamar a mi padre cuando entró tu llamada, y es la primera vez que me sentía mal con él. Disgustado. Iba a llamarlo, no para hablar de lo nuestro —se apresuró a aclarar—. Me has pedido que no lo diga y no lo diré. Pero necesita saber que la casa de los guardeses seguirá ocupada para que no se la ofrezca a Logan… Después, sería incómodo dar marcha atrás. Ahora estoy mucho más a gusto con la idea de hacer esa llamada.

En un minuto vas a estarlo mucho más —dijo animada—. ¿Cotilleamos, quieres?

—¡No sé cómo te las arreglas, pero la curiosidad empieza a matarme! ¡Venga, suéltalo ya! 


* * * * *

Ken se había quedado con la boca abierta al oír la noticia. No era una novedad que Jim y Lilly congeniaban de maravilla. Los días que su hermano pasaba en Nashville siempre estaban juntos. Por otra parte, que Lilly estuviera interesada en él no era extraño: su hermano tenía mucho éxito entre las mujeres. Lo que lo había dejado de una pieza era que Jim le hubiera puesto nombre a esa gran afinidad que había entre los dos y hubiera ido tan lejos como para decírselo a Lilly. Jim no era un tipo enamoradizo. No salía con mujeres por otro interés que el sexual. Y, definitivamente, no tenía novias. 

—Estoy alucinando —fue lo primero que salió de su boca.

Chris sonrió al tiempo que asentía con la cabeza.

Lilly también —concedió—. Bueno, eso cuando no está ocupada intentando huir despavorida. ¿Te suena de algo?

Los dos rieron. Los tiempos en los que él intentaba acercarse un paso y Chris retrocedía seis ahora parecían muy lejanos en el recuerdo. Sin embargo, no hacía tanto que el conejillo asustadizo había dejado de huir.

—No puede negar que es tu hermana.

¡Eso mismo le dije yo! —se rio—. Fíjate si estaba en pleno ataque de pánico, que me suplicó que la ayudara a alquilar un piso en la ciudad… Cuando le dije que habíamos cancelado el plan de trasladarnos al edificio principal, por poco se desmaya del alivio. Pobre, me dio una pena… 

Ah… A eso se había referido Chris al hablar de las señales del universo, pensó Ken. La conversación de su padre con Doreen, que Lilly había oído sin querer, había dejado en evidencia que el plan de trasladarse al edificio principal provocaba marejadas en la familia. Y ahora, también quedaba claro que separaría a las hermanas, puesto que Lilly prefería mudarse a la ciudad con tal de evitar a Jim. Entonces, Ken lo comprendió de verdad. Un plan que solo era bueno para Chris y para él no era un buen plan.

—¿Quieres que zurre a mi hermano por asustar a la tuya? —propuso travieso.

¿Quieres que mi hermana me zurre a mí por habértelo contado?

—Vaaale. Mantendré el pico cerrado. ¡Con las ganas que tengo de meterme con Jim…! —se quejó en broma.

Sé por Tim que el pobre está tan perdido como Lilly… Es mejor quedarnos al margen. Ya resolverán lo que tengan que resolver. Les tengo mucha fe —repuso animada—. Y ahora voy a dejarte para que hables con tu padre. ¿Cuándo fue la última vez que pasasteis veinticuatro horas sin saber el uno del otro?

Ken asintió enfáticamente con la cabeza.

—Creo que nunca —concedió, sintiéndose culpable.

Entonces, llámalo y luego cuéntame qué tal te ha ido.

—¿Te he dicho hoy que te adoro? 

No…

—Pues… Te adoro, Chris. Eres lo mejor de mi vida.


* * * * *

Lilly bufó al tiempo que volvía a bajar por milésima vez la mano con la que sostenía el móvil. Estaba sentada sobre una piedra, cerca del arroyo. Con la excusa de sacar a pasear a los peludos de la familia, estaba reuniendo coraje para hacer algo que, visto lo visto, le daba más miedo que meter su mano sana en un avispero.

Miró hacia el arroyo donde los terranova jugaban en el agua como si no hubiera un mañana. ¡Cómo les gustaba zambullirse! Por el contrario, Sultán prefería mantener sus patas en tierra firme. Como mucho, se mojaba las pezuñas y volvía a alejarse. Era un cobardica.

«¿Y por casa cómo andamos de coraje, Campanilla? ¡Llevas una hora amagando con llamar a tu príncipe y siempre te echas atrás!».

Lilly hizo un gesto de disgusto cuando la inoportuna voz en su cabeza le recordó que no era la más adecuada para hablar de valor.

—A ver, ¿qué va a pasar por que lo llames? No va a haber ningún cataclismo ni vas a provocar ninguna alineación planetaria chunga. Lo llamas y cuando te atienda, le dices: «Hola, Jim. ¿Cómo estás? Te llamo porque te debo una disculpa. Te dije que me apuntaba al desayuno y no me presenté. Lo siento». ¡Y ya está! ¿Ves qué fácil? ¡Venga, ánimo!

Volvió a poner la pantalla del móvil a la vista y movió su dedo para seleccionar el contacto etiquetado como «Jim». Pero no pasó de ahí.

—¿Y si no me atiende? Si deja que suene, suene y suene… O, si me atiende, yo me disculpo, él las acepta y volvemos a ser amiguísimos…  —Con cada frase, se iba acelerando más y más—. Una cosa lleva a la otra y… No, no, no, no… ¡Mala idea, Lilly! ¡Mala idea!

Mano abajo otra vez con un nuevo bufido.

Su mente no dejaba de reproducir en bucle todas las posibles razones por las que no debía llamar a Jim. Y un instante después, seguía, erre que erre, insistiendo en hacerlo de todas formas. 

—También podría llamarme él, ¿no? Y no lo hace. Y cuando Doreen le comentó que estaba conmigo, todo lo que dijo fue: ¡«Ah…»! —exclamó, haciendo un gesto teatral con su mano buena—. No se sabe si fue un «Ah…» de «Mira qué bien» o un «Ah…» de «¿Y a mí qué me cuentas?» —Tras una pausa, se le ocurrió otro significado—: O un «Ah…» de «¡Mira, ya no está perdida en combate la cobarde esa!» 

«¿Que te llame, dices? Estará enfadado y con razón. ¡Lo has dejado colgado! ¿Pero tú en qué mundo vives, Campanilla? ¡Coge el maldito móvil y llámalo ya!».

La muchacha respiró hondo. Volvió a poner la pantalla a la vista, pero no la activó.

—Te vas a quedar bloqueada. Eso, en el mejor de los casos. Lo más normal es que empieces a tartamudear como una tonta… Y si no lo haces, será todavía peor. Esto no es una buena idea. ¿Recuerdas por qué? Repite conmigo: «Porque no quiero enrollarme con Jim». Otra vez: «No quiero enrollarme con Jim»… —Puso morritos—. Pero es un tío tan genial… Y tan requeteguapo… —Apretó los párpados—. ¡Mierda, Lilly!

Al fin, lo dejó por imposible, se puso de pie y volvió a guardar el móvil.

—¡Vamos, chicos! ¡Hora de comer! —les ordenó a los perros.

Y puso rumbo de regreso a la casa sin esperarlos.


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©️2026. Patricia Sutherland. Todos los derechos reservados.
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CRS-08. Mystic Oaks, 2 (MO 2). Episodio 34


34

Antes de marcharse, Jackson Sullivan había conseguido dos nuevos posibles candidatos interesados en el trabajo que ofrecían los Bryan y también que estos alcanzaran un acuerdo con la cuadrilla de vaqueros de ganado dirigida por su amigo para trabajar en Mystic Oaks por un mes a partir de la segunda quincena de noviembre. Esas cuatro semanas, contando con seis trabajadores expertos en la materia, les permitirían asegurarse de que la explotación estaba preparada para la llegada de los animales, así como darles una atención especial cuando ya estuvieran en su nuevo destino, ya que los jóvenes terneros llegarían estresados por el viaje. De las entrevistas, programadas para el día siguiente, se ocuparía Robert, puesto que Logan debía regresar a Springfield.

Doreen, por su parte, se había puesto en contacto con la contrata encargada de conducir el agua a los puntos de canalización y acabar de acotar las áreas para que empezaran a trabajar la próxima semana, previsiblemente el martes. Una vez que eso estuviera acabado —calculaban que tomaría alrededor de quince días—, procederían con la instalación de las casetas prefabricadas que habían alquilado para almacenaje, baños y zona de descanso de los empleados.  

Del tema del vallado, que Tim y Jim no querían dejar en manos de la contrata para evitar que los costes se dispararan, Robert, Doreen y Logan habían alcanzado un acuerdo. Si las entrevistas del día siguiente sumaban dos pares de manos más a la actual plantilla del rancho, se harían cargo de la tarea de forma prioritaria. De lo contrario, habría que asumir el coste extra.

Logan estaba en la habitación de invitados recogiendo sus cosas para marcharse, cuando recibió la llamada de Jim. Sonrió.

—¿Qué, echando de menos mi espalda doble ancho? Aguanta más peso que la tuya, ¿eh? —se le adelantó.

Oyó que Jim se reía.

Nunca pensé que este momento llegaría, pero sí, ¿cuándo dices que sale tu vuelo, por favor? ¡No podemos vivir sin ti!

—¿Qué tal la cosecha?

Déjate de cosechas. Tim está conmigo y queremos saber qué tal ha ido la entrevista con Sullivan. ¿Tenemos capataz ganadero o tendremos que seguir clonándonos para sobrevivir al traslado?

—Tranquilo, fue muy bien. Bastante mejor de lo que esperaba. Y además, nos ha puesto en contacto con otra gente. Mañana, tu padre hará otras dos entrevistas y ya tenemos a una cuadrilla de vaqueros de ganado que estará un mes con nosotros, a partir de la segunda quincena de noviembre. 

A continuación, Logan le relató a Jim someramente todo lo que estaba en marcha. También que, a pesar de que Sullivan no se incorporaría a tiempo completo hasta diciembre, iba a hablar con su jefe para acabar antes los viernes y poder trabajar en Mystic Oaks los fines de semana. 

Un silbido aprobatorio lo hizo sonreír satisfecho. Había sido un viaje muy productivo.

—A Tim le va a caer de fábula este tío… Es un loco de los Cuarto de Milla… Ya le hemos dicho que es tu hermano quien se ocupa de los caballos, pero creo que harán muy buenas migas. Parece un tipo muy dispuesto, de los que siempre quieren aprender, ¿sabes?

Jim se tomó un momento para trasladarle a su hermano lo dicho por Logan. El «¡Hurraaaaa!» de Tim sonó alto y claro.

Lo has oído, ¿no? —le dijo Jim a Logan—. ¡Qué alivio, tío! Parece que empiezan a llegar los refuerzos… ¿Y qué hay de nuestras agendas? ¿Siguen pareciéndote inviables?

Logan se sentó en la cama y meditó unos instantes su respuesta.

—Por el momento, sí. —Oyó el suspiro disgustado de Jim y decidió tranquilizarlo—. Mira, no vamos a malgastar el trabajo que habéis hecho en el sector agrícola. El lunes, Cam empezará a sembrar ese tercio que Tim y tú dejasteis preparado. Pero después nos centraremos en el otro sector. Es prioritario. En cuanto consigamos más gente para trabajar, nos plantearemos retomar los trabajos agrícolas en la medida de lo posible. El que podamos o no poner en marcha la explotación para la próxima primavera dependerá de con cuánta gente contemos y cuándo. Ya sabes cómo va el dicho, tío: «El que mucho abarca, poco aprieta». No vamos a hacer eso.

Ya —suspiró Jim—. Bueno, pues… Habrá que rezar para que sigan llegando los refuerzos…

—Podrías colaborar con tu tía. Doreen está pensando en ir a gorronear trabajadores a vuestros vecinos rancheros —explicó, riéndose—. A ver, no lo dijo tal cual, pero esa fue la imagen que apareció en mi cabeza y por poco me parto de risa en su cara. Será más productivo que rezar, eso seguro…

Jim se rio. Pero enseguida asoció lo dicho por su tía con lo que ahora comentaba el jefe de capataces. ¿Doreen estaba hablando con Lilly por eso? ¿Para planear algo que les permitiera entablar contacto con los vecinos y abordar el asunto, sin que pareciera que «estaban gorroneando»? ¡Qué lista! El día anterior no le había devuelto la llamada. Pero hoy lo haría. Quería averiguar qué se traían Doreen y Lilly entre manos.

Yo que tú no lo tomaría tan a risa. Doreen es capaz de venderle hielo a un esquimal, tío… Tienes razón: seguro que idear algo con ella será mejor que rezar… —«Y hablando de Lilly…», pensó—. Por cierto, ¿qué tal fue tu primer contacto con las tierras y las gentes de Mystic Oaks? 

De no saber lo que sabía, Logan lo habría tomado como una pregunta natural. No había ninguna duda de que la finca y la casa eran impresionantes… Pero sabiéndolo, era imposible no leer entre líneas. 

—La finca es un paraíso. La gran casa es una pasada; las otras no las he visto, pero esa me ha dejado con la boca abierta… Y en cuanto a las gentes… —Sonrió para sí ante lo que estaba a punto de decir—. En fin, tío, creo que vamos a tener que atar en corto a los vaqueros, ¿sabes lo que quiero decir?

Logan se las vio y se las deseó para no echarse a reír al imaginar la cara que se le habría quedado a Jim. Esperó a ver lo que respondía.

El lado celoso de Jim («competitivo», según él) se había puesto en guardia de mala manera ante aquel comentario. Sin embargo, logró no hacerlo evidente. 

No hace falta que lo jures… Pero me refería a qué te parecieron las chicas, Logan. 

«¿Las chicas o la chica?», pensó él.

—¡Ah, sí! Son muy agradables las dos… Con la mayor apenas intercambiamos un par de frases de cortesía cuando Robert me la presentó… Y a pesar de que me fui enseguida, la sensación con la que me quedé fue la de haber pasado un buen momento, ¿sabes? 

Lo llamamos «el efecto Chris»… Es de esas personas que no necesitan hablar para que te des cuenta de que están ahí… Es una tía genial —apuntó Jim. Logan asintió con la cabeza al oírlo. Por lo visto, no había sido solo su impresión. Esa calidez que la mujer desprendía era lo bastante evidente para que los Bryan le hubieran dado un nombre—. ¿Y su hermana?

Logan sonrió. «Ahora vamos con el tema que te interesa de verdad…».

—Y con su hermana… Lilly se llama, ¿no? Estuvimos conversando un rato. Se le había escapado el husky. Iba corriendo tras él cuando yo entré en la finca… Parece una chica muy divertida. Me hizo reír cuando se puso a regañar a su cachorro. El lobo es respondón como él solo… ¡Y qué inmensos están Noah y River!

En Springfield, Jim asintió con la cabeza. Logan tenía a su prometida en la cabeza todavía. Sin embargo, Lilly era un bombón y a nadie le amargaba un dulce. Después de analizar cuidadosamente las palabras del jefe de capataces, decidió que eran inofensivas. 

¿Has visto? Yo creo que serán más grandes que su madre… ¡Uy, sí! Sultán es de lo que no hay… —concedió, ya relajado—. Cuando hace una trastada y Lilly lo regaña, te tronchas de risa… ¡Parece una discusión entre humanos! 

—Sí… Fue un rato genial… Bueno, Jim, voy a dejarte. El vuelo no espera. Nos vemos mañana, ¿de acuerdo?

¡Hecho! ¡Te estaremos esperando con los brazos abiertos!


* * * * *


Jim guardó el móvil y se dio la vuelta buscando a Tim para comentar las buenas nuevas que Logan les había dado. Sonrió al ver que él estaba muy ocupado en otra cosa. A juzgar por su sonrisa Profidén estaba coqueteando por el móvil con la pelirroja.

«Esos dos hablan mil veces por día», pensó. Primero fue un pensamiento divertido. Después, sintió un poco de envidia. 

Volvió a subir a la cosechadora, ocupó su lugar al volante y se estiró a coger el termo con café que había en el suelo frente al asiento del acompañante. Usó la tapa para servirse un poco y tapó el termo. Al fin, apoyó la espalda contra el respaldo y dio un sorbo. El café estaba fuerte y enseguida se sintió mejor, despejado y con más energía. Tenía que ser psicológico, pensó, pues el líquido apenas había llegado a su estómago. Pero lo reconfortaba de todas formas. 

Aprovechando el chute de energía, su mente no tardó en regresar a Lilly. O, mejor dicho, a las consecuencias de no dejar de pensar en ella. 

En su niñez y en su adolescencia temprana, Chloe había sido un pensamiento constante. Pero habían pasado más de diez años desde entonces y él ya había perdido la costumbre de que una sola mujer ocupara tanto espacio en su cabeza. Era raro y muy perturbador.

La noche anterior Tim y él habían ido al centro de la ciudad, a jugar al billar. A los dos les había venido muy bien distraerse con amigos y conocidos a los que últimamente veían muy de tanto en tanto. Habría podido pasar el rato con alguna chica que había en el local —de hecho, con más de una—, pero era como si esa parte de él, aficionada al flirteo y al sexo por diversión, estuviera desconectada. Lo verdaderamente perturbador era saber que no le sucedía nada a su libido. Estaba perfectamente, solo se había vuelto selectiva. El problema era que la única mujer que lo encendía se hallaba a setecientos kilómetros y no estaba por la labor de tener una relación con él. 

Ninguna clase de relación, para ser precisos. 

No solo no se había presentado al desayuno, a pesar de habérselo prometido; dos días después, seguía sin tener noticias suyas. 

Ni siquiera se había disculpado. 

Eso le molestaba mucho. El lema de los Bryan era que si cometías un error que hería o perjudicaba a otra persona, lo primero era reconocerlo y disculparte con ella. Lo segundo, por supuesto, intentar enmendar el daño causado. Él sabía mucho de equivocarse, metía la pata mucho más que sus hermanos, y siempre había sido fiel a ese lema. Le costaba aceptar que Lilly lo hubiera dejado colgado y ni siquiera hubiera dado la cara para ofrecerle una disculpa. Un «lo siento, Jim» habría bastado. Sin embargo, lo único que había recibido por su parte hasta el momento era silencio. Un estruendoso silencio.

«Haz que confíe en ti», le había dicho Tim. 

Jim sonrió con ironía. 

Ya. ¿Y cómo se hace eso cuando la otra parte te evita como si tuvieras la peste? 


* * * * *

Mientras tanto, en la cocina de la planta baja…


Doreen y Robert conversaban mientras esperaban para despedirse de Logan cuando el móvil de Robert empezó a sonar. Era Ken. Doreen también lo vio y maniobró con la silla de ruedas para alejarse al tiempo que sonreía. Lo bueno de conocerse tanto y tan bien era que no había hecho falta que Robert le contara que no habían vuelto a hablar desde el espinoso asunto de la mudanza de las hermanas al edificio principal.

Robert la detuvo.

—Quédate, querida, por favor. 

—¿Necesitas apoyo moral? —se burló Doreen, ofreciéndole una sonrisa que portaba mucha más dulzura que burla.

La de Robert, en cambio, era ternura al cien por ciento de pureza.

—No, pero me gustaría que te quedes y escuches lo que digo… Y que intervengas, si quieres señalarme algo —repuso. Acto seguido atendió la llamada—. Buenos días, Ken. ¿Qué tal, hijo? Ya nos hemos enterado de que la actuación de anoche está acaparando todos los titulares. ¡Enhorabuena!

Doreen regresó a su sitio con una sonrisa, preguntándose si estaba a punto de ver al incombustible Robert Bryan en acción otra vez. 

Gracias, papá… Sí, fue muy bien. Y mejor que irá a medida que vayamos trabajando juntos, pero ya estoy muy conforme con mi nueva banda. ¿Qué tal por ahí? 

—¡Muy bien! Ya lo hablaremos con detalle en la conferencia del domingo con tus hermanos, pero te adelanto que ni en sueños imaginaba que las cosas irían tan bien… Mystic Oaks ya tiene contratados a sus dos capataces y estoy seguro de que te van a gustar cuando los conozcas. Son muy buenos fichajes. Esta semana ya empezamos a trabajar… Bueno, no yo, claro; yo solo miraré —bromeó, dedicándole a Doreen una mirada traviesa—. ¡Me parece increíble!

Al principio se había sentido algo forzado para la soltura habitual de sus conversaciones, pero estaba mejorando, observó Robert. 

Las observaciones de Ken fueron en otro sentido: su padre sonaba casi eufórico. Se preguntó si su evidente alegría tenía que ver con el rancho o con su vida personal. Ambas le parecían razones maravillosas.

Ya que mencionas lo del domingo, te comento que hay un cambio de planes por nuestra parte. Chris y Lilly no se trasladarán al edificio principal… por el momento. —Esta añadidura era de su propia cosecha. 

Chris había hablado de cancelarlos, no de posponerlos, pero necesitaba creer que dentro de algún tiempo, dejarían de tener que hacer el amor a escondidas. En realidad, lo que necesitaba creer era que pronto vivirían juntos, que ella formaría parte de su vida de manera definitiva.

Espero que no le hayas ofrecido la casa a Logan todavía porque no sé cuándo quedará vacante —fue un intento de bromear que le salió bastante mustio. En fin, ¿no decían que la intención era lo que contaba? Pues eso.

Robert arrugó el ceño. ¿Cómo era posible que sus planes cambiaran de repente? Cuando Ken lo había llamado para contárselos, parecían algo que ya estaba decidido.

—¿Ha sucedido algo, Ken? 

El primer pensamiento de Ken fue: «Sí, has sucedido tú». Pero enseguida comprendió que era su frustración la que hablaba. La realidad era otra, puesto que si Chris hubiera estado convencida de que mudarse juntos era la decisión correcta, la habría llevado adelante de todas formas. 

Nos precipitamos. Chris no está… —Ken no concluyó la frase. En cambio, tras una breve pausa, continuó—: Cree que no es el momento, que las ganas de estar juntos pudieron con nosotros. 

Robert asintió satisfecho. Era una respuesta muy coherente con la imagen que tenía de Chris. Sin embargo, había otra cuestión importante.

—¿Y tú qué crees?

No lo sé, papá… —Ken sonrió con resignación—. Entiendo a lo que se refiere y, cuando lo pienso desde su perspectiva, creo que tiene razón. Pero cuando lo pienso desde la mía… Estoy muy seguro de lo nuestro y lo único en lo que puedo pensar es en estar juntos todo el tiempo… Pero… —suspiró—. Chris es mi vida. Le dije que le daría todo el tiempo que necesitara y lo haré.

—Eso que dicen de que en la vida hay un momento para cada cosa no es un cliché, aunque lo parezca. Que el momento sea el idóneo es fundamental, especialmente en una relación de pareja. Creo que haces muy bien dándole espacio, Ken. De todas formas…

Robert hizo una pausa y posó su mano sobre la de Doreen, reclamando su atención, antes de continuar.

—Sabes que todos estamos encantados de tener a Chris con nosotros. Es una gran persona y desde el principio ha sido como una más de la familia… No sé qué habríamos hecho sin su ayuda y la de Lilly, por supuesto, cuando Doreen estaba en el hospital… Me refiero a que si Chris prefiere quedarse contigo, aquí en casa, cuando estás en la ciudad, será bienvenida… Es más —añadió ante la enorme sonrisa de Doreen—, si quieres, puedo comentárselo yo mismo para que no piense que es cosa tuya…

Ken hizo un gesto de aprobación con la cabeza. «Este es Robert Bryan», pensó con orgullo. Era un hombre de otra época y su forma de entender el mundo, a veces, provocaba grandes tormentas familiares. Pero su capacidad de reinvención y adaptación no tenía precedentes. La admiración que sentía por él creció, a pesar de su propia frustración. 

En otras circunstancias, Ken habría aceptado encantado su oferta; en estas, después de que Lilly oyera a Robert hablando con Doreen y se lo contara a su hermana, sería contraproducente hacerlo.   

Muchas gracias, papá. De verdad que agradezco mucho tu intención y tus palabras… ¿Sabes? Es todo muy reciente y mi intuición me dice que lo mejor es dejar estar este asunto por el momento… Por favor, no le digas nada.  

—Por supuesto. Quédate tranquilo. Mantendré la boca cerrada hasta que tú me digas. 

Vale… Ahora tengo una entrevista… Bueno, tengo como veinte, pero la primera es en quince minutos. Así que voy a colgar. Hablamos por la tarde, ¿de acuerdo, papá?

Robert asintió satisfecho. Las aguas habían vuelto a su cauce.

Tercer fuego: controlado. 

¡Dios! Se sentía como si le hubieran quitado un enorme peso de encima y ahora al fin pudiera estirarse a placer y volver a ser él; un padre que se enorgullecía de tener una buena relación con sus hijos adultos, a pesar de las diferencias propias de pertenecer a generaciones muy diferentes en el pensar y en el hacer.

—De acuerdo, Ken. ¡Suerte con las entrevistas! —se despidió.

Robert volvió a dejar el móvil sobre la mesa y buscó la mirada de Doreen. Lo que halló en sus ojos lo hizo sentir grandioso. 

Gigantesco.

Sin embargo, no llegó a expresarlo. No hubo tiempo. 

Las intensas emociones femeninas se convirtieron en acción al mejor estilo Doreen Montgomery cuando ella le echó los brazos alrededor del cuello y comenzó a besarlo apasionadamente.


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CRS-08. Mystic Oaks, 2 (MO 2). Episodio 35


35


Los perros, que entraron en tropel en la casa, adelantándose a Chris, evitaron que alguien pillara a Robert y a Doreen en medio de un beso de lo más romántico. Sus ladridos alegres y su corretear de aquí para allí les ofrecieron tiempo suficiente para recomponerse. Algo que ambos agradecieron encarecidamente, pues Logan apareció en la cocina instantes después de que Sultán corriera a saludar a los dueños de casa como si llevara siglos sin verlos.

Robert adelantó su mano para evitar que el cachorro le dejara parte de su denso pelaje en los pantalones. Doreen enseguida intervino en su ayuda, atrayendo la atención del animal, al que le dedicó unas cuantas carantoñas.

—A Robert tienes que quererlo sin tocarlo, Sultán —le aconsejó al tiempo que le hacía un guiño al susodicho—. ¡Tus pelos lo ponen muuuuy nervioso!

—Sus pelos, sus babas, que esté dentro de casa —apuntó Logan, repitiendo con una sonrisa las quejas atemporales de Robert que había escuchado una y otra vez a lo largo de los años.

No acabó de decirlo, que los mayores productores de baba de la casa hicieron su aparición triunfal y, como si la cosa no fuera con ellos, se dirigieron raudos a presentar sus fervientes saludos al cabeza de familia. Noah llegó el primero y ocupó con su corpachón buena parte del espacio disponible. River tuvo que conformarse con sentarse a su lado, a esperar su turno.

Robert apretó los párpados en un gesto de dolor cuando el cachorro apoyó el morro sobre uno de sus muslos y se quedó allí, mirándolo mientras movía su rabo alegremente.

—Nooo —protestó—. ¿Por qué me haces esto? 

Chris, que acababa de llegar junto a la puerta, no dudó en intervenir. 

—¡Madre mía! ¡Quietos, pequeñines, que lo estáis llenando de pelos! —Avanzó ayudada de su bastón hasta donde estaban los dos Terranova, los apartó y, a continuación, le entregó a Robert una bayeta húmeda. Él se lo agradeció con una sonrisa de desesperación que la hizo reír—. ¡Lo siento, Robert! Yo creo que el parecido de Ken con usted va mucho más allá de lo físico. Por eso Noah y River siempre son tan efusivos. 

—O eso, o lo heredaron de su madre —apuntó Logan—. ¡Rain también lo adora!

—¡Qué suerte la mía! —repuso Robert, tendiéndole a Chris el paño húmedo después de lograr que sus pantalones recuperaran el aspecto normal. A continuación, se puso de pie y le dirigió una sonrisa afectuosa al jefe de capataces—: ¿Listo para volver a Springfield? 

Logan asintió varias veces con la cabeza. Vestía botas tejanas, vaqueros y una sudadera negra de mangas largas y cuello redondo que, a pesar de ser bastante holgada, destacaba su torso fuerte y musculoso. Un bolso en forma de alforja de cuero natural colgaba de su hombro derecho y sostenía en el brazo una parka marrón, hecha de piel de cordero, con el interior de lana. 

—Ya me ha dicho Jim que me están esperando con los brazos abiertos, así que tendré que darme prisa. Si pierdo el avión, les puede dar algo —bromeó.

Humanos y perros se pusieron en marcha hacia la puerta de vitrales para despedir al jefe de capataces. Robert caminaba junto a la silla de ruedas de Doreen que ella dirigía desde el pequeño panel de mandos situado sobre el apoyabrazos derecho. Chris iba un poco más atrás, conversando con Logan. En realidad, disculpando la ausencia de Lilly, que había desaparecido hacía un buen rato.

—Me despido también en nombre de mi hermana. Ha salido a dar una vuelta, adora la naturaleza, pero este lugar ejerce una extraña magia sobre ella, ¿sabes? Le hace perder la noción del tiempo… Le he avisado de que ya te vas, pero igual, hasta que llegue de dondequiera que esté, se hace de noche.

Mystic Oaks no solo ejercía su magia sobre Lilly. Era un paraíso que atraía a urbanitas y amantes de la naturaleza por igual gracias a su excepcional belleza. 

—Ah, no pasa nada… Volveremos a vernos pronto. Dale mis saludos, por favor.

—Lo haré, gracias… Me habían hablado mucho de ti… Eres como te imaginaba, Logan, y me ha gustado mucho poder conocerte al fin —dijo Chris, dedicándole una mirada cálida.

«En eso estamos en desventaja», pensó el jefe de capataces. Nadie le había hablado de ella y, como la había conocido antes de saber quién era, ahora le resultaba imposible ser objetivo. En todo caso, no podía aludir al asunto. Lo cierto era que si dos días atrás alguien se la hubiera señalado por la calle, diciéndole: «Mira, esa es la novia de Ken Bryan» lo habría descartado por increíble. Ahora, sin embargo, le parecía de lo más creíble. Había algo en ella que no dejaba indiferente. No sabía exactamente qué era. 

—Gracias. Eres muy amable, Chris… También me ha gustado conocerte. Se nota que Robert y Doreen sienten un gran aprecio por ti y por Lilly.

Chris asintió agradecida.

—Es mutuo.

Al llegar a la puerta, Logan le cedió el paso a Chris hacia el exterior, donde Robert y Doreen ya les estaban esperando. Los perros se habían anticipado a todos y estaban correteando por la explanada de acceso a la casa.

Ayudada por Robert, Doreen se levantó despacio de su silla de ruedas para darle un beso a Logan. Él enseguida la sostuvo por los antebrazos.

—Uy, no, Doreen… No hacía falta, yo podía agacharme…

Ella hizo un gesto de dolor que Logan no vio y que le recordó que aún no estaba en condiciones de ser tan intrépida.

—Me encanta que hayas decidido seguir a nuestro lado, Logan. ¡Cuento los días que quedan para que tú y los chicos os instaléis aquí! —le dio un pellizco cariñoso en la mejilla al decir—: No te lo vas a creer, pero echo de menos el barro de tus botas en el hall de entrada.

Robert, Doreen y Logan rieron ante la expresión divertida de Chris.

—Siempre me acuerdo cuando ya estoy dentro…

—No te acuerdas —aclaró Robert—. Te detiene una voz que grita: «¡¡¡Logan, las boootas!!!

—Es verdad —reconoció—. Bueno… Consuela pensar que aquí las distancias son tan grandes que iré dejando el barro por el camino y cuando llegue al hall, mis suelas estarán relucientes.

Tras un momento de risas compartidas, Doreen volvió a sentarse en su silla y fue el turno de Robert de despedirse.

—Mañana, en cuanto acabe con las entrevistas, te llamo. Crucemos los dedos para que haya suerte. Nos vendrían muy bien esas cuatro manos, ¿verdad? —Logan asintió enfáticamente. Robert esbozó una sonrisa optimista—. La tendremos, ya verás. ¡Mystic Oaks ya está en marcha! ¡Seremos imparables! 

Logan volvió a mover la cabeza afirmativamente, esta vez con actitud confiada. Quizás también tuviera que ver con lo que Chris había llamado la magia del lugar, pero, a pesar de los obstáculos que se habían presentado, la sensación de que estos no detendrían el avance del proyecto era muy real.

—¡Estamos en marcha! —celebró, mostrando un puño en señal de victoria—. ¡Y como no me vaya ahora mismo, voy a perder el vuelo! 

El jefe de capataces se despidió de Robert con un abrazo y de Chris con un apretón de manos, y se alejó aprisa hacia su coche que estaba aparcado en la explanada.


* * * * *

Apoyada contra el tronco de un roble centenario, Lilly volvió a tirar de la banda de Jim que tenía en torno a su muñeca y la soltó con rabia. Si al menos pudiera ponerse de acuerdo consigo misma, todo sería más fácil. 

Pero no. Cambiaba de parecer cada dos minutos y medio.

¡Y me estoy volviendo locaaaaaaaaa!

A pesar de ello, siguió haciéndolo hasta un buen rato después. Exactamente, hasta que el sonido de un vehículo que se acercaba llegó hasta ella y la irritante voz en su cabeza le recordó que ya era tarde para volver a cambiar de idea.

—¡Qué sabrás tú, metomentodo! No es tarde, ¿te enteras? —dijo, atravesando el último tramo del prado cubierto de margaritas y amapolas que la separaba del camino principal—. ¡En estos veinte metros me da tiempo a cambiar de idea otras doscientas veces más!

En aquel momento, el Dodge Neon gris redujo la velocidad y se detuvo en mitad del camino.

Ya me ha visto. Así que no puedo echarme atrás… Pero siempre puedo improvisar, ¿no?

Lilly ignoró la voz de su cerebro que se estaba partiendo de risa y avanzó hasta el coche con actitud desenfadada.

—¡Hola, Logan! —lo saludó, asomándose a la ventanilla del copiloto que él acababa de bajar—. ¡Por poco no llego a despedirme!

Él le quitó importancia con un gesto.

—Tranquila, tu hermana me contó que cuando sales a dar una vuelta por aquí pierdes la noción del tiempo. No me extraña, la verdad —dijo, echando un vistazo alrededor a través del parabrisas al tiempo que sonreía con incredulidad. El día anterior había estado nublado y lluvioso. Hoy, en cambio, brillaba el sol y el paisaje resultaba sencillamente espectacular—. Es un sitio ideal para olvidarse del mundo y no volver a recordarlo en un mes, como mínimo… —Respiró hondo y volvió a mirar a Lilly con un gesto cómico—. Pero voy a tener que recordarlo ya mismo y largarme de una vez, o perderé el vuelo. ¡Nos vemos a finales de noviembre, Lilly!

Logan desvió su mirada de la muchacha y puso la primera marcha.

«Es ahora o nunca, Campanilla. ¿Vas a rajarte? ¡Que no se diga!», insistió la voz.

¡Ay, mierda! ¡Hazlo de una vez, Lilly!

—Espera, Logan… 

Él volvió a pisar el embrague y la miró expectante.

La muchacha introdujo la mano dentro de su plumífero azul marino.

—Me preguntaba si… —«¡Ánimo, guapa. No es tan difícil!», se dijo—. Me preguntaba si podías llevarle esto a Jim. —Y sin concederse un solo segundo para pensarlo, Lilly estiró la mano en la que sostenía un sobre y se lo tendió a través de la ventanilla.

Logan lo cogió procurando mantener una expresión neutral, pero la situación en sí no le estaba poniendo las cosas fáciles. Para empezar, sabiendo lo que sabía, le resultaba imposible no pensar en el contenido de la carta, que era, evidentemente, lo que había en el sobre. ¿Sería una carta de amor? ¡Dios, la curiosidad lo estaba matando! Para seguir, estaba el sobre en cuestión. Era rosa, de esos que se vendían en las papelerías junto con varias hojas de papel a juego, personalizadas con el nombre de pila. Estaban muy de moda entre las adolescentes. Las había también sin personalizar y no acertaba a decidir de qué clase sería el que iba en el primoroso sobre en cuyo anverso se leía la palabra «Jim» y en el reverso había algo que parecía una flor en cuyo cáliz había dos ojitos y una sonrisa. Tanto el texto como el dibujo parecían haber sido hechos por un niño que estaba aprendiendo a escribir.

La expresión del jefe de capataces se tornó lo bastante explícita para que Lilly volviera a hablar.

—Soy diestra —explicó con cara de dolor, mostrando el cabestrillo.

Logan no pudo más que echarse a reír. 

—Vale. Entonces, todo aclarado —concedió él—. No veré a Jim hasta mañana, pero se lo daré en cuanto llegue al rancho. ¿Algo más?

Lilly lo miró con desconfianza.

—Algo más, ¿como qué? 

—No sé… Algún mensaje en clave, por si lo de dentro del sobre es más ilegible que lo de fuera… —repuso entre risas.

—¡Qué malo! —se quejó ella, riendo. En cierto modo, agradecía el momento distendido—. ¡Que sepas que te lo tendré en cuenta, Logan Philips! ¡Ya lo creo que sí!

Él tocó el claxon dos veces a modo de despedida y el coche se alejó camino abajo ante la mirada de Lilly.

Suspiró.

«Vale. Ya está hecho», se dijo envuelta en un suspiro de alivio. Pero enseguida arrugó la cara.

¿Por qué estás tan aliviada? Logan no le dará el sobre hasta mañana y vete a saber lo que hará Jim después de recibirlo. ¡¡Sigues en un maldito sinvivir, Lilly!!


* * * * *


En cuanto el coche de Logan desapareció de la vista, Chris también se despidió de Doreen y Robert por un rato.

—Dave viene de camino. Voy a bajar a la ciudad a por unas cosas que necesito. ¿Les traigo algo? —ofreció. Se refería al miembro del equipo de seguridad de Ken que, a pesar de las quejas de Chris, continuaba a su servicio, en especial cuando él estaba de viaje. 

Robert y Doreen se consultaron con la mirada. Fue ella quien respondió.

—No, gracias, Chris. ¿Te esperamos a comer?

Ella hizo un gesto dudoso.

—No sé cuánto tardaré. Mejor, no me esperen. Me llevaré a Lilly conmigo… Bueno, si la encuentro —aclaró, risueña—. Por las dudas, dejaré una nota en la cocina para que sepa dónde estoy. ¡Nos vemos por la tarde! ¡Vamos a casa, peluditos! —ordenó a los perros, que enseguida se arremolinaron en torno a ella.

Después de bajar con cuidado los tres peldaños, ayudada por su bastón, se dirigió a la moderna silla de ruedas que la esperaba junto a la escalera. Tras despedirse con la mano una última vez, puso rumbo a la casa de los guardeses, seguida por los tres cachorros.

En la cima de la escalera, la pareja intercambió miradas cómplices. Él le cedió el paso con galantería. Ella se puso en marcha hacia el interior de la casa con una sonrisa cómica en los labios.

—No lo digas —le advirtió, riéndose.

—¿Cómo no voy a decirlo? ¡Sueño con esto desde que los chicos se fueron! —repuso él, siguiéndola al interior de la casa.

—¡Que no lo digas! —exigió, alejándose de él a toda marcha—. ¡Es un cliché como una catedral!

Robert cerró la puerta tras de sí y apuró el paso detrás de Doreen.

—¡Venga, mujer! ¡Déjame decirlo! 

Cuando llegó a su lado, la instó a detener la silla de ruedas y se puso delante, cerrándole la huída.

—Por favor —suplicó—. Una sola vez, te lo prometo.

Doreen sacudió la cabeza sin dejar de reír. Este Robert travieso y dicharachero era tan nuevo que aún la sorprendía. Lo más cercano a él que recordaba databa de muchos años atrás, cuando los chicos eran niños y Robert se ponía a jugar con ellos. El de ahora, sin embargo, era travieso en el sentido romántico de la palabra y, de más está decir que le encantaba. 

—¡Eres imposible, Rob!

Él sonrió complacido. Cada vez que ella sacaba a relucir aquella frase, quería decir que lo que fuera que él hubiera dicho o hecho, le había llegado al corazón.

—¿Me dejas? —insistió, ilusionado.

Doreen puso los ojos en blanco, un gesto con el que pretendió ocultar cuánto adoraba su talante juguetón.

—Vaaale… ¡Dilo de una vez!

Robert se puso en situación, abrió los brazos en cruz y, tras elevar brevemente su vista al cielo en señal de agradecimiento, exclamó:

—¡Cariño mío… Al fin solos!

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CRS-08. Mystic Oaks, 2 (MO 2). Episodio 36


36


Cuando los dos móviles sonaron al mismo tiempo en la cocina, Robert sonrió, imaginándose a qué se debía la coincidencia. Miró su pantalla.

—Tim —anunció, alzando la vista hasta Doreen.

Ella, que ya había cogido su móvil de encima de la mesa, concedió con un ligero movimiento de la cabeza y respondió con una sonrisa:

—Jim.

Era la hora de las llamadas. Cuando los hermanos estaban lejos de su nuevo hogar, usaban el tiempo de la sobremesa para hablar con la familia. En Nashville, Robert y Doreen acababan de terminar de comer. En Springfield, probablemente, Tim y Jim estarían disfrutando de un café rápido antes de regresar al trabajo.

Durante los siguientes minutos, la pareja se dedicó a poner al día de las novedades del rancho a los hermanos, ofreciéndoles un resumen, ya que se hablaría a fondo del tema en la conferencia del día siguiente. Y, a pesar de que se trataba solo de una síntesis, la algarabía de Tim y Jim los hizo reír. Ellos también estaban juntos en Springfield al hacer sus llamadas y, aunque Robert no estaba hablando con Jim, pudo oír perfectamente sus vítores alegres.

Como si Doreen y Robert se hubieran puesto de acuerdo previamente, ninguno mencionó sus propias (¡grandes!) novedades sentimentales. En cambio, ambos procuraron averiguar qué se cocía en la vida amorosa de los chicos. Tenían claro que algo se estaba cociendo.

Por cierto, ¿qué querías proponerme ayer cuando te llamé? —dijo Jim, decidido a averiguar algo sobre Lilly.

Doreen sonrió para sí.  

—¿Cuando te tocaron el hombro para decirte que alguien preguntaba por ti? 

«Vale, no ha colado», pensó Jim. Sin embargo, no se dio por aludido.

—repuso con naturalidad y efectuó un salto olímpico al tema que le interesaba—. ¿Qué tenías entre manos?

Ah, vaya, ¿no vas a soltar prenda? Pues yo tampoco.

—Le estaba pidiendo ayuda a Lilly para idear un plan.

Jim sacudió la cabeza divertido ante la respuesta deliberadamente parca de su tía. 

Un plan, ¿para qué? 

Doreen decidió cambiar de estrategia.

—Necesitamos estrechar lazos con algunos de nuestros vecinos rancheros lo antes posible porque necesitamos manos para trabajar y, como sabes, las contrataciones van muy lentas. Pensé que, ya que Lilly siempre está organizando cosas, sería la persona adecuada para darme ideas… Entonces, llamaste tú y recordé que es contigo con quien organiza todas esas cosas… Peeero… —dijo imitando la archiconocida expresión risueña de Lilly.

Pero, ¿qué?

—Corrígeme, si me equivoco, pero tuve la impresión de que ni a ti te interesa hablar con ella, ni a ella contigo. Te preguntaría si ha sucedido algo, pero sería una pregunta muy tonta… Impropia de una mujer intuitiva y muy inteligente como yo —añadió con segundas.

Ya veo —fue la más que parca respuesta de Jim.

«¿Tampoco así vas a hablar? Vale. Entonces, a por todas», pensó Doreen. Asintió con la cabeza, reafirmando aquel pensamiento, antes de decir:

—Además, sé por ella que hizo algo que no te gustó y provocó, cito textualmente, «un pequeño cortocircuito».

¡¿Pequeño?!

La risa socarrona que oyó a continuación le informó a Doreen que su sobrino estaba a punto de vomitar su enfado sin cortapisas.

Y así fue. 

Durante los siguientes minutos, Jim se convirtió en un verdadero surtidor de información que ella escuchó con sumo interés.

Y, por favor, ahora no me digas tú también que la confianza hay que ganársela y que sea creativo. Ella lleva más de dos meses aquí, viviendo con nosotros. Viendo cómo somos, la clase de familia que tenemos… Y viéndome a mí proceder. ¿Y todo lo que ha visto es que, a veces, salgo de los bares con números de móvil escritos a boli en las manos? ¡Venga ya! Si, a estas alturas, tengo que plantearme empezar por demostrarle que soy un buen tipo para poder quedar con ella, desde ya te digo que paso. Olímpicamente. Todo bicho viviente se merece el beneficio de la duda. ¿Y yo no? ¿Por qué? ¿Porque tengo fama de ligón y eso me convierte a sus ojos en alguien poco fiable? Pues que se quite las telarañas de los ojos porque soy muy fiable. Soy leal, honrado, trabajador y muchas otras cosas más. Soy hijo de Robert Bryan. A mí me educaron un purasangre y una mujer excepcional. ¡¿Con quién narices cree que está tratando?!

Doreen hizo un gesto apenado cuando la verborrea iracunda de Jim cesó. Permaneció en silencio unos instantes a ver si solo se había tratado de una pausa. Cuando estuvo segura, tomó la palabra.

—Tienes razón, Jim.

¿Y…? —dijo él, instándola a continuar. Su familia lo tenía por inmaduro a pesar de sus 26 años. Estaba acostumbrado a que siempre hubiera «peros» cuando le daban la razón en algo. 

Esta vez, sin embargo, no los hubo.

—Y nada. Lilly tiene que mirar mejor. Cuando lo haga, se dará cuenta de su error y lo corregirá. Eres un hombre increíble y no solo porque seas hijo de Robert. Tú también eres un purasangre, Jim. Sin intención de sonar condescendiente, quiero que sepas que estoy muy orgullosa de ti.

Se hizo un instante de silencio mientras Jim intentaba recuperarse de la sorpresa de que, por una vez, nadie le dijera que estaba saliéndose del tiesto. 

Guaaaaauuuu… Gracias, Doreen. Necesitaba oírlo. Es que…

—Es que… —lo interrumpió con dulzura—. Enamorarse, especialmente al principio, es confuso y maravilloso a la vez. De pronto, el sol brilla en tu vida y todo es claro, tan nítido y perfecto… Un instante después, el cielo se cubre de nubes y las dudas te comen viva… Ahora estás en la fase oscura, pero pasará.

¿Enamorarse? ¡Uhhh! ¡Para el carro! —se rio con un punto de desdén y, al darse cuenta de que Tim lo estaba mirando, bajó la voz—: ¿Quién ha dicho que esté colado por ella? 

Una parte de sí mismo todavía seguía evitando las definiciones, a sabiendas de que eso no tenía ningún sentido después de haberle dicho a Lilly que ella «le importaba». Viniendo de él, era casi como una declaración de amor. Por eso le picaba tanto que ella lo evitara. Por eso le desilusionaba lo indecible que, no conforme con no presentarse al desayuno como le había asegurado que haría, siguiera sin ofrecerle siquiera una disculpa.

Doreen sonrió enternecida por la situación. Adoraba a Jim, lo había tenido en sus brazos desde pocas horas después de su nacimiento y el destino había querido que lo criara como si fuera su propio hijo. Verlo enamorarse estaba resultando una experiencia entrañable.

—No hace falta que lo digas, cariño. Tienes un enfado monumental que, por lo que sé, viene de días, no de horas. ¿Te acuerdas de la última vez que te enfadaste tanto? Porque yo no, Jim.

Él tampoco lo recordaba. Tenía sus días malos y, a veces, también se enfadaba, como todo el mundo, pero se le pasaba enseguida. Su carácter y su forma de ver la vida hacían imposible que se tomara las cosas demasiado a pecho. 

Excepto esta vez, por lo visto.

Pues… Si eso es un indicador fiable, diría que estoy jodido —reconoció, envuelto en un suspiro de resignación.

—¡Ya lo creo que lo estás! —repuso ella, riéndose de buena gana. 

Doreen sabía que para Jim eso no era una buena noticia en aquel momento. 

Pero, en esencia, lo era. 

Porque su intuición le decía que Lilly también estaba enamorada de él.


* * * * *


Mientras Jim se desahogaba con Doreen, Tim intentaba sondear la vida sentimental de su padre. Por el momento, sin éxito. 

Robert era un especialista en desviar los asuntos de los que no deseaba hablar. La razón, esta vez, era que estaba tan eufórico por cómo se había transformado su vida los últimos días, que si empezaba a hablar del tema, monopolizaría la conversación. Además, no deseaba hablar de ello en solitario; quería que la persona responsable de su estado de euforia participara de la conversación. Doreen se merecía saber de primera mano que su amor por él le estaba cambiando la vida.

A ver, papá, algo os traéis entre manos —aseguró Tim—. Logan me dijo que la tía estuvo en vuestra reunión con voz y voto y, por lo visto, Doreen estuvo hablando con Claire Anderson ayer. ¿Adivinas para qué?

Una sonrisa pícara apareció en el rostro de Robert.

—¿Por qué quieres que lo adivine? ¿No vas a decírmelo tú? 

Papá… ¡Venga ya! —se rio Tim—. Lo sabes. Doreen está buscando a alguien para dirigir los asuntos de la casa. Y que yo sepa, de eso se ha encargado personalmente las últimas tres décadas. ¿Quiere jubilarse de nosotros o qué? —bromeó.

Robert ignoraba que Doreen se había puesto en contacto con Claire Anderson por ese motivo. No habían tenido tiempo de hablar de todos los temas que estaban gestionando entre los dos. Sin embargo, no le extrañaba que hubiera echado mano de los pocos contactos que había hecho desde que se había instalado en la ciudad. Era lo que hacía siempre: acudir primero a conocidos y allegados. 

—¿Alguna objeción?

Tim se quedó cortado. Su alusión a que Doreen quisiera jubilarse había sido una broma. ¿Acaso había dado en la diana sin proponérselo? Por lo visto, sí.

Por supuesto que no. Eso ni se pregunta.

Robert asintió satisfecho. No había esperado menos de Tim, pero le agradaba confirmar que no había resistencia a los cambios por su parte, puesto que los habría y serían notorios.

—Muy bien. ¿Y puedo preguntar cómo sabes que Doreen y la señora Anderson han hablado sobre el tema?

En Springfield, Tim sacudió la cabeza divertido por la situación. El ratón acababa de cazar al gato.

Lo sé porque me lo dijo su hija.

—Y… ¿Hablas mucho con su hija? Los rumores dicen que así es.

Robert no pudo evitar reírse, pero al menos consiguió hacerlo en un tono lo bastante bajo para que Tim no se diera cuenta. Le producía una enorme ternura poder hablar con él de esa manera tan distinta de sus conversaciones habituales. Esta vez el tema era una chica y conocer a Tim en una nueva faceta le llegaba al corazón.

Los rumores harían bien en ocuparse de sus propios asuntos —repuso echando una mirada crítica a su hermano que, a pocos metros, estaba inmerso en su conversación con Doreen—. Pero sí, hablamos bastante. Definitivamente más de lo que esperaba.

Robert hizo un gesto de aprobación con la boca.

—Y viniendo de ti es… 

¿Mucho decir? —sugirió Tim, risueño.

—Iba a proponer «novedoso», pero, desde luego, «mucho decir» también lo describe bien… —Tras una pausa en la que los dos rieron, Robert fue al grano—: Sue te gusta.

Era más que gustarle. Su forma de ser y de pensar lo tenía completamente cautivado.

.

Breve y conciso, pensó Robert con una sonrisa tierna en los labios. Ese «sí» había sido toda una declaración en boca de Tim.

—¿Sois novios? O, bueno, dicho en tu idioma: ¿Estás saliendo con ella? —se atrevió a preguntar y oyó que su hijo se reía con socarronería.

Para ser tan poco dado a soltar prenda sobre tus asuntos personales, haces preguntas bastante directas sobre los asuntos personales de los demás, ¿no te parece?

—Sobre los asuntos personales de los demás, no —repuso con picardía—. Sobre los de mis hijos, por supuesto. ¿Vas a responderla o tendré que averiguarlo por otra vía?

Como dice Doreen: ¡Eres imposible, Robert! 

Ambos rieron ante aquella frase que los dos habían oído una y otra vez a lo largo de los años. Desde hacía un tiempo, sin embargo, Doreen había sustituido el nombre de pila por su diminutivo. Un cambio muy significativo donde los hubiera. Especialmente, para Robert.

—Lo soy —aseguró—. ¿Quieres que repita la pregunta? Lo digo porque igual con tanta risa se te ha olvidado…

Tim dejó escapar un suspiro derrotado.

No, aún no estamos saliendo, ¿conforme?

—Has dicho «aún» —subrayó Robert con picardía—. Qué interesante.

«Uy, qué mal me ha sonado eso», pensó Tim. Decidió curarse en salud.

Ya está, papá. No más preguntas personales por hoy, ¿estamos?

—De acuerdo, Tim. Lo dejo por hoy —concedió Robert con una sonrisa tierna en los labios y añadió—: ¡Pero que sepas que mañana vuelvo a la carga, ¿eh?!


* * * * *

Después de atender sus respectivas llamadas, la pareja había desocupado la mesa, puesto el lavavajillas a funcionar y, a sugerencia de Robert, habían salido al exterior de la casa, a aprovechar los rayos del sol de primera hora de la tarde.

El lugar elegido no era una casualidad. Estaba rodeado de madreselvas, rosas de otoño y ásteres, por lo que el aire que se respiraba estaba cargado del aroma de las flores. Robert pensaba construir un porche en aquel lugar; lo tenía diseñado palmo a palmo, no solo en su cabeza, sino sobre el papel, en su cuaderno. Y quería que ambos disfrutaran del espacio desde ya. De modo que había llevado hasta allí una de las cómodas sillas de la cocina y ahora, sentado junto a Doreen, conversaban y, como siempre, reían.

—¡Se respira amor en esta casa! —celebró Doreen. Después de tantos años, al fin había «una chica» en la vida de los hermanos Bryan. Hasta parecía que se habían puesto de acuerdo en el momento.  

Robert asintió enfáticamente con la cabeza.

—Si te digo la verdad, no sé quién de los tres me sorprende más. 

—¿Cómo que no lo sabes, Rob? ¡Tim, por supuesto! Y pensar que creí que Sue estaba en el asador por Jim —dijo, sacudiendo la cabeza con incredulidad.

—Yo te dije que no, ¿recuerdas? Ese no es el estilo de Jim. Y ahora que sabemos lo que está sucediendo entre él y cierta jovencita veinteañera, que casualmente también estaba sentada a la mesa del asador, está más claro que nunca que la presencia de Sue allí fue una sorpresa hasta para él. 

—¿Sabes lo que más me sorprende? La manera en que pasó. A las dos de la tarde, Tim y Sue no se conocían y cuatro horas después no dejaban de sonreír cuando cruzaban miradas. ¡Jim se pasó semanas intentando quedar con ella! Y va Tim, y la conquista en una tarde. Qué cosas curiosas tiene el destino… ¡No me digas que no es genial!

—Algo que le escoció mucho en su vanidad a mi hijo más joven —apuntó Robert, riendo. De ahí su discusión con Tim al regresar a casa aquel domingo.

—Fíjate que ahora pienso que esa discusión nos vino muy bien a todos. Tim dijo verdades que, a los demás, que seguíamos anclados en la historia de la pelirroja que no atendía las llamadas de Jim, nos habían pasado bastante desapercibidas… Y, desde luego, a él le aclararon las ideas. Creo que hasta ese momento, Jim no se había parado a pensar en lo que sucedía entre Lilly y él. Seriamente, quiero decir.

—Y hablando de Jim… —dijo, mirándola con ternura—. Me ha sorprendido bastante que le dieras la razón sin más. Es decir, sin consejos, sin matizaciones…

—¿Y por qué te sorprende? Si la tiene, se la doy. Y, desde luego, la tiene.

Robert concedió con un asentimiento de la cabeza.

—Bueno… Lilly es muy joven y no negaremos que hay cosas importantes en juego para ella. Yo creo que es normal que le preocupe, que tenga temor a equivocarse por las consecuencias que eso pueda traer para todos. —Esbozó una sonrisa pícara al decir—: Y además, es una chica. Sueles defender con mucha pasión la postura femenina, si hay debate. ¿Por qué esta vez no?

—Es muy joven, sí. Y mantener una relación sentimental con alguien que muy probablemente acabe convirtiéndose oficialmente en su cuñado es algo que debe meditar con mucha calma… Pero una cosa es una cosa y otra es otra.

—¿A qué te refieres?

—A que una cosa es que el asunto le preocupe y otra muy distinta es que use la preocupación como excusa para justificar su falta de confianza en Jim. Una falta de confianza que está basada en habladurías y en su propia inmadurez, y no en hechos.

Robert permaneció mirándola en silencio unos instantes, intentando comprender a qué se refería. Le había llamado la atención que Doreen afirmara de manera tan categórica que Lilly no confiaba en Jim. Incluso si esas habladurías se referían a su fama de mujeriego, la supuesta desconfianza de Lilly no tenía sentido fuera del contexto de una relación sentimental. Y por el momento no mantenían ninguna. Jim era un hombre joven y estaba soltero. Su vida no era diferente de la de tantos otros hombres de su edad y sus circunstancias. Personalmente, no aprobaba ese estilo de vida. Sin embargo, partiendo de la base de que Jim no mantenía una relación estable con una mujer, no había nada censurable en lo que hacía.

—No te sigo, Doren…

—Lilly ha elegido deliberadamente tener en cuenta las habladurías y dejar a un lado lo que Jim es. Y digo que es deliberado porque sabe cómo es él. Ha tenido ocasiones de sobra para aprenderlo en el tiempo que lleva viviendo entre nosotros. Sin embargo, se está escudando en su fama de ligón y de tipo celoso para justificar ante sí misma por qué no es una buena idea liarse con él.  

»Y mira, si me dices que Lilly decide que es muy joven todavía y no está por la labor de involucrarse en una relación, te responderé: «Perfecto. Está en su derecho de decidir lo que más le conviene». Pero si, basándose en habladurías, lo que está poniendo en entredicho como excusa para evitar esa relación es la honestidad, lo buena gente que es Jim y su capacidad de serle fiel… —Negó con la cabeza taxativamente—. Entonces, no. Es muy inmaduro por su parte. 

—Eso es normal teniendo veinte años, Doreen —matizó Robert.

—Es cierto. Todavía puede permitírselo. Pero no voy a aconsejarle a Jim que tenga en cuenta su juventud a la hora de molestarse por algo que ella ha hecho porque ni tú, ni Ken, ni Tim, ni, por supuesto, yo, lo hemos tenido en cuenta jamás cuando era él quien sacaba los pies del tiesto. 

Robert asintió satisfecho con la respuesta. Y muy satisfecho con algo más: en algún momento, la explicación de Doreen se había teñido de esa misma pasión con la que ella defendía las posturas femeninas; solo que en este caso se trataba de Jim.

—Vaya, vaya, vaya… Toda una vida creyendo que el niño de tus ojos era Ken y resulta que no es él —dejó caer, mirándola con infinita ternura.

A Doreen la unía un lazo muy especial con Ken. Había heredado de su madre su enorme sensibilidad, no solo los ojos de los Montgomery, y eso constituía para ella un recordatorio permanente de su hermana Martha. Sin embargo, su conexión con Jim era una conexión de vida, pues se había hecho cargo de él cuando era un bebé recién nacido. Jim era lo más parecido a un hijo propio que tendría jamás y, aunque él la llamara «tía», Doreen sabía, en el fondo de su corazón, que para él era su madre. Sin embargo, la pérdida había sido monumental para Tim y para Ken. No podía permitir que ellos, en su intuición de niños, descubrieran esa conexión y se sintieran relegados a un segundo plano. Ni entonces…

Ni nunca.

Los impactantes ojos celestes, casi transparentes, de Doreen se posaron sobre Robert cargados de la misma vehemencia que tiñeron sus palabras. 

—Adoro a mis sobrinos. Los he visto crecer y convertirse en los hombres increíbles que son hoy. Y, si alguien —da igual si es hombre o mujer— pretende poner en tela de juicio lo que son, cómo son, más le vale asegurarse de que sus razones son buenísimas. 

«En otras palabras: sí, Jim es el niño de tus ojos», pensó Robert enternecido y emocionado por aquella mujer que nunca dejaba de asombrarlo. Extendió una mano y acarició la mejilla femenina amorosamente.

—Y las de Lilly no lo son —musitó.

Doreen apretó su mejilla contra la intensa calidez de aquella mano protectora, y sonrió.

—No, no lo son y ella lo sabe. Creo que lo que la asusta tanto es ser consciente de cuánto la encandila Jim… Solo necesita darse cuenta de que ella lo encandila mucho más a él… Cuando lo haga —y será pronto—, el miedo se esfumará. 

Robert aspiró profundamente el aire perfumado de la tarde y esbozó una sonrisa de pura satisfacción. 

—Ven aquí —murmuró, tendiéndole una mano a Doreen para ayudarla a levantarse y sentarse en su regazo.

Ella obedeció con actitud divertida.

—¿Toca ponernos románticos?

Robert la acomodó bien sobre sus piernas, cogió la manta favorita de Doreen del respaldo de la silla de ruedas y la colocó de manera que los abrigara a los dos, sujetando los extremos con su propio cuerpo contra el respaldo de la silla.

—Toca darnos calor. Está refrescando muy rápido. ¿Se te ocurre algo mejor que estar cerquita el uno del otro mientras charlamos? —preguntó al tiempo que rodeaba su cintura con ambos brazos por debajo de la manta y la miraba con expresión traviesa.

«¡Pues claro que se me ocurre algo mucho mejor!», pensó Doreen con malicia. En cambio, lo miró risueña y respondió: 

—¿Es una pregunta trampa? 

Robert se rio al tiempo que la estrechaba y hundía su nariz en el cuello, junto a su oído. 

—¿Sabes? Creo que voy a tomar prestada tu frase estrella y te diré: ¡Eres imposible, Doreen!

Ella se dejó querer. Todo lo que tenía que ver con Robert era cada vez más adictivo. Cada vez más necesario.

—¿Sabes? —contraatacó, imitándolo—. Creo que ocultas tu cara en mi cuello para que no vea que he conseguido sonrojarte otra vez. Y ya van… ¡Uy, fíjate, he perdido la cuenta!

—A lo mejor solo es una excusa para poder saborear este rinconcito delicioso de ti…

—Qué va. Sabes que tengo otros rinconcitos mucho mejores…

Sus miradas se encontraron. Al principio, eran risueñas. Seguían conservando parte del talante juguetón que últimamente marcaba todas sus interacciones. Pronto, sin embargo, se fueron tornando más y más intensas.

—No existe una sola molécula de ti que yo no encuentre arrebatadora, Doreen. 

La emoción se presentó sin anunciarse en el rostro femenino. Sus ojos se llenaron de lágrimas, anticipando lo que estaba a punto de oír.

—Eres una mujer preciosa, todo el que tenga dos ojos en la cara puede apreciarlo. Pero, por dentro… Eres el ser humano más hermoso que he conocido nunca.  

Las manos de Robert asomaron del interior de la manta solo lo bastante para tomar el rostro femenino. 

—Hemos compartido veintiséis años maravillosos siendo solamente cuñados, pero ya no lo somos. Este es un nuevo comienzo para nosotros. —Doreen asintió mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas—. Y estoy deseando vivirlo a tu lado porque aquí, pegado a ti, es donde pertenezco. Tú eres mi hogar, Doreen… Te amo con todo mi corazón.

Si habérselo oído decir en el hospital, cuando todos creían que ella estaba dormida, había sido intenso; escucharlo de sus labios mientras la miraba con esos ojos que le acariciaban el alma, fue una experiencia inédita.

—Ay, Rob… Yo… Yo… t-también… —La profunda emoción que la embargaba no tardó en convertirse en sollozos y, estos, en muchas más lágrimas, llevándose las palabras durante unos instantes. 

Robert le dio espacio para que se recuperara mientras llovía besos amorosos sobre sus húmedas mejillas y su frente.

—¿Mejor? —le preguntó cuando ella dejó de sollozar. Doreen asintió levemente y sorbió por la nariz, haciéndolo sonreír.

Sintió que ella palpaba uno de los bolsillos de sus vaqueros y cuando asomó la mano por el borde de la manta, vio que llevaba un pañuelo con el que se secó las mejillas y después, se sonó la nariz con suavidad.

Al fin, Doreen respiró hondo y lo miró a los ojos. Él escondió su creciente ansiedad detrás de una sonrisa tierna que no consiguió engañarla. 

—Muchas miraditas, muchas sonrisas, pero si apoyara mi mano aquí durante un minuto… —Posó su mano sobre el jersey de Robert, justo encima de su corazón—, ¿cuántas pulsaciones contaría?

El golpeteo acelerado de los latidos hizo innecesaria una respuesta.

—Y todas son por mí… ¡Qué mujer con suerte! —exclamó, poniendo la misma cara de deleite que él solía poner cuando se hacía el gracioso—. ¿Sabes cuál es mi diagnóstico? Que tu corazón está tan loquito por mí como el mío por ti… ¿No es fabuloso? 

—Ya lo creo que sí —repuso él visiblemente emocionado.

En esta ocasión, fue Doreen quien tomó la cara de Robert entre las manos. Recorrió las facciones masculinas con ojos cargados de amor y de ilusión. Sus sueños de tres décadas se hacían realidad y, ahora, cada día junto a él tenía el excitante sabor de una nueva aventura. Una aventura maravillosa.

—Te amo con locura, Rob —musitó, mirándolo a los ojos—. Y estoy deseando descubrir cómo es vivir a fondo esta vida, sabiendo que ahora eres mío y yo soy tuya.

Ambos se estremecieron intensamente.

—«Tuya» —repitió él—. Qué palabra más fascinante… Voy a querer que la repitas.

—Las veces que quieras —concedió ella.

Entonces, un beso largo y muy apasionado selló aquel momento tan especial de la pareja. 

Uno más de los muchos momentos inolvidables que el destino tenía planeados para Robert y Doreen en este nuevo comienzo de sus vidas.

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FIN DE LA TEMPORADA 2


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CRS-08. ¡Fin de la 2º temporada!


¡Hola, Romántica!

¡Y así, casi sin darme cuenta, llegamos al final!

Ha sido una temporada de descubrimientos y de momentos muy intensos que me han sorprendido y me han emocionado  🩷

¡Mystic Oaks está tomando forma, al fin! Después de tantos años existiendo solo en mi mente, está pasando de ser el rincón especial con unos paisajes espectaculares del que hablaba Ken, en Superstar, a convertirse en una explotación agrícola ganadera y en el hogar de unos personajes entrañables.

Espero que tú también hayas disfrutado de esta temporada y que estés deseando averiguar que les deparará la próxima a nuestra querida familia Bryan. ¿O debería llamarla Bryan-Montgomery? 😜

¡Sigue en antena, que pronto regreso para contarte cosas sobre la siguiente historia que podrás leer!


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CRS-08. ¡Mystic Oaks, 2 ya tiene sinopsis!


¡Hola, Romántica!

Después de varios días dándole vueltas y haciéndole ajustes, ya tenemos la sinopsis de la segunda temporada de Mystic Oaks.

En este caso, lo que ha costado más fue encontrar un equilibrio entre ofrecer información relevante y veraz sobre lo que las lectoras encontraréis en la temporada, y no caer en los spoilers. Creo que lo he conseguido. A ver qué te parece a ti que, como miembro de Club Románticas Stories, ya has podido disfrutar de la historia:

*-*-*-*

En Mystic Oaks, los nuevos comienzos tienen muchas formas.

Los Bryan siguen construyendo su hogar en Tennessee. El rancho crece, nuevos rostros llegan para formar parte de su día a día y, poco a poco, aquel sueño empieza a convertirse en algo mucho más grande que un lugar al que llamar hogar.

Robert y Doreen saben que algo ha cambiado entre ellos. Después de toda una vida compartiendo amistad, complicidad y el amor por una misma familia, ha llegado el momento de descubrir adónde puede llevarlos ese nuevo sentimiento.

Mientras todos miran hacia el futuro, la vida también se encarga de recordarles que nunca es demasiado tarde para cambiar de opinión. Para atreverse. Para volver a ilusionarse.

Y las sorpresas no terminan ahí. Tim, el mediano de los hermanos Bryan, volverá a demostrar que siempre es capaz de tomar el camino menos esperado, mientras Jim, el menor, cae en la cuenta de que conquistar a la única mujer que le importa puede resultar bastante más complicado de lo que está acostumbrado.

Porque empezar de nuevo no siempre significa dejar atrás el pasado.

A veces significa descubrir qué nuevos caminos quedan por recorrer.

Mystic Oaks. Nuevos comienzos continúa en su segunda temporada con nuevas historias, emociones y oportunidades para volver a empezar.

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Mystic Oaks es una saga romántica familiar ambientada en un rancho de Tennessee. A través de varias historias entrelazadas, seguimos a los Bryan: una familia marcada por el amor, la pérdida y los nuevos comienzos.

Cada entrega ofrece una trama romántica central y un final abierto o esperanzador, que da paso a la siguiente historia.


*-*-*-*

¿Qué opinas? ¿Crees que representa adecuadamente la historia que se esconde entre sus páginas? Si no es así y tienes alguna sugerencia o comentario que hacer, ¡usa el hilo de comentarios a discreción! 

Dentro de unos días, ya tendrás la versión digital no descargable en tu biblioteca. Te avisaré cuando lo esté. 🩷 

Nota: La versión impresa tendrá que esperar un tiempo, puesto que antes de entrar en imprenta, deberá pasar por las manos de mis lectoras Beta.

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